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18/3/20

El Dragón de Gales (II)


En la emisión de monedas de colección, el dragón rojo, animal nacional del País de Gales, se encuentra en la tercera pieza lanzada por The Royal Mint, correspondiente a la serie “Bestias de la Reina”. La emisión consta de monedas de una y cinco onzas de oro de 9999 milésimas de pureza .

El diseño de anverso y reverso es obra de Jody Clark, uno de los principales grabadores y diseñadores de The Royal Mint. El último retrato de la reina Isabel II de Inglaterra preside el anverso, en el que aparece el nombre de la soberana, las siglas de la tradicional leyenda “Reina por la Gracia de Dios y Defensora de la Fe” y el valor facial de la moneda. Bajo el retrato aparecen las siglas de su autor, JC. En el reverso, la imagen del dragón galés portando un escudo, aparece rodeada por el nombre “Red Dragon of Wales” y el año de emisión.

Los dragones, quizá las criaturas míticas más conocidas, aparecen en leyendas de muy diversas culturas por todos los rincones del mundo. En Europa, la figura del dragón se considera una criatura terrorífica pero a la vez fuerte, inteligente y poderosa.
El dragón aparece en las crónicas galesas hacia el siglo VI, denominado a veces como el Dragón rojo de Cadwallader, que era el legendario rey de Gwynedd.
El dragón que aparece entre las “Bestias de la Reina” fue adoptado como emblema por Owen Tudor y luego recogido por su hijo, que reinaría con el nombre de Enrique VII. Sus tropas lucieron el estandarte con el Dragón Rojo en la Batalla de Bosworth, que sirvió a Enrique para hacerse con el trono de Inglaterra.
Por su parte, Enrique VIII utilizaba en sus barcos la imagen del dragón rojo sobre un fondo verde y blanco (los colores de la Casa de Tudor), un emblema que se utilizaría durante muchos años para representar a Gales, aunque no sería hasta el año 1.959 cuando la reina Isabel II lo convirtiera de forma oficial en la bandera de País de Gales.

El dragón que se muestra en las Bestias de la Reina es rojo con el vientre amarillo y sostiene en sus garras un escudo rojo y oro, dividido en cuartos e ilustrado con leopardos, el emblema de Llewelyn ap Griffith, el último príncipe nativo de Gales.

Para realizar el diseño que aparece en esta tercera pieza de la emisión, Jody Clark se inspiró en una serie de animales vivos, relacionados con la criatura mitológica, como los lagartos, cocodrilos y serpientes. Además del León de Inglaterra, el Unicornio de Escocia y el Dragón Rojo de Gales, ya representados en estas tres primeras emisiones de la colección, las siguientes “Bestias de la Reina” que aparecerán en las monedas de The Royal Mint son: el Toro Negro de Clarence; el Halcón de los Plantagenet; el León Blanco de Mortimer; el Centícora de Beaufort; el Galgo Blanco de Richmond; el Caballo Blanco de Hanover; y el Glifo de Eduardo III.


21/12/19

Reyes Ofitas (V)


La Acrópolis de Atenas, también es conocida como Cecropia en honor al legendario hombre-serpiente “Cécrope” el primer rey ateniense.

Cécrope (en griego antiguo Κέκρωψ “rostro con cola”), se dice que nació directamente de Gea, por lo que se le cuenta como uno de los autóctonos griegos. Su nacimiento sobrenatural era la causa de que la parte inferior de su cuerpo tuviera forma de serpiente.
La región llamada Cecropia tomó su nombre de este rey. Antes se había llamado Acte, en recuerdo de Acteo, el tercer rey del Ática. Cécrope heredó el trono de Acteo al casarse con su hija Agraulo, con la que tuvo a Erisictón (que murió antes que su padre), Aglauro, Herse y Pándroso (la primera sacerdotisa de Atenea).

Como era costumbre quiso poner la ciudad bajo la protección de alguno de sus dioses. Dos fueron los candidatos, Poseidón y Atenea quienes se presentaron para ganar la soberanía. Poseidón golpeando el suelo con su tridente hizo manar una fuente de aguas salobres con las que abastecer la ciudad. Por su parte Atenea concede a la ciudad un olivo como símbolo de civilización (cultivo) y un pequeño lago. Cécrope como árbitro elige a Atenea como protectora de la ciudad y en su honor se cambia el nombre por el de Atenas.

Las tablillas en inscripciones Lineal B muestran que Poseidón fue venerado en Pilos y Tebas en la Grecia micénica de finales de la Edad del Bronce, pero fue integrado en el panteón olímpico posterior como hermano de Zeus y Hades. Poseidón tuvo muchos hijos y fue protector de muchas ciudades, aunque perdió el concurso por Atenas contra Atenea.

Cécrope será recordado como un rey justo, culto y civilizado. Fue el primero en reconocer a Zeus como Dios Supremo, mantuvo el culto a Poseidón, puso fín a los sacrificios humanos, se comenzaron a enterrar a los muertos y creó el primer tribunal de justicia de Atenas. Cécrope reunió a todas las tribus y clanes que estaban dispersos en los bosques, los asentó en doce cantones y eligió de entre ellos un senado (una asamblea de los hombres más viejos, sabios y prudentes). Pasó a dictar nuevas leyes, la primera de ellas fue la del matrimonio, con la cual le dio solidez a la sociedad que hasta entonces estaba disgregada en grupos humanos carentes de responsabilidad y cohesión familiar. Más adelante instituyó el censo o empadronamiento de los habitantes y llegó a anotar en sus registros hasta un total de veinte mil súbditos.
Como sucede con casi todos los mitos, hay distintas versiones sobre este personaje. Una de ellas dice que Cécrope era hijo de Gea, la Madre Tierra, y que su cuerpo era mitad hombre y mitad serpiente. Según otra versión, Cécrope llegó de Egipto y se estableció en la región del Ática. Allí fundó una ciudadela a la que llamó Cecropia, después la ciudad fue llamada Atenas, en honor de la diosa Atenea.
Pero cualquiera que fuese el origen de Cécrope, las leyendas sobre la fundación de Atenas son coincidentes en que fue ese personaje quien la fundó.

El nombre de Cécrope se recoge en otras partes de Grecia como fundador de ciudades como Eleusis en Beocia o la Athenae de Eubea, si bien esto pudiera deberse a la existencia de varios personajes con el mismo nombre como Cécrope II, o que los habitantes de estas regiones importaran el mito de Cécrope, convertido así en un representante de la raza pelásgica. Esta sería también la explicación de otras genealogías que se le atribuyen y que le hacen natural de Sais (en Egipto), o hijo de Pandión o de Erecteo y Praxitea.

Cécrope recibía el epíteto de Diphyes (biforme) por su carácter híbrido entre hombre y serpiente, que podría representar asimismo su legislación sobre el matrimonio (que unía a dos seres diferentes) o el hecho de que gobernaba tanto a los colonos egipcios como a los atenienses y hablaba el idioma de unos y otros.

Continuará...

31/12/18

La Serpiente en Mesopotamia (II)


La Piedra Michaux pertenece al período de la dominación Casita de Babilonia, escrita en lengua acadia mediante símbolos cuneiformes, data del siglo XII a.C.
Descubierta en 1.782 por el bótanico francés André Michaux, fue el primer testimonio de la civilización mesopotámica que llegó a la Europa moderna.

La Dinastía Casita se extendió por Mesopotamia en la zona de los ríos Tigris y Eufrates, conquistó Babilonia en 1.531 a.C. hasta que en 1.155 a.C. fueron derrocados por los elamitas.

En la piedra se muestran los seis niveles de la Montaña del Mundo que en orden descendente son el planeta Venus representado por Ishtar, la diosa de la vida, la luna creciente del dios lunar Sin y el disco solar de Shamash, bajando hasta los elementos del abismo oceánico. Una enorme serpiente se yergue por todo el lateral izquierdo inclinándose en la parte superior para mostrar su cabeza por encima de la luna creciente.


Descripción del texto:
Kassite dynasty, about 1125-1100 BC. (southern Iraq).
The cuneiform inscription on this kudurru records the granting by Eanna-shum-iddina, the governor of the Sealand, of five gur of corn land in the district of Edina in south Babylonia to a man called Gula-eresh.
The boundaries of the land are laid out; the surveyor is named as Amurru-bel-zeri and the transfer completed by two high officials who are also named. Nine gods are invoked to protect the monument, along with seventeen divine symbols.
The symbols of the important Mesopotamian gods are most prominent: the solar disc of the sun-god Shamash, the crescent of the moon-god Sin and the eight-pointed star of Ishtar, goddess of fertility and war. The square boxes beneath these signs represent altars supporting the symbols of gods, including horned headdresses, the triangular spade of Marduk, and the wedge-shaped stylus of Nabu, the god of writing.

A prominent snake is shown on many kudurru and may, like many of the symbols, be related to the constellations.

The text ends with curses on anyone who removes, ignores or destroys the kudurru.
The Sealand was one of the wealthiest regions of Babylonia. A dynasty called Sealand first appears in records dating to the middle of the second millennium BC. It controlled the coastline of the south of Iraq and thus the trade routes down the Gulf. The Sealand rulers were defeated by the Kassite kings of Babylon in the fifteenth century BC. and governors like Eanna-shum-iddina were appointed to administer the region.

La serpiente siempre está presente en los kudurrus, quizás como influencia protectora y en cualquier caso sugiere un elemento benefactor.



27/12/18

La Serpiente en Mesopotamia (I)


El tipo más distintivo de objeto de la Mesopotamia Casita es la piedra límite, mojón o kudurru, término utilizado que sirve para designar el mojón o piedra en la que se constata una concesión real, inscrita generalmente en piedra ovalada o con forma de columna.
Eran documentos oficiales de donación emitidas por los reyes o por funcionarios de alto cargo, con el fin de proclamar públicamente que a determinada persona se le concedía determinada porción de tierra junto con la remisión de ciertos impuestos y la imposición de ciertas obligaciones.
Se instalaban en el campo o propiedad que se concedía; en los archivos de los templos depositaban copias de su texto en tablillas de arcilla con el fin de asegurar su conservación oficial.

Característica de estas piedras límite es el tipo de esculturas en relieve en las que varios símbolos divinos, colocados a veces en estrados o asientos, representan a la "deidad entronizada" y sirven para proteger el monumento.
En algunas de ellas, las figuras talladas representan al propio rey, solo o con la persona que recibe la concesión. Protección complementaria se obtenía por medio de complicadas maldiciones, execraciones y bendiciones inscritas en la kudurru para impedir mágicamente que se la moviese de lugar o destruyese.


En esta pieza destaca la serpiente enroscada alrededor del eje. Procede del reinado de Marduk-apal-iddina I (1171-1159 a.C.). El dibujo es la proyección de la parte superior del kudurru (adaptado de El Antiguo Oriente de Mario Liverani).
Los números indican nombres de dioses: 1- Sin, 2- Ishtar, 3- Shamash, 4 y 5- Anu y Enlil, 6- Ea, 7- Gula, 8- Ishkhara, 9- Ninurta, 10- Zababa, 11- Nabu, 12- Nergal, 13- Nusku, 14- Adad, 15- Marduk, 16- Papsukkal, 17- Shuqamuna y Shumalia y 18- Ishtaran, dios de la justicia.

Continuará...

9/2/18

Shemsu Hor (Discípulos de Horus)

En el Papiro de Turín y en otros textos históricos, los Shemsu Hor (los compañeros de Horus), constituyen uno de los enigmas más inquietantes de la prehistoria egipcia. Las alusiones a estos personajes son vagas e imprecisas, pero su interpretación en tiempos muy anteriores a la Primera Dinastía egipcia pudo concretarse en el diseño estelar de la Gran Esfinge y de otros monumentos.

La cronología de los hechos, no coincide con la datación de la Esfinge propuesta por Robert Bauval, alrededor del 10.500 a.C. Por otra parte, si aceptamos las divisiones de la historia de la humanidad para el Antiguo Egipto y situamos a los habitantes de esta región en la Edad de Piedra (IV milenio a.C.), nos preguntamos ¿cómo es posible que estos hombres y mujeres recién salidos de las cavernas fueran capaces de construir algo ni remotamente parecido a la Gran Esfinge de Giza?. Algo nos dice que la cronología sobre la historia de la humanidad está equivocada, o que anteriormente existió otra “humanidad”, una especie de civilización madre altamente evolucionada desde el punto de vista tecnológico y probablemente espiritual.

El historiador Heródoto (s. V a.C.) recogía por boca de los sacerdotes de Tebas una historia de Egipto bien distinta a la que conocemos hoy. El cronista griego se refería a un episodio en el que los sacerdotes tebanos le mostraron 345 estatuas que parecían representar a imponentes dioses. Sin embargo, los religiosos apuntaron que no se trataba de dioses, sino que cada coloso simbolizaba cada una de las generaciones de grandes sacerdotes que les precedieron, hasta completar 11.340 años de “gobiernos de los hombres” y que antes de estos hombres, los dioses eran quienes reinaban en Egipto, morando y conversando entre los mortales, y teniendo siempre cada uno de ellos un imperio soberano (Los Nueve Libros de la Historia, Libro II, Cap. CXLIV).
Por lo anterior, se infiere que los sacerdotes de Tebas distinguían claramente dos rangos de reyes de Egipto: los humanos, que habían gobernado el país desde hacía 11.340 años y los dioses, que no sólo gobernaron físicamente Egipto durante un periodo igual o mayor, sino que lo hicieron mezclándose con aparente naturalidad entre los habitantes.

Por su parte, Manetón (s. III a.C.), sacerdote e historiador egipcio que vivió durante los reinados de Ptolomeo I y Ptolomeo II, establecía cuatro dinastías anteriores a Menes (dos de dioses, una de semidioses y otra de transición), adjudicando el origen de la civilización egipcia al gobierno de 7 grandes divinidades –Ptah, Ra, Shu, Geb, Osiris, Seth y Horus–, que permanecieron en el poder durante 12.300 años.
A continuación, gobernó una segunda dinastía encabezada por el primer Toth e integrada por 12 faraones divinos (1.570 años de gobierno), tras los cuales ascendieron al poder 30 semidioses, generalmente identificados con los Shemsu Hor y simbolizados por halcones, que gobernaron el país durante 6.000 años. Tras éstos, siempre según Manetón, se produjo un periodo de caos, hasta que finalmente, Menes encauzó la situación y logró la unificación de Egipto.
La egiptología ortodoxa incluye estas cronologías en la categoría de los mitos, no en la de los sucesos históricos comprobables. Al fin y al cabo, las fuentes que nos ofrecen información sobre los Shemsu Hor son ciertamente escasas. Claro que también podemos extraer información sobre los Compañeros de Horus y sobre los dioses que gobernaron Egipto, de las obras que nos legaron estos misteriosos personajes, construcciones que en todos los casos, se erigieron siguiendo un plan estelar, como ha quedado atestiguado por los estudios arqueo-astronómicos de estos monumentos.
De confirmarse la datación extrema de la Gran Esfinge o, cuanto menos, la propuesta por Bauval, los arquitectos de estas imponentes maravillas sin duda tendrían más de celestes que de humanos.

Los Shemsu Hor son mencionados por Manetón en su obra Aegyptíaka. Hace referencia a los semidioses que gobernaron después de los primeros dioses, entre ellos el propio Horus. Si bien no hace referencia tácita a los Shemsu Hor, el período del reinado (6.000 años) y el puesto en la lista real de estos semidioses, parecen identificarlos con ellos.
Si realizamos una pequeña suma con la duración de los reinados de los sucesores de los Shemsu Hor, podremos llegar a la conclusión de que, de haber existido, esta especie de semidioses tendrían que haber gobernado la Tierra en algún momento alrededor del año 10.000 a.C.

Algunos autores antiguos, como Eusebio, creían que tal desmesurado numero de años se debía a que los egipcios llamaban año a lo que el resto de los mortales denominaban mes lunar. Sin embargo, esta interpretación que no se fundamenta en ningún argumento, no tiene ningún sentido. Según estas antiguas fuentes, después de los dioses, los héroes reinaron 1.255 años, dando paso a otra línea de reyes que gobernó durante 1.817 años. Más tarde gobernaron unos 30 de reyes más, procedentes de Menfis, que ocuparon el trono durante 1.790 años. Seguidamente reinaron 10 reyes de la ciudad de Tis durante 350 años, y después de éstos llegaron los Shemsu Hor, llamados en las crónicas como manes y héroes, que durante 5.813 años reinaron en el Valle del Nilo. Finalmente, llegó al trono de Egipto el primer rey dinástico, de nombre Menes que gobernó el Valle del Nilo desde el año 3.100 a.C.
En total, estás cronologías suman 11.025 años, que a la vista de los investigadores modernos parecen algo increíble. A decir verdad, no existe ni una sola prueba arqueológica que remita a los egiptólogos a probar la existencia de una civilización desarrollada en los albores del X milenio antes de nuestra Era, precisamente el mismo momento en que muchos han visto la existencia de la Atlántida de Platón. De hecho, si aceptamos esa cronología, coincide con el período en el que se estima que pudo desaparecer la civilización atlante y en el que pudo haberse erigido el monumento de la Esfinge, cuya antigüedad está en duda.
Desde este punto de vista, debemos lanzar una reflexión, esbozada ya por algunos investigadores. Si no existió ninguna cultura capaz de construir grandes monumentos en el año 10.000 a.C., pero muchos de éstos giran en torno a esta mítica fecha, ¿qué es lo que incitó a los antiguos egipcios a reordenar sus construcciones reflejando vínculos estelares con este momento de la antigüedad?, ¿qué sucedió alrededor del año 10.000 a.C. para que los egipcios miles de años después, rememoraran ese momento dejando constancia de ello para la eternidad?

Autores como Robert Bauval o Graham Hancock, piensan que los Shemsu Hor fueron los portadores de una sabiduría iniciática que durante siglos se mantuvo en el más absoluto de los secretos, los seguidores de Horus tuvieron un papel más importante de lo que se había pensado hasta ahora.
Bauval y Hancock defienden que gracias a este selecto grupo de sabios, los antiguos egipcios pudieron erigir grandes construcciones para las que se requería una talla tal en conocimientos de tipo astronómico y matemático, que resultan imposibles de encontrar en una civilización aparentemente primitiva como la egipcia del 2.500 a.C., fecha en la que supuestamente se levantaron las grandes pirámides.

Los Shemsu Hor pudieron ser, según escribió en 1.894 el célebre egiptólogo francés Gastón Maspero, quienes edificaron realmente la Esfinge, empleando en ello todo su conocimiento y sabiduría. Y de ellos ya hablan los textos jeroglíficos más antiguos de los que se dispone. Inscripciones en pirámides de la V dinastía en Saqqara se refieren a ellos indistintamente como “los brillantes” o “los resplandecientes”. Curiosamente se trata del mismo apelativo que recibieron los Elohim bíblicos mencionados en el libro de Enoch. Particularmente el término “El” puede traducir ese vocablo hebreo, precisamente como “los resplandecientes” (seres de luz). Tanto si se trata o no de los mismos seres, los egipcios decían que los Shemsu Hor conocían el hierro (un metal divinizado en la época).

Fuente:

29/12/17

El Dios Solar-Atón


Desde los inicios del Egipto faraónico, la religión había ido adaptándose a los diversos factores de carácter histórico que tanto social como culturalmente influenciaban la vida espiritual de los antiguos egipcios.
Conforme se sucedían las distintas dinastías egipcias, los centros de poder e influencia iban sufriendo cambios y desplazamientos, originando variaciones en las prácticas religiosas y en el panteón egipcio, esto suponía también privilegios en la asignación de recursos (tierras, ganado, siervos, etc.) sobre el resto de los dioses y sus respectivos templos y clero.

Desde el 2.400 a.C. el Dios del Sol se adoraba como Ra-Horajty, un dios con cabeza de halcón, coronado por el disco solar y el uraeus, con cetro usa y anj. Era el dios de los faraones, que se consideraban sus hijos y su representación en la tierra. Sin embargo, esta preferencia cambió a finales de la Dinastía XVII, los príncipes tebanos impulsaron la expansión de sus fronteras hasta liberar completamente el territorio egipcio del dominio de los gobernantes hicsos.

La reunificación del reino del Alto y Bajo Egipto en una sola corona se efectuó bajo el mando de los príncipes de Tebas, y la guía espiritual del dios tebano Amón, cuyo centro espiritual estaba en Karnak. Así, el culto a Amón (y su clero) ocupó su sitial dorado de preeminencia en el panteón egipcio y se transformó en el «Dios de la Victoria». Este impulso guerrero no se acabó con la expulsión de los hicsos, sino que continuó con la expansión de las fronteras hasta conquistar los territorios de Canaán y Nubia, lo que dio origen al denominado Imperio Nuevo.

Los gobernantes de la Dinastía XVIII, convirtieron Egipto en un gran imperio. Con cada nueva conquista, el agradecimiento a Amón se traducía en nuevos templos y obras, como las sucesivas ampliaciones de los templos de Karnak, y en nuevas prebendas económicas a sus sacerdotes, el culto y el clero de Amón recibieron un trato preferencial como nunca hasta entonces había recibido ningún dios o diosa egipcios, acumulando inmensas cotas de poder.

Durante los reinados de Amenhotep III y Thutmose IV, la tendencia se invirtió paulatinamente, pues el clero de Amón había sido desplazado por el de Ra y se había introducido de nuevo el culto a Atón, aunque como un dios secundario. Atón, Shu y Tefnut, formaban la triada creadora, y su culto era símbolo del retorno a las bases del panteón egipcio. El culto a estos dioses había sido sustituido por el de sus hijos, pero el faraón abogó por el regreso a los tres primeros dioses, postergando los cultos de otros.

Con Akenatón, la reforma religiosa se radicalizó con la imposición de la preferencia del dios Atón sobre el resto de dioses, y la prohibición del culto a Amón. El faraón intentó, como ya había hecho su padre, aminorar el poder que el sumo sacerdote y el clero de Amón habían adquirido con el tiempo. Sin embargo, este cambio no se realizó en los primeros años del reinado. El propio nombre de nacimiento del rey Amenhotep conllevaba mención al dios Amón (Amen), y al principio, ambos cultos podían coexistir libremente.
Según los historiadores, fue alrededor del quinto año de reinado en solitario cuando Amenhotep IV abandonó su nombre de nacimiento en honor al dios Amón y adoptó el de Akenatón, conjuntamente con modificaciones en los distintos títulos, como los nombres de Horus, Nebty y Horus Dorado.
La transcripción de los jeroglíficos de su primer nombre de Trono y de nacimiento es Nefer-Jeperu-Ra Amen-Hotep, esto es, Hermosas son las manifestaciones de Ra, Amón está satisfecho.
También conocido como Ajenatón, Akhenatón o Akenatón, Amenhotep IV o Amenofis IV, Ecnatón e Ijnatón, fue el décimo faraón de la dinastía XVIII de Egipto. Su reinado está datado en torno a 1353-1336 a.C. y pertenece al periodo denominado Imperio Nuevo de Egipto.
Akenatón es el primer reformador religioso del que se tiene registro histórico. Su reinado no sólo implicó cambios en el ámbito religioso al convertir al dios Atón en la única deidad del culto oficial del Estado, en perjuicio del predominante culto a Amón, sino también reformas políticas y artísticas.

La reconstrucción del universo espiritual, social, económico y político de Egipto de finales de la Dinastía XVIII, ha permitido, a falta de registros históricos explícitos, intuir los motivos que indujeron a Akenatón a realizar la reforma religiosa. Analizando ese contexto, muchos estudiosos han coincidido en afirmar que la instauración de la nueva religión se debió tanto a motivos políticos como espirituales, dimensiones a la sazón inseparables.

Atón se representaba como un gran disco solar, del que salían brazos en disposición radial, que terminaban en manos con el signo anj de la vida con las que recogía las ofrendas, dando a cambio luz y vida. No se han conservado imágenes antropomórficas, tan comunes en la religión egipcia, del dios Atón, ya sea en forma de esculturas, pinturas o bajorrelieves.

Atón era la forma del dios del sol en la tarde y personificaba la fuente de toda vida. Amenhotep III había protegido el culto a Atón, y Akenatón llevó al límite el sentido religioso de adoración del símbolo solar, convirtiendo a Atón en el dios personal del faraón, y por ende, en el de todos y cada uno de sus súbditos.
Además, no solo erigió en el Templo de Karnak un santuario dedicado a Atón, sino que fundó una nueva capital político-religiosa: Ajetatón.

A mitad de camino entre Menfis y Tebas, las dos anteriores grandes capitales, ordenó construir una nueva capital en el desierto, Ajetatón (la actual Amarna) consagrada a Atón. Para delimitar el perímetro de la ciudad se erigieron estelas de demarcación en las que se declara la pertenencia del paraje al nuevo dios Atón.
En la nueva ciudad, hizo construir templos con grandes patios, ya que el culto solar debía hacerse al aire libre. La construcción de la nueva capital se financió con la confiscación a favor de la corona de las tierras y rentas de los antiguos templos, quitándoles privilegios a los sacerdotes y dejándolos sin las inmensas riquezas que acumulaban cada año. Hacia el quinto año de reinado, el faraón, la familia real y la corte, se trasladaron a la nueva ciudad. La ruptura con el pasado quedaba así totalmente consumada.
Como sumo sacerdote de Atón, rechazó la autoridad del sumo sacerdote de Amón, quien tenía el título de Jefe de los sacerdotes de todos los dioses y un gran poder político. En el décimo año de su reinado, Akenatón ordenó borrar el nombre de Amón y el de su esposa Mut de todos los monumentos, hasta de los cartuchos con nombres teóforos de todos los faraones, incluido el de su padre.

La nueva religión se caracterizaba por una fuerte abstracción y conceptualización de la deidad. A esta conclusión se llega al considerar que, si bien la adoración de una deidad solar ofrecía oportunidades de eventos festivos en momentos determinados del calendario, como son los días de solsticio y los de equinoccio, sin embargo, Akenatón no los utilizó determinadamente en su reforma religiosa. Más aún, la orientación de los edificios en la nueva ciudad dedicados a Atón no sigue ningún patrón solar o cósmico, sino que se adecúa a la topografía del terreno donde estos se asentaban.

Todo esto lleva a la conclusión de que la nueva religión en torno a Atón se basaba en una fuerte abstracción conceptual en perjuicio de otras manifestaciones religiosas más concretas. Esto fue lo que originó un importante problema en el sistema de creencias egipcio, ya que el pueblo no concebía a los dioses sin forma e imagen, sino que necesariamente los corporizaba, ya fuese en una imagen antropomorfa, ya en un animal asociado, icono zoomorfo.
La revolución, provocada por Akenatón, comportó la total eliminación de las imágenes humanizadas de dioses en esculturas, relieves, muebles y otros enseres, que habían constituido tradicionalmente la principal fuente iconográfica del arte egipcio.
Paralelamente, la familia real se convirtió en el motivo central de las representaciones artísticas, en los altares de los templos donde antes se encontraban las estatuas de los dioses, se veía ahora a la familia real, a veces en pareja, otras veces con todas sus hijas, y siempre con el dios Atón, el disco solar, oficiando como protector y dador de vida.
Simultáneamente, se produjo también un cambio radical en las formas y modos de oficiar las ceremonias religiosas. Los antiguos templos cerrados, oscuros, donde lo primordial es el ocultamiento de la divinidad y el acceso restringido, dieron paso a templos abiertos, al aire libre, donde la observación de la divinidad estaba al alcance de cualquier neófito o no iniciado. Con todo, subsisten muchos interrogantes en lo relativo al culto de la nueva religión respecto a dos temas: el culto individual o familiar y su relación con el más allá.

Continuará...

12/11/17

Ideología y Corrupción

En ciencias sociales, una ideología es un conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas que son compatibles entre sí y están especialmente referidas a la conducta social humana.

Las ideologías describen y postulan modos de actuar sobre la realidad colectiva, ya sea sobre el sistema general de la sociedad o en uno o varios de sus sistemas específicos, como son el económico, social, científico-tecnológico, político, cultural, moral, religioso, medioambiental u otros relacionados al bien común.
Por su origen, alcance y propósito, las ideologías pueden desarrollarse gradualmente a través de la observación, el diálogo, el ajuste mutuo y el consenso sobre lo que es considerado socialmente correcto, desviado o dañino, o bien ser impuestas (incluso por medio de la violencia) por un grupo dominante especialmente interesado en generar influencia, conducción o control colectivo, sin distinción si éste es un grupo social, una institución, o un movimiento político, social, religioso o cultural, o si su propósito se centra en promover el bien común o un interés particular.

El concepto de ideología se diferencia del de Cosmovisión en que éste se proyecta a una civilización o sociedad entera, en cuyo caso está relacionado con el concepto de ideología dominante, cuando esta abarca todos los sistemas específicos de la sociedad y es compartida por una amplia mayoría de la población. Por su naturaleza colectiva, el concepto rara vez se restringe al modo de pensar de un individuo aislado o particular.

En ocasiones se usa el concepto ideología para desprestigiar o descalificar a un sistema de pensamiento, concepción del mundo o autor, señalando que está ideologizado. En principio, una ideología es una postura fundamentada que propone un punto de vista superior y programa de acción propositivo ante una situación social. Sin embargo, una ideología en manos de un grupo dominante corrompido opera como un sistema de creencias y racionalizaciones que refuerza su propia posición de privilegio.

El uso despectivo del término entiende a la ideología como un discurso de control social que:
-Obedece a los intereses y al egoísmo grupal de sus postulantes, en lugar de responder a una búsqueda del bien común.
-Posee un conjunto de soluciones fijas y preestablecidas para los problemas sociales.
-Es dogmático, planteando premisas normativas irrefutables y que no pueden ser comprobadas.
-Se acompaña del proselitismo, propaganda y en grados extremos, del adoctrinamiento.
-Cuenta con justificaciones internas y causas ajenas a su control para explicar sus propios fracasos. 

En su disertación sobre el bien humano, Bernard Lonergan detalla la relación entre ideología corrompida y egoísmo grupal de quien la postula: 
"Mientras que el egoísta individual tiene que soportar la pública censura de su modo de proceder, el egoísmo de grupo no solamente dirige el desarrollo a su propio engrandecimiento, sino que también abre un mercado para las opiniones, doctrinas y teorías que justifican su proceder, y revelarán al mismo tiempo que los infortunios de otros grupos se deben a la depravación que los corroe”.
Es decir, la ideología se convierte en un medio práctico que habilita a la vez la aprobación de las mayorías, su sometimiento, la autojustificación de conductas y el error de los oponentes, aunque el conjunto de ideas no respondan a la realidad, al interés genuino de la población ni al bien común.

En casos extremos, una ideología puede llevar a negar la posibilidad de disentir, dando por verdad irrefutable sus postulados. Llegados a considerar la ideología como verdad irrefutable, se abre el camino al totalitarismo, ya sea político o religioso. Cualquiera que disienta pasa a ser un problema para el grupo dominante, pues va contra la verdad dogmática que proclama la ideología. Tal es el problema que plantean disidentes, facciones y sectas.

El término "ideología" fue formulado por Destutt de Tracy (Mémoire sur la faculté de penser 1.796), y originalmente denominaba la ciencia que estudia las ideas, su carácter, origen y las leyes que las rigen, así como las relaciones con los signos que las expresan. 
Medio siglo más tarde, el concepto se dota de un contenido epistemológico por Karl Marx, para quien la ideología es el conjunto de las ideas que explican el mundo en cada sociedad en función de sus modos de producción, relacionando los conocimientos prácticos necesarios para la vida con el sistema de relaciones sociales; la relación con la realidades tan importante como mantener esas relaciones sociales, y en los sistemas sociales en los que se da alguna clase de explotación, evitar que los oprimidos perciban su estado de opresión. 

En su célebre prólogo a su libro "Contribución a la crítica de la economía política", Marx dice: 
...El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la super estructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.

La ideología interviene y justifica dirigiendo los actos personales o colectivos de los grupos o clases sociales, a cuyos intereses sirve. Pretende explicar la realidad de una forma asumible y tranquilizadora, pero sin criticismo, funcionando sólo por consignas y lemas. Ahora bien lo que ocasiona son falsas creencias que mantienen la interpretación o justificación previa tal como estaba en el imaginario individual y colectivo, independientemente de las circunstancias reales. Por ello suelen acabar produciendo una separación entre las ideas y su práctica en la realidad, difícilmente asumible.
Exteriormente se ha asociado con mayor fuerza a la política, donde el clientelismo de los partidos impone unos intereses estrechos y cerrados. En su desarrollo lleva a que el comportamiento individual pueda derivar en una continuada falsa creencia, en un falso pensamiento y de ahí a una falsa práctica social. Además interiormente, los miembros del grupo ideológico admiten o no que determinado individuo pertenezca al grupo según comparta o no ciertos presupuestos comunes de pensamientos básicos.

Fuente: Wikipedia

8/11/17

Autócratas - Dictadores del s.XXI


No hace mucho tiempo, la puesta en escena de un golpe de Estado significaba sacar tanques a las calles o lanzar una masiva revuelta popular para derrocar a un gobierno y reemplazarlo por otro. Pero eso es muy del siglo XX, lo que sucede ahora es mucho más gradual, pero no menos eficaz.

La complacencia es costosa. Los movimientos tempranos exigen una respuesta firme. Los dictadores modernos no derrocarán a otro gobierno, lo que hacen es hacerse cargo del sistema de gobierno. Como hemos visto en los autócratas, desde Nicolás Maduro, en Venezuela, hasta Vladimir Putin, en Rusia; Recep Tayyip Erdogan, en Turquía; Daniel Ortega, en Nicaragua, y otros en diferentes etapas de este proceso.
El secreto está en manipular las normas democráticas, usándolas hasta dejarlas como una delgada cáscara, un escudo cosmético que contiene solo los restos destruidos de la democracia.
Sus historias ofrecen una antología de cuentos cautelosos llenos de información útil para las personas que quieren salvar a sus Estados de un destino similar.

Los autócratas se mueven y comienzan lentamente a desmontar el sistema. En primer lugar, ganan una elección, luego comienzan a desacreditar a la oposición, manchando y socavando a la prensa libre, inventando "enemigos del pueblo" en casa para socavar las críticas de los críticos. Las amenazas extranjeras también son útiles, especialmente si los autócratas pueden afirmar que tienen aliados al acecho en la patria.

Acusar a la oposición o a los medios de comunicación de ser parte de una "élite" o de ser un "Estado profundo", le permite al autócrata señalar a aquellos que denuncian los problemas como portadores de segundas intenciones. Esto impide que el público preste atención a sus argumentos y sus advertencias. Entonces, el autócrata y su equipo sistemáticamente desmantelan la independencia del poder judicial y, en última instancia, el estado de derecho.

En poco tiempo, el líder democráticamente o pseudo democráticamente elegido es indistinguible de un dictador. Cuando la mayoría de la gente se da cuenta de lo que ha sucedido, es demasiado tarde para echar atrás. De hecho, para entonces, el líder, en pleno control de una narrativa falsa, también puede ser enormemente popular. Un gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo se convierte en un aparato de protección del gobierno de un individuo o partido, más sus compinches, a menos que la gente note las señales de advertencia temprano y actúe para prevenirlo.
Mantener el apoyo popular no siempre es posible, especialmente cuando la mala gestión económica es tan desastrosa como lo que ha sufrido el pueblo venezolano. Bajo el gobierno de Nicolás Maduro, la catástrofe económica ha alcanzado profundidades inimaginables. Es mucho peor que la Gran Depresión, amplificada por una criminalidad fuera de control. Sin embargo, Maduro, que fue ungido por el fallecido Hugo Chávez, está haciendo lo que sea necesario para mantenerse a sí mismo y a su Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en el poder.

La reciente elección de una Asamblea Constituyente, claramente fraudulenta, está destinada a perpetuar el control del partido. Los líderes de la oposición están en prisión, los medios de comunicación independientes han sido paralizados por una ley que prohíbe noticias que "fomenten la ansiedad de los ciudadanos" o "que irrespete la autoridad". Y el Tribunal Supremo, como prácticamente todas las demás instituciones, trabaja a instancias del presidente.
El proceso en Venezuela tiene sus propios rasgos locales, pero se parece mucho a lo que hemos visto en otros países donde los autócratas han surgido de un capullo democrático, solo para aplastarlo.

Consideremos a Rusia, donde el presidente Vladimir Putin ha mantenido el poder desde la víspera de Año Nuevo de 1.999, asumió sistemáticamente todas las palancas del poder. Aquellos que se atrevieron a desafiarlo enfrentaron horribles destinos, desde el encarcelamiento en Siberia, como sufrió su crítico Mikhail Khodorkovsky, hasta muertes misteriosas, como la de la periodista Anna Politkovskaya, quien en 2.006 fue asesinada en su apartamento tras informar sobre actos de corrupción.

Putin, como Erdogan y Chávez, se benefició de grandes mejoras en las condiciones económicas anteriores en su gobierno. Eso ayudó a consolidar un núcleo de seguidores leales. Pero los votantes rusos no querían ver su democracia robada. Cuando las fraudulentas elecciones parlamentarias de 2.011 dieron el control del Parlamento al partido Rusia Unida, de Putin, se dieron las protestas más grandes desde la caída de la Unión Soviética. Tres meses después, Putin ganó su tercera elección presidencial. Para entonces, Rusia estaba bien encaminada hacia la completa dominación por Putin.
Desde sus primeros días se movió a tomar el control de los medios de comunicación y el mensaje. La televisión estatal, la principal fuente de noticias del 90% de la población, se convirtió en una fuente de propaganda del Gobierno. Los medios de comunicación independientes fueron desapareciendo gradualmente. La oposición ha sido en gran medida amordazada, el poder judicial ya no es independiente, y la verdadera democracia es un sueño que se desvanece.

Frida Ghitis, columnista de temas internacionales para The Miami Herald y World Politics Review, excorresponsal de CNN.

30/10/17

La República Popular China


En 1.953 después de que el control comunista se hubiera establecido con firmeza en la mayoría de las poblaciones, el Consejo de Gobierno Central Popular inició la elección de los congresos populares locales, que a su vez, eligieron los congresos del ámbito administrativo inmediatamente superior. En 1.954 se completó la red de congresos electos, con la elección del Congreso Nacional Popular, que aprobó el borrador de la Constitución que se envió al Comité Central del Partido Comunista Chino.

La Constitución de 1.954, que reemplazó a la Ley Orgánica de 1.949 como la ley fundamental del país, confirmó la hegemonía del Partido Comunista Chino e introdujo cambios destinados a centralizar el control del gobierno.

La política básica del régimen comunista fue transformar China en una sociedad socialista. Para alcanzar este fin se utilizaron ampliamente la educación en los principios del marxismo-leninismo y la propaganda política, en especial hacia los jóvenes.
Se aseguró a las mujeres una posición de igualdad mediante las nuevas leyes de matrimonio, que pusieron fin a la práctica del concubinato, la poligamia, la venta de niños y la interferencia en los nuevos matrimonios de las viudas, y aseguraban derechos iguales respecto al empleo, propiedad de los bienes y divorcio.
Se controló estrictamente la religión; se obligó a los misioneros extranjeros a salir del país y se colocó a clérigos chinos dispuestos a cooperar con los comunistas, al mando de las iglesias cristianas.
Los intelectuales se vieron sujetos al control gubernativo dirigido a la erradicación de las ideas anticomunistas.

En los primeros años de la República Popular, el gobierno también recurrió al terror en sus esfuerzos por eliminar a toda la oposición y a los enemigos potenciales; en 1.951, las autoridades de Pekín afirmaron que entre Octubre de 1.949 y Octubre de 1.950, se ejecutó a más de un millón de los denominados elementos contrarrevolucionarios. Algunas autoridades extranjeras estimaron que esos datos podrían haberse incrementado a finales de 1.951 a dos millones.

La primera acción de los comunistas fue reconstruir la economía, que se había visto afectada por las consecuencias de las décadas de guerra continua. Inmediatamente instituyeron medidas severas para controlar la inflación, restaurar las comunicaciones y restablecer el orden interno necesario para el desarrollo económico. Su política económica potenció la colectivización agrícola para poder promocionar el ahorro necesario para el establecimiento de la industria pesada.

La industria privada pasó gradualmente a estar bajo propiedad mixta estatal y privada. El control del Estado fue ejercido mediante una serie de programas que implicaban la incautación de los considerados sectores económicos básicos y la paulatina desaparición de algunos propietarios mediante pagos compensatorios fijos.
La reforma agraria se inició en 1.950 y fue seguida de la creación de equipos de ayuda mutua, cooperativas y granjas colectivas.
El primer plan quinquenal, que se inició en 1.953 y se llevó a cabo con ayuda Soviética, potenció la industria pesada a costa de los bienes de consumo. La ayuda económica y el consejo técnico soviético contribuyeron en gran manera al éxito inmediato del programa.

La política exterior china reflejaba la unidad existente en el movimiento comunista internacional en la década de 1.950. China y la Unión Soviética firmaron un tratado de amistad y alianza, y varios acuerdos complementarios que concluyeron en 1.952 y 1.954, por los que la Unión Soviética hizo grandes concesiones a China, como la desaparición de la presencia soviética en Dongbei Pingyuan (Manchuria).
China también pretendió estrechar relaciones con sus vecinos comunistas. Durante la guerra de Corea las tropas chinas ayudaron al régimen comunista de Corea del Norte contra las fuerzas de Naciones Unidas, enfrentándose directamente a las tropas de Estados Unidos.
Cuando este conflicto finalizó en 1.953, los chinos aceleraron el flujo de la ayuda militar a los insurgentes comunistas que luchaban contra los franceses en Indochina.

Zhou Enlai desempeñó un importante papel en las negociaciones de los Acuerdos de Ginebra de 1.954, que terminaron momentáneamente con las hostilidades en esta región.
Con su llegada al poder, el régimen comunista también intentó recuperar los territorios que consideraba dentro de las fronteras históricas de China. En 1.950, las tropas chinas invadieron Tíbet y obligaron al país a aceptar el mandato chino.
En agosto de 1.954, Zhou Enlai declaró oficialmente que la liberación de Taiwan era uno de sus principales objetivos, mientras que desde el campo nacionalista se insistía también en volver a unificar el país. Los comunistas comenzaron a bombardear a principios de Septiembre la isla de Quemoy, que se encontraba en manos de los nacionalistas, y posteriormente atacaron otras islas más allá de la costa de la China continental, entre las que se contaban Matsu y las Tachens.
Los nacionalistas respondieron con ataques aéreos y navales contra el continente.
Cuando en 1.955 los comunistas intensificaron su ofensiva contra las islas, los nacionalistas, con la ayuda de la VII Flota de Estados Unidos, evacuaron las Tachens. Desde 1.958 se ha mantenido de manera general por ambas partes un alto el fuego en los estrechos, aunque el régimen comunista nunca ha renunciado a utilizar la fuerza para conquistar Taiwan.

La prudencia y planificación que supuso el primer plan quinquenal fueron abandonadas en gran medida en el segundo, que comenzó en 1.958. Se impusieron controles más rígidos sobre la economía para incrementar la producción agrícola, restringir el consumo y acelerar la industrialización; se trataba en definitiva de realizar un “gran salto adelante”, como lo llamó la propaganda oficial. Sin embargo, a causa de una mala dirección e inadecuada planificación, el programa fracasó: la economía se desorganizó y la producción industrial descendió entre 1.959 y 1.962 hasta un 50 por ciento.

La situación empeoró en 1.960 con la retirada de la ayuda económica y el consejo técnico de los soviéticos. Mientras la Unión Soviética avanzaba hacia una coexistencia pacífica con Occidente, surgieron diferencias ideológicas entre las dos potencias comunistas hegemónicas. Su alianza se fue deteriorando con rapidez a comienzos de la década de 1.960 y en 1.962 China condenó abiertamente a la URSS por retirar sus misiles de Cuba ante las presiones de Estados Unidos, manteniendo que la revolución era el único medio para poder lograr el objetivo máximo del comunismo: poner fin al capitalismo.

En particular, los chinos acusaron al dirigente soviético Nikita S. Jruschov de revisionismo moderno y de traicionar la ideología marxista-leninista. Como resultado de ello, la URSS cortó totalmente su financiación al desarrollo económico de China.
Los chinos comenzaron a competir abiertamente con la Unión Soviética por la jefatura del bloque comunista y por la influencia entre los nuevos Estados surgidos de la descolonización; con este fin Zhou Enlai viajó a Asia y África en 1.963 para obtener el apoyo a China.
Sin embargo, las tácticas subversivas impidieron los esfuerzos diplomáticos para obtener este fin. En 1.959, tropas chinas penetraron y ocuparon unos 31.000 km2 de territorio que reclamaba la India. Las negociaciones entre los dos países no fueron concluyentes y de nuevo en 1.962 se iniciaron fuertes enfrentamientos, cuando las tropas chinas avanzaron a lo largo de las fronteras reclamadas por India.
Aunque posteriormente los chinos retiraron sus tropas a las posiciones de 1.959, la agresión hizo disminuir el prestigio de China entre los Estados neutrales de Asia y África. En el Sureste asiático, China prestó su apoyo moral así como ayuda técnica y material a los movimientos comunistas de Laos y Vietnam.

Mientras los comunistas luchaban por construir la sociedad china, aparecieron diferencias entre Mao, que favorecía una ideología comunista pura y los intelectuales, profesionales y burócratas, que querían un acercamiento más racional y moderado que animara la eficacia y productividad del país.
En Mayo de 1.956, los dirigentes del partido preocupados por las críticas de los moderados, más pragmáticos, lanzaron una campaña animando a los chinos a “dejar florecer cien flores, dejar luchar a cien escuelas de pensamiento.” Los intelectuales fueron instados a exponer sus quejas al sistema para que los problemas pudieran ser identificados y solucionados.
A comienzos de 1.957 Mao amplió la campaña de las “cien flores”, invitando a la libre crítica de la política gubernamental. Se asumió, por supuesto, que tales críticas se encontrarían dentro del marco del comunismo. Sin embargo en Junio de 1.957 se volvieron a imponer estrictos controles sobre la libertad de expresión, que pusieron fin a la denominada “primavera de Pekín”.

Fuente: Historia de China - Eugenio Anguiano.

28/10/17

La 2ª Guerra Mundial (II)

La lucha por la supremacía entre el Guomindang y el Partido Comunista.

En 1.945, poco después de que Japón capitulara, estalló la lucha entre los comunistas y las tropas del Guomindang por el control de Dongbei Pingyuan (Manchuria). Se alcanzó una tregua temporal en 1946 a través de la mediación del general estadounidense George C. Marshall. Aunque de inmediato se reanudó la lucha, Marshall continuó sus esfuerzos para unir a las dos partes. En agosto de 1.946, Estados Unidos intentó reforzar el papel de Marshall como mediador imparcial al suspender su ayuda militar al gobierno nacionalista. No obstante, las hostilidades continuaron y en enero de 1.947, convencidos de la inutilidad de proseguir la mediación, Marshall abandonó China.
Muy pronto el conflicto estalló en una guerra civil a gran escala y desaparecieron todas las esperanzas de un acercamiento político. En mayo de 1.947, se reanudó la ayuda estadounidense a los nacionalistas. Sin embargo, las fuerzas gubernamentales estaban agotadas tras dos décadas de un estado de guerra casi continuo, el mando estaba dividido por la desunión interna y la economía estaba paralizada por una espiral inflacionista; además, los campesinos recelaban de una prometida reforma agraria que no llegaba nunca, mientras que los liberales en el gobierno eran sometidos por los sectores más conservadores.

En 1.947 la iniciativa militar pasó a los comunistas, cuyo Ejército de Liberación Popular (nombre oficial) dirigido por Lin Biao derrotó a los nacionalistas en Dongbei Pingyuan (Manchuria) y en el verano de 1.949, la resistencia nacionalista se derrumbó. El gobierno, con las fuerzas que pudo recuperar, buscó refugio en la isla de Taiwan.

La Revolución comunista había triunfado en China. En Septiembre de 1.949 los comunistas reunieron la Conferencia Consultiva Popular Política China, un cuerpo constituyente de 662 miembros, que adoptó un grupo de principios y directrices políticas y una ley orgánica para gobernar el país.
La conferencia eligió al Consejo de Gobierno Central Popular, que iba a servir de órgano supremo político. Mao Zedong, nombrado presidente de este organismo, era de hecho el jefe del Estado. De acuerdo con los poderes que había delegado en él la conferencia, el Consejo de Gobierno Central Popular instituyó los diferentes órganos de gobierno central y local. En el plano nacional, el Consejo Administrativo de Gobierno, encabezado por Zhou Enlai, llevó a cabo funciones de gobierno tanto legislativas como ejecutivas. Subordinados al Consejo se encontraban más de 30 comisiones y ministerios encargados de tratar diferentes aspectos de los asuntos estatales. La República Popular China fue oficialmente proclamada el 1 de Octubre de 1.949.

Continuará...