6/12/21
Fanes Dios Creador
21/9/21
La Ophiolatría en Italia
Cum tenera anguino traditur ore manus. Ille sibi admotas a virgine corripit escas; Virginis en palmis ipsa canistra tremunt. Si fuerint castæ, redensor en colla parentum, Clamantque agricolæ "fertilis annus erit !"
+INFO...Rito dei Serpari - Cocullo (Italia)
19/8/21
La Colina Ophiel (Jerusalem)
11/7/21
La Serpiente Vritrá
17/5/21
Las Serpientes de Uluru
26/4/21
Apalala el Naga
Apalala era un naga que vivíó en la época de Buda, vivía en el nacimiento del río Swat o Suvastu en las tierras altas de Peshawar, ahora en Pakistán.
Originalmente, Apalala era un hombre llamado Gangi. Usó sutiles encantos para contener el poder de los malvados dragones de la zona, para que no pudieran arrasar las cosechas con violentas tormentas. Su trabajo permitió al pueblo producir en abundancia, y a cambio, cada familia le pagó un tributo. Sin embargo, después de muchos años, muchos se olvidaron o se negaron a pagar el tributo, y Gangi se enojó. Rezaba para poder convertirse en un dragón que los afligiera con tormentas y destruyera sus cosechas él mismo.
Al final de su vida, Gangi renació como una aterradora serpiente de agua o dragón de esta tierra.
En su nueva encarnación, Apalala con el poder de desatar tormentas de granizo e inundar el río, ha levantado granizadas e inundaciones para darse un festín con las cosechas de los campos. El nacimiento del río que fluía emitió una corriente blanca que devastó todos los productos de la tierra.
El Buda, movido por
la compasión por el destino del pueblo, descendió sobrenaturalmente
para convertir al violento dragón Apalala y domesticarlo. Vajrapani,
el compañero de Buda, se enamoró a primera vista y golpeó la
ladera de la montaña donde vivía Apalala.
El rey dragón
Apalala se acercó aterrorizado, y le rindió homenaje a Buda.
Escuchó al Buda predicar la ley, y su corazón se volvió puro al
despertar su fe. Después de su conversión, el Buda le prohibió
destrozar las cosechas. Apalala le agradeció la sagrada instrucción,
pero temía por su propia supervivencia. Dijo: "Toda mi comida
viene de los campos de los hombres". Sin sus tormentas e
inundaciones, se moriría de hambre. Así que le pidió al Buda que
le permitiera una sola reunión cada 12 años. Por compasión, el
Buda lo permitió. Por eso, una vez cada doce años, la calamidad
resulta del desbordamiento del Río Blanco.
La leyenda de la domesticación de este temible monstruo se representa a menudo en el arte budista regional, y en el pasado, los peregrinos preservaron y difundieron el mito de Apalala.
Apalala renace como un Naga, que puede tomar la forma de un hombre pero generalmente tiene la parte inferior del cuerpo de una serpiente y la parte superior del cuerpo de un humano.
23/3/21
La Serpiente Aido-Hwedo
El africano pueblo de los Fon, procedentes del desaparecido reino de Abomey, contaban en su mitología que en los primeros tiempos de la creación, el andrógino dios de dos caras Mawu (que poseía tanto rasgos femeninos como masculinos, como metáfora del Sol y la Luna) contaba con la ayuda de Aido-Hwedo, la gran Serpiente Cósmica.
El creador iba de un lado para otro en el interior de la boca de Aido-Hwedo, mientras se afanaba en la construcción del mundo, utilizándola como transporte.
Una vez que hubo terminado con la creación, Mawu pensó que había recargado demasiado el mundo, poniendo demasiadas cosas encima. Los árboles, las montañas, los animales y demás pesaban mucho, impidiendo al creador que pudiese transportar su obra, así que pidió a Aido-Hwedo que le ayudase en esta tarea, y la serpiente cósmica aceptó. La única pega era que la gran serpiente no soportaba bien el calor de las profundidades, así que Mawu creó los mares y océanos para que Aido-Hwedo pudiese vivir en ellos.
Debido al gran peso del mundo, la serpiente debía cambiar a a menudo de posición para poder descansar, y es en cada uno de estos cambios de postura cuando suceden los terremotos. También debe alimentarse, para lo cual tiene una cohorte de monos rojos que forjan grandes barras de hierro, comida favorita de Aido-Hwedo. Pero también dice la leyenda que, el día que se agoten las reservas de hierro, la gran serpiente cósmica se devorará a sí misma, provocando que toda la tierra se precipite en el mar.
También cuenta con una hermana gemela, una segunda Aido-Hwedo, la serpiente del arco iris que vive en el cielo, libre de la carga de su hermana, y que se encarga de encaminar los rayos de luz desde el sol hacia nuestro mundo.
19/3/21
La Copa de Higía
Se trata de una serpiente enroscada en una copa o cáliz. Tanto la serpiente como el cáliz son símbolos que representan la naturaleza femenina y hacen alusión a la "farmacéutica" aplicada por curanderas y chamanes a base de hierbas.
La serpiente se asociaba en la mitología a la mujer por su naturaleza cíclica y a la medicina por su capacidad de "resucitar" al cambiar de piel.
El cáliz es un símbolo femenino por su calidad de contenedor (de la vida) y a su vez la farmacéutica por ser contenedora (del medicamento).
En la mitología, Asclepio ayudó a una serpiente y como agradecimiento el reptil le lamió el oído, compartiendo con el dios todos los secretos de la medicina y otorgándole poderes curativos. Zeus, temeroso de que Asclepio hiciera que los humanos se volvieran inmortales, lo mató con un rayo. A partir de ese momento, se construyeron templos en honor a Asclepio en donde aparecían serpientes que aparentemente estaban muertas, pero que cuando se las recogía, volvían a la vida. Esto hizo creer que los poderes de Aesclepius eran los que hacían volver a la vida a los reptiles y por ello, las serpientes se convirtieron en la cultura occidental en un símbolo de curación, muy relacionado con la medicina.
Higía y Panacea eran las hijas favoritas de Asclepio. Panacea, curaba mediante recetas perfectas de hierbas que permitían sanar cualquier enfermedad. De ahí deriva la palabra Panacea para referirse a todo aquello que soluciona o cura enfermedades.
En la mitología griega, Higía hija de Asclepio y Lampecia, hermana de Telesforo, Yaso y Panacea, era la diosa de la curación, la limpieza y la sanidad (posteriormente, también de la luna), mientras que su padre estaba relacionado con la medicina. La palabra Higiene, tiene su raíz etimológica en la diosa Higía. Un equivalente en la mitología romana es Salus.
El culto en Atenas a la diosa Higía data del siglo VII a.C. Plutarco, relató la construcción del Partenón en Atenas diciendo que la diosa Higía estaba presente cuando un obrero se cayó desde gran altura cuando estaba construyendo. Los médicos no podían tratarlo y esa misma noche, la diosa se apareció en sueños a Pericles y le enseñó un tratamiento para sanar al hombre herido. El albañil se recuperó y en honor a Athena Hygea se situó una estatua con su imagen cerca del altar.
Aunque había sido objeto de un culto local desde al menos el siglo VII a.C., no empezó a ser conocida fuera de este hasta que el Oráculo de Delfos la reconoció tras las plagas que devastaron Atenas entre los años 429 y 427 a.C. y en Roma en el 293 a.C. Su templos principales estaban en Epidauro, Corinto, Cos y Pérgamo.
La mitología romana, la adoptaría con el nombre de Sirona.
En el helenismo religioso moderno, una de las maneras en que se implora la voluntad de la diosa para que retribuya la salud en las personas, es recitando un himno dedicado a ella y luego realizando una libación de vino rosado.
Ven, Oh Bendecida Higía. Adorada y querida Reina Universal.
Porque a través de ti desaparecen las enfermedades del hombre, y cada casa florece llenándose de alegría.
Y a través de ti, las artes también nacen. Lo que eres tú desea el mundo, Oh Reina!. La que siempre florece, a la que siempre se la honra, descanso de los mortales.
Ven Reina, Higía, porque si tú no estás todo es innecesario, y salva de la enfermedad a tu suplicante (o a mi familia).
15/3/21
Lamia (Naga)
El historiador griego Diodoro Sículo, cuenta que Lamia era una reina de Libia, hija de Poseidón (o Belo) y Libia, a la que Zeus amó. Hera, celosa, la transformó en un monstruo y mató a sus hijos (en otras versiones, mató a sus hijos y fue la pena lo que la transformó en monstruo).
Lamia fue condenada a no poder cerrar sus ojos, de modo que estuviera siempre obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. Zeus le otorgó el don de poder extraerse los ojos para así descansar, y volver a ponérselos luego. Lamia sentía envidia de las otras madres y devoraba a sus hijos. Tenía el cuerpo de una serpiente y los pechos y la cabeza de una mujer (Naga).
A pesar de la venganza de Hera, hay algunas tradiciones que sostienen que la primera sibila era hija de Zeus y Lamia.
En la Antigüedad, las madres griegas y romanas solían amenazar a sus hijos traviesos con este personaje. El poeta romántico inglés John Keats dedicó al personaje un poema narrativo largo, que da nombre al libro Lamia y otros poemas. Se inspiró en La novia de Corinto, una historia que aparece en la Anatomía de la melancolía (1621) de Robert Burton, quien a su vez la tomó de la Vida de Apolonio de Tiana (4.25) de Filóstrato (160-249).
Según cuenta Filóstrato, Menipo, un joven aprendiz de filósofo, se dejó seducir por una misteriosa mujer extranjera que lo abordó cuando caminaba por las afueras de Corinto. La mujer insistió en que se casaran, y a la boda acudió el sabio Apolonio, quien tras observar detenidamente a Menipo declaró: “Tú, al que las mujeres persiguen, abrazas a una serpiente, y ella a ti”. La novia, en efecto, era una lamia o Empusa, y aunque al principio negaba su condición, acabó confesando que había seducido a Menipo para devorarle y beber su sangre, pues la de los mozos como él es pura y rebosa vigor.
Según opinión bastante extendida, la Lamia mitológica sirvió de modelo para las lamias o pequeños monstruos africanos, humanos de la cintura para arriba, que atraían a los viajeros con su agradable siseo y enseñando sus senos, para después matarlos y devorar sus cuerpos. La noticia más antigua de estos seres se encuentra en el discurso Quinto del orador Dión Crisóstomo, quien se refiere a ellas como "fieras líbicas", no lamias.
Posteriormente, las lamias aparecieron a menudo en los bestiarios como monstruo despiadado y salvaje. En la catedral de Pésaro (Italia) se conserva un mosaico del siglo VI en el que dos lamias aparecen representadas como pájaros con cabeza humana.
Keats describe su cambio con colores vibrantes:
… Era una figura gordiana de un tono deslumbrante, moteado de bermellón, dorado, verde y azul; rayado como una cebra, pecoso. Mirada como un pavo real, y toda barro carmesí; y lleno de lunas plateadas... Ella se retuerce de dolor escarlata y un amarillo volcánico profundo tomó el lugar a medida que cambia de forma.
31/1/21
La Serpiente Emplumada
El Creador, el Antiguo, el Dominador y la Serpiente Emplumada son los seres creadores de la humanidad mencionados en el Libro Sagrado maya, el Popol Vuh, “Ellos que dan la existencia, cerniéndose sobre el agua como una luz al amanecer”.
Se pensaba que los antepasados mayas utilizaban el término «Ellos» cuando intentaban hablar de los creadores de la humanidad. Curiosamente, relatan cómo todo llegó a ser y podremos apreciar claramente la supuesta influencia que tuvieron «Ellos» en la creación del hombre.
Al leer el capítulo Uno del libro encontramos lo siguiente:
«Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules, por eso se les llama Gucumatz (Serpiente Emplumada). De grandes sabios, grandes pensadores es su naturaleza. De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo, que éste es el nombre de Dios. Así contaban. Llegó aquí entonces la palabra, vinieron junto con Tepeu (el Dominador) y Gucumatz (la Serpiente Emplumada), en la oscuridad de la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gucumatz.
Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento. Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre. Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán. El primero se llama Caculhá Huracán (El Relámpago). El segundo es Chipi-Caculhá (El Surco del Relámpago). El tercero es Raxa-Caculhá (El Rayo que Golpea). Y estos tres son el Corazón del Cielo.»
Es interesante señalar que el Creador, el Antiguo, el Dominador y la Serpiente Emplumada no sólo crearon al hombre, sino que además:
«Luego la tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad como se hizo la creación de la tierra. ¡Tierra!, dijeron, y al instante fue hecha. Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montañas; y al instante crecieron las montañas. Solamente por un prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y los valles; y al instante brotaron juntos los cipreses y pinares en la superficie.
Y así se llenó de alegría Gugumatz, diciendo: ¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú, Chípi-Caculhá, Raxa-Caculhá! Nuestra obra, nuestra creación será terminada, contestaron. La tierra entonces fue cubierta con las diversas formas de vida animal.
El Creador y el Antiguo dice a los animales: Decid, pues, nuestros nombres, alabadnos a nosotros. Pero ¡los animales no podían hablar como un hombre! Entonces dijeron sus autores: Nuestra gloria aún no es perfecta, ya que vosotros no podréis invocarnos. Guaridas y alimentos tendréis, pero en cuanto a tu carne, se comerá. Este es tu destino.»
¿Leemos en este antiguo texto que varias veces «Ellos» trataron de crear al hombre?. Parece como si estos seres hubiesen fallado al principio y entonces «Ellos» se sentaran en el «cielo» y lo pensaran una vez más.
«Vamos a intentarlo de nuevo, hagamos de ellos los que han de ser nuestros vehículos y alimentadores.»
Así que los Creadores estaban decididos a crear al hombre:
«De la tierra roja ellos moldearon su carne; pero cuando lo hicieron, vieron que no era bueno. Él era incoherente, no tenía fuerzas, era inepto, acuoso; había sido dotado con el habla, pero no tenía la inteligencia; y luego se consumió en el agua sin ser capaz de mantenerse en pie».
Parecía como si el Creador, el Antiguo, el Dominador, la Serpiente Emplumada, «Ellos» que engendran, «Ellos» que dan existencia, no hubiesen quedado satisfechos con su creación y volvieran a desaparecer para reunirse de nuevo:
«Una vez más los dioses entraron en consejo. Se decidió que el hombre fuera hecho de la madera del tzité (alcornoque), y la mujer de la médula del zibac (sauce); pero el resultado no fue satisfactorio: eran meramente maniquís de madera. Y éstas han sido las personas que han habitado la superficie de la tierra. Existieron y se multiplicaron, pero no tenían ni el corazón ni la inteligencia, ni la memoria de sus creadores. Llevaban una vida inútil y vivían como los animales. No eran sino un intento de hombres. Debido a que no dirigían sus pensamientos hacia el Corazón de los Cielos, la faz de la tierra se oscureció, y una triste lluvia comenzó a caer. Llegaron (entonces) todos los animales, grandes y pequeños (y los hombres fueron) golpeados en sus propias caras con palos y piedras. Todos los que les habían servido hablaron, para atormentarlos; incluso sus utensilios tomaron forma y voz para añadirse a su miseria. Entonces los hombres corrían de aquí para allá, desesperados. Buscaron refugio en los tejados, pero las casas se derrumbaron sobre ellos; trataron de subir a los árboles, pero los árboles les tiraban abajo; intentaron entrar en las cavernas, pero las cavernas se cerraron ante ellos. De esta manera se logró la destrucción de estas criaturas, salvo unos pocos de sus descendientes que ahora existen en el bosque como pequeños monos.»
La tercera parte del Popol Vuh continúa la historia de la creación con el siguiente texto:
«Una vez más los dioses comulgaron juntos, y el Creador y el Antiguo hicieron cuatro hombres perfectos: su carne estaba compuesta enteramente de maíz amarillo y blanco. El nombre del primero era Balam-Quitze; el del segundo, Balam-Agab; el del tercero Mahucutah; el del cuarto, Iqi-Balam.»
Y aquí llega la parte más interesante del Popol Vuh:
«Ellos no tenían ni padre ni madre, ni nacieron por efecto de los agentes ordinarios en la obra de la Creación, sino que su venida a la existencia fue un milagro extraordinario causado por la intervención especial del Creador: Verdaderamente al fin, los dioses veían a unos seres que eran dignos de su origen.»
Como se puede observar en los párrafos anteriores del Popol Vuh, tenemos descripciones detalladas de cómo unos seres, que no eran de la Tierra, crearon al hombre.
La Serpiente Emplumada (Kukulcán o Quetzalcóatl) en el Templo de Quetzalcóatl de Teotihuacán (México).
Fuente: Ancient Origins
21/1/21
Leviatán
Leviatán (del hebreo לִוְיָתָן, liwyatan, enrollado), es el monstruo marino por excelencia.
Es una figura mitológica cuya representación más conocida se encuentra en el Antiguo Testamento. Es un monstruo marino imponente; una bestia de gran fuerza. Símbolo del caos y de los poderes anti-divinos.
En la Biblia, el capítulo 41 del Libro de Job (Antiguo Testamento) da muchos detalles sobre Leviatán como criatura marina. Está bien protegido por escamas; tiene una poderosa dentadura; de su boca salen llamas y chispas; y le sale humo por las fosas nasales. Nada puede derrotarlo; no puede ser apresado, porque rompe el hierro como si fuera papel. Y cualquiera, con solo mirarlo queda paralizado por el miedo. El mar hierve bajo el cuerpo del monstruo; deja un rastro luminoso y el abismo se cubre de espuma blanca.
En la Biblia, el Leviatán se describe como “la rápida y retorcida serpiente” o “el monstruo del mar”, y fue utilizado más tarde como una referencia al caos que existía antes de la creación, sometido cuando el orden fue establecido por Dios.
Leviatán posiblemente deriva de la diosa babilónica Tiamat, la madre de todo el cosmos, la diosa primordial de los océanos y las aguas saladas. Se la representa en la iconografía tradicional como una serpiente marina o un dragón.
Enûma Elish, el poema babilónico que narra el origen del planeta, afirma que Tiamat dio a luz a dragones y serpientes entre una lista más general de monstruos, incluidos los hombres escorpión, sirenas y tritones, pero no identifica la forma de Tiamat como la de un dragón; sin embargo, otras fuentes que contienen el mismo mito se refieren a ella como tal.
Leviatán ya se conocía en la mitología cananea (fenicia) con el nombre de Lotan o Lothan (derivado de lawtan).
En textos ugaríticos del siglo XIV a.C. Leviatán se describe como el enemigo del dios de la tormenta Baal y siervo del dios del mar Yam.
Cuando se descubrieron los textos referentes al antiguo mito cananeo de la creación, en el que Baal derrotó a Lotan, así como Marduk derrotó a la serpiente Tiamat, el origen del mito Leviatán quedó claro en relación con los babilonios.
También quedaría el mito relacionado con los posteriores referentes a las cosmogonías, en los que el dios supremo del panteón vence al caos eliminando a una bestia que, habitualmente, es un dios anterior.
Según otros, la figura de Leviatán está tomada de Sobek, el dios cocodrilo egipcio, amo de las aguas.
El filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679) dedicó su obra política más conocida a la figura del Leviatán, escrita en 1.651, en la que el monstruo marino se transformó de en símbolo del Estado.
Fuente:https://elretohistorico.com/el-leviatan-el-monstruo-marino-de-la-mitologia-biblica/
17/12/20
Lebe - La Serpiente Dogon IV
El pueblo Dogon del Sahel, en África Occidental, puede ser la prueba más consistente de que la Tierra fue visitada en una época remota por seres del espacio exterior.
Según los dogon, en la montaña sagrada Youga Dogorou tuvieron lugar los primeros signos que anunciaban la llegada de los Nommo desde Sirio. La montaña, un día de repente se puso de color rojo y en la aldea crecían calabazas gigantes que nadie había plantado.
Y en esa montaña sagrada, según los dogón, se produjo la primera muerte de un nommo. No saben con certeza como pasó, pero los dogon aseguran que el nommo fue “crucificado” y al poco resucitó. Y dicen que volverá para salvar al mundo.
La tradición Dogon dice que hasta la zona de la meseta de Youga Dogurou, a plena luz del día, se vió una estrella muy brillante a la que llamaron “Ie-pelu-tolo”: La estrella de la décima luna. Lo curioso es que al llegar a la Tierra, esta estrella ya no tenía forma circular, sino que parecía una gran cesta o pirámide de base cuadrada. Para los dogón, este objeto fue un problema porque cuando aterrizó quemó plantas, animales y personas, y este sería el origen de los albinos. Por eso los albinos son especiales para ellos, los temen y los repudian.
De ie-pelu-tolo salieron ocho Nommo que tenían cuerpo de pez, 40 dientes muy afilados, no tenían orejas, y para escuchar ponían sus manos sobre unos orificios laterales. Los ojos eran rojos y en el cuello tenían arrugas. Solo tenían 3 dedos y vivían en el agua. Esos seres bajaron a la Tierra para enseñar a los hombres. Vivieron con los dogón y les enseñaron a cómo cultivar la sabana y a fabricar herramientas.
Pero esos seres también capturaban a personas y los mataban. Según sus historias, les introducían una lengua bífida por la nariz y les extraían la sangre. En el año 2.000, algunos dogón han vuelto a ver a los supuestos nommos, y los describieron con el pelo muy largo y medio cuerpo de pez. Los vieron como se movían por el suelo sin tocarlo.
Significativamente, el término “nommo” en la lengua Dogon se relaciona con el agua; también suelen referirse a ellos como “Maestros del Agua” e “Instructores”. Los describen como seres anfibios, mitad hombres; localizan su recalada en algún punto ubicado al nordeste del territorio en el que actualmente se asientan.
Esto establecen inquietantes paralelismos con la leyenda Sumeria de los Oannes, recogida por el historiador babilónico Beroso. Según el mito sumerio, los Oannes tenían forma de pez mezclada con hombre, y surgieron del Mar Rojo.
El contacto de los Dogon con los dioses de Sirio acabó en una liturgia, un ritual en el que se baila frenéticamente entre 3 y 5 días. Se bebe cerveza de mijo y se exhiben 28 tipos de máscaras. Todas ellas hacen alusión a los nommos. La máscaras, que se llaman Ka nagas, tienen forma de H.
14/12/20
Lebe - La Serpiente Dogon III
El culto de Lebe está relacionado con el ciclo agrícola. En todos los pueblos dogón hay un santuario Lebe.
El santuario está a cargo del líder espiritual de la aldea, el hogon, sacerdote principal de la deidad. Se dice que Lebe visita al hogon cada noche en forma de serpiente para purificarlo y darle fuerza e inspiración.
La secta Lebe adora al antepasado Lébé Serou, el primer ser humano mortal que en el mito Dogon, se transformó en una serpiente. El altar es una estructura cónica puntiaguda sobre la cual el Hogon ofrece mijo hervido mientras menciona en su bendición ocho granos más uno. Luego, el Hogon realiza algunos rituales en su casa que es el hogar de Lebe. El último día, todos los hombres del pueblo visitan todos los altares de Binou y bailan tres veces alrededor del altar de Lebe.
La divinidad elegida para el mes de agosto en el calendario damanhuriano es Lebe, que en la mitología del pueblo Dogón es el ancestro de toda la humanidad, aquel que se ofrece a sí mismo para que puedan nacer otros seres humanos.
El dios creador es Amma, la celebración es una vez al año y consiste en ofrecer mijo hervido en el altar cónico de Amma, y todas las sectas están dirigidas al dios Amma.
En su tradición, el dios creador de todas las cosas, Amma, indicó a Lebe que fingiese estar muerto y que se dejara enterrar. De esta manera, el cuerpo de Lebe podría ser devorado por la serpiente enviada por el mismo creador. La serpiente, después de la comida, vomitó algunas piedras que fueron colocadas en el suelo reproduciendo el diseño del cuerpo humano. De ellas se generaron todas las mujeres y todos los hombres, mientras que Lebe, en la forma de una serpiente, continuó su vida asociada a la tierra, la vegetación, a todo lo que muere y renace. A través del sacrificio y la transmutación de su cuerpo físico Lebe es una especie de padre de toda la humanidad.
En el mito de los Dogón la creación de la humanidad se realiza a través de un acuerdo entre la divinidad y un antepasado, que es un iniciador divino consciente y por elección de la estirpe que de él deriva. Su figura atrae la conciencia de todos los seres humanos de ser el fruto de una elección de sus antepasados y no solamente de una intervención divina.
Las piedras que salen del cuerpo de la serpiente que engulló a Lebe, representan no solo a los seres humanos, sino también a las relaciones sociales, la comunidad, el matrimonio, el respeto, y recalcan la voluntad precisa no solo de existir, sino también de elegir los propios valores y de ordenar la manera para ser un pueblo.
Sobre las paredes de los Templos de la Humanidad, Lebe está representado señalando el firmamento pintado en el cuerpo de la diosa egipcia del cielo Nut, para compartir la conexión con las estrellas y el universo con cualquiera que vea las preciosas pinturas de las paredes del templo. Lebe nos invita a cuestionarnos sobre el origen de la humanidad, sobre quiénes somos realmente y cual es la verdadera historia de nuestro planeta, en relación a una civilización galáctica mucho más grande.
Lebe, a través de caminos arcanos y misteriosos, conoce los secretos del firmamento y nos los señala, dibujados en el cuerpo de Nut, que es una fuerza divina también ligada al renacimiento. Tal vez, el mensaje del héroe Dogón es este: “Estamos vivos y nacemos y renacemos continuamente para seguir viviendo, para que de esta manera podamos participar en la realización de los designios universales”.
Lebe nos invita a reflexionar sobre la importancia de la conciencia del por qué existimos: Nosotros “existimos” porque quisimos existir, porque a través de un acuerdo con una fuerza mayor que nosotros decidimos participar en el gran juego de la vida en las formas.
Lebe nos recuerda que no solo hemos descubierto que existimos, lo hemos decidido: Esto es una gran responsabilidad y una gran fuerza. Cada vez que nos enfrentamos a los desafíos que nos encontramos, elegimos existir con más intensidad, ser una parte más consciente del universo. Afrontar con coraje y compromiso los problemas colectivos de esta época y los del planeta, con el mismo sentido de responsabilidad y atención con que tratamos nuestros problemas personales, nos permite afirmar nuestra voluntad de crecer.
https://www.damanhurblog.es/2020/08/27/articulos-principales/lebe-el-ancestro-consciente/
Continuará...
7/12/20
Lebe - La Serpiente Dogon II
El Arca primordial KORO NA
La leyenda Dogon afirma que la fuente primigenia del saber astronómico fueron los “Nommos”, seres que llegaron a la Tierra procedentes del satélite de Emme Ya, aproximadamente hacia el año 3.000 A.E.C.
El primer Nommo, primer antepasado que bajó a la tierra, obtuvo el permiso y la gracia del Dios Amma para emprender su viaje. Para ello construyó un Arca en la que introdujo todo lo necesario para su viaje así como las herramientas, simientes y todo tipo de útiles que necesitaría al llegar a la tierra. El arca descendió sujeta por un hilo de cobre, como el suelo estaba seco, el Nommo se convirtió en caballo para tirar del arca hasta que llegaran las lluvias. El arca fue flotando ayudada por caballos hasta el lugar en donde están actualmente asentados los Dogon.
En la imagen, observamos una pequeña reproducción del Arca a las cuatro parejas de gemelos, son los Nommos, los antepasados primordiales, nacidos de una pareja de barro modelada por Amma. Pero primeramente Amma se unió a la Tierra, que convirtió en su esposa, y de esta unión nació un hijo imperfecto el Chacal Pálido, Yurugu, con la apariencia de hombre y de serpiente.
La Tierra le dio un segundo hijo, Nommo, a la vez macho y hembra, maestro de la palabra, que transmitió sus enseñanzas a los ocho antepasados primordiales, que a su vez fueron bajando a la tierra a transmitir sus conocimientos a los hombres. Los ocho Nommos son al mismo tiempo hombre y mujer.
Vemos también la Serpiente, que es el séptimo Nommo, que fue matado y transformado en la serpiente Lebe a la que desde entonces se rinde culto. Lebe fue la encargada de transmitir la palabra a los hombres para poder así comunicar con los espíritus. Lebé protege los campos y regenera la tierra, sus mudas son signo de renovación.
También aparece el cocodrilo, animal mítico de los dogon, representado en las pilastras de Toguna (la Casa de la Palabra), en las puertas de granero y en numerosos objetos sagrados o utilitarios. El cocodrilo representa a Binu Seru, uno de los antepasados primordiales que al igual que los otros representa uno de los cuatro elementos de la naturaleza, el agua, como Lebe Seru representa la tierra, Diogu Seru el fuego y Amma Seru el aire.
Continuará...
Fuente:http://www.artedeafrica.com/detalle-exposicion.php?id=1753&category_id=44
















