11/11/20

Reyes Nagas (India)

El dios Krisna baila sobre las cabezas del naga Kalíia, mientras las esposas del naga le oran.

En la mitología hinduísta, los nagas son un tipo de semidioses inferiores con forma de serpiente. La palabra sánscrita naga, posiblemente es un autogentilicio en el idioma de la etnia naga

En el gran texto épico Majabhárata (siglo III a.C.), la representación de los nagas tiende a ser negativa. Se los trata como las víctimas que merecían la muerte en el sarpa iagñá (el sacrificio de serpientes).

El texto los llama “perseguidores de todas las criaturas” y dice que las serpientes tenían veneno virulento, gran poder y exceso de fuerza y siempre intentaban morder a otras criaturas.

Al mismo tiempo, los nagas juegan un papel importante en las leyendas narradas en el texto, frecuentemente no más malvados que los demás protagonistas, incluso a veces del lado de los "buenos". Generalmente en el texto aparecen con forma de humanos y serpientes. Por ejemplo, la historia de cómo el príncipe naga Shesha terminó sosteniendo al mundo sobre sus capuchas comienza con la escena en que él aparece como un dedicado asceta humano, el cabello recogido con un rodete, la ropa hecha jirones, y su carne y piel seca debido a las austeridades que estaba practicando. El dios Brahma queda complacido con Shesha, y le encarga sostener el mundo sobre su cabeza. En este punto, Shesha aparece con los atributos de una serpiente. Entra por un agujero en la Tierra y se desliza hasta el fondo, donde carga la Tierra sobre su cabeza.

El gran némesis de los nagas en el Majabhárata es el gigantesco hombre-pájaro Garudá.

El sabio Kashiapa tuvo dos esposas, Kadru y Vinata. La primera quería tener muchos hijos, y la segunda quería tener pocos pero muy poderosos. El sabio cumplió sus deseos, Kadru puso mil huevos (de los que nacieron serpientes) y Vinata puso dos huevos de los que nacieron Aruna (el auriga de Suriá) y Garudá.

Por una apuesta, Vinata y Garudá se convirtieron en esclavos de Kadru y tuvieron que cumplir las órdenes de las serpientes. Aunque Garudá cumplía todos los caprichos de los nagas, se generó en él un rencor al que nunca renunciaría. Cuando le preguntó a las serpientes lo que tendría que hacer para ser liberado de su cautiverio, le dijeron que tendría que llevarles el amrita, el elixir de la inmortalidad. Garudá robó el elixir de los dioses y se lo llevó a las serpientes, con lo que cumplió la orden, pero mediante una trampa evitó que lo repartieran y obtuvieran la inmortalidad. Desde ese momento, él las consideró enemigos y comida. 

Matali, el auriga del dios Indra, quería casar a su hija Gunakeshi. Se acercó al naga Ariaka y le propuso casarla con su hermoso nieto Sumukha. Ariaka replicó que Garudá había declarado su decisión de devorar a ese nieto, tal como ya había comido a su hijo. Matali persuadió entonces a Indra y a Visnú para que le dieran a Sumukha un trago de amrita (el elixir de la inmortalidad). Sumukha tomó la poción y pudo casarse felizmente con Gunakeshí.

Dice el Majabhárata que Kadru, la madre ancestral de las serpientes, hizo una apuesta con su hermana Vinata, cuya prenda era que la perdedora sería esclava para siempre de la ganadora. Ansiosa por asegurarse la victoria, Kadru les pidió ayuda a sus hijos. Ellos se negaron, por lo que Kadru se enojó y los maldijo para que murieran en un ”sacrificio de serpientes” que realizaría un rey Yanam Eyaiá, hijo de Majarash Paríkshit, a principios de la era Kali Yuga (para la que faltaban unos 4 millones de años), nieto de Abhimaniu y bisnieto de Aryuna.

Vasuki (rey de las serpientes nagas) supo de esta maldición. Entonces fue a buscar al asceta Yárat Karu (vieja acción) para ofrecerle en matrimonio a su hermana, que quedó registrada en la leyenda como Yárat Karu Priiá (amada de Yáratkaru), Bhaguiní Yárat Karu (esposa de Yáratkaru), Yárat Karu Bhaga (la vulva que utilizaba Yáratkaru).

De la unión del humano con la serpiente nació un niño con la piel estriada y brillante. El hijo se llamó Astika.

Cuando el rey Yanam Eyaiá finalmente hizo el sacrificio de serpientes para matar a Taksaka (hermano de Vasuki), comenzó a atraer hacia el fuego a todas las serpientes del mundo. Entonces el sabio Astika se acercó al rey, elogió el sacrificio en términos tan elocuentes que el rey le ofreció cualquier favor que quisiera. Astika inmediatamente le pidió que acabara con el sacrificio. Aunque primero se arrepintió de su oferta, finalmente Yanam Eyaiá cumplió su palabra e interrumpió el sacrificio.

Cuenta el Majabhárata que Vasuki (uno de los tres reyes de los nagas, siendo sus hermanos Shesha y Taksaka) ayudó a los devas (dioses) y a los asuras (demonios) a extraer el amrita (el elixir de la inmortalidad) del océano de leche (uno de los océanos concéntricos que rodearían la India, según los hinduistas) siendo utilizado como cuerda, enroscado en el monte Mandara para batir las profundidades del océano. 

Varuna, el dios védico de las tormentas, es considerado el rey de los nagas que viven en los Patala, el séptimo planeta del inframundo. Son hijos de Kashiapa y Kadru. Entre los más importantes se cuentan Manasá, Shesha Naga, Vasuki y Taksaka. En el norte de la India, hay comunidades que se hacen llamar naga vanshi (linaje de los nagas) porque se consideran sus descendientes. Según una tradición, los hindúes creen que el gramático Patanyali era una encarnación de la serpiente divina Adi-Sesha Naga.

El Nilamata-purana, del siglo VII menciona que el valle de Cachemira está habitado por dos tribus: los nagas y los pisachas.

A los pisachas les gusta la oscuridad y tradicionalmente frecuentaban lugares de cremación, junto con otros monstruos como los bhutas y los vetalas. Los pisachas tienen el poder de asumir diferentes formas a voluntad, y también pueden llegar a ser invisibles. Se alimentan de las energías humanas. A veces, poseen a los seres humanos y alteran sus pensamientos, y las víctimas son afectadas por una variedad de enfermedades y anomalías como la locura. Se supone que ciertos mantras pueden ahuyentar al pisacha que posee a esa persona en particular, lo que cura la enfermedad. Con el fin de mantener alejados a los pisachas, se les da una parte de las ofrendas durante ciertas funciones religiosas y festivales.

Lugares donde donde viven los nagas:

    -Patala (o Nagaloka), el séptimo de los planetas infernales del inframundo. Su capital se llama Bhoga Vatī.

    -Lago Mana Sarovara, lago de los grandes nagas Monte Sumeru.

    -Nagalandia, en el noreste de la India, habitado actualmente por tribus nagas.

    -Kacha Naga, tribus nagas que viven fuera de Nagalandia.

    -Naggar, pueblo en la cordillera de los Himalayas (en el Tíbet), que deriva del nombre de las tribus nagas.

    -Nagpur, ciudad india cuyo nombre deriva de Naga Pura (ciudad de nagas).

    -Océano Pacífico, según un mito camboyano.

    -El pozo de Shesna, en Benarés (a orillas del río Ganges), que se dice que es la entrada a los Patalas (infiernos).

    -Nagadaa, sitio en Pakistán donde se cree que se llevó a cabo el genocidio de los nagas (naga iagñá ‘el sacrificio de las serpientes’).

    -Río Mekong, que cruza Tíbet, China, Birmania, Tailandia, Laos, Camboya y Vietnam.

    Fuente: Wikipedia

25/10/20

Ofitas de Perú (IV)

                     Mina de Topía

En la provincia de Topira, actual Topía en Perú, los conquistadores españoles vieron un templo, frente al cual había un foso que contenía una gran imagen de una serpiente de diversos metales, con la cola en la boca. Un hombre era sacrificado cada año.

Los ancestros peruanos adoraban a las serpientes y las mantenían representadas en sus templos y casas.
La adoración de la serpiente en Perú fue eventualmente reemplazada por la superstición solar de los Incas. Habiéndolo suprimido en su propio país, llevaron a cabo una guerra de proselitismo en los estados vecinos. 

Tupac Yupanqui, el undécimo inca, conquistó a los chacapuyanos y mató a su deidad, la Serpiente. Esa provincia se encontraba al Este de Cajamarca. Luego venció a la Huacrachuca que también adoraba serpientes, y las mantuvieron siempre dibujadas en sus casas y templos.

En la guaca El Toro, un yacimiento arqueológico situado en el distrito de Oyotún, en el departamento de Lambayeque, en el norte de Perú, un equipo dirigido por el arqueólogo peruano Walter Alba (el descubridor de las tumbas reales de Sipán en 1987) hizo un descubrimiento sensacional: un templo megalítico de hace unos 3.000 años donde, muy probablemente, se llevaron a cabo rituales de culto al agua, y que fue levantado por una civilización hasta ahora desconocida.

La monumental estructura está rodeada de imponentes muros. Delante del templo hay una plaza en la que se alza un altar que presenta unos pequeños orificios que, según Alva, son típicos de los altares de agua que se encuentran en otros lugares, y se halla en los manantiales del río Valle de Zaña.
De hecho, la situación del templo es importante, ya que está ubicado en lo que se llama el Tinkuy, es decir, la unión de dos ríos que eran espacios sagrados en las culturas antiguas. La unión del río Nanchoc con el Udima para formar el río Zaña.


15/10/20

Ofitas de Perú (III)


En la ciudad de Chan Chan, al norte de Perú y muy cerca del océano Pacífico, un grupo de investigadores descubrió el que se considera el mayor sacrificio humano no solo del continente americano, sino del mundo entero. Todas las víctimas son menores de edad, de entre 5 y 14 años.

Según ha revelado National Geographic, colaborador en la excavación arqueológica, este curioso ritual tuvo lugar hace 550 años, entre el 1.400 y 1.450, durante la presencia de “El Niño” un fenómeno climático que nace por el calentamiento de las aguas del océano y que provoca fuertes lluvias e inundaciones.
Para el sacrificio, se utilizaron más de 140 niños y 200 llamas jóvenes, que fueron encontrados muy cerca del llamado Huanchaquito-Las Llamas, en un acantilado a 300 m. sobre el nivel del mar.

En un punto concreto del antiguo Imperio Chimú donde ya fueron hallados en 2.011 los restos de otros 42 niños y 76 camélidos. Un descubrimiento que motivó la excavación que ahora ha destapado este ritual a gran escala. Los restos óseos de los cuerpos presentan cortes en el esternón y dislocaciones de costillas, lo que señala que les cortaron el pecho para extraer su corazón. Junto a ellos, un hombre y dos mujeres adultas cuya función en la ceremonia todavía es un misterio.

Todas las víctimas del sacrificio fueron asesinadas y enterradas al mismo tiempo, ya que la capa de barro seco que cubre la fosa, de casi 700 metros cuadrados, permanece prácticamente inalterada.
La mayoría de niños presentan una sustancia roja en el rostro, compuesta por azufre y mercurio, y están enterrados mirando al mar. Posiblemente ofrendaron lo más importante que tenían como sociedad y lo más importante es el futuro, los niños, aseguró Gabriel Prieto, líder de la excavación.

Los expertos han quedado sorprendidos ante la naturaleza de este acto, hasta ahora inexistente en la civilización precolombina chimú. A lo largo de la historia, los sacrificios humanos han formado parte de otras culturas ancestrales como los aztecas, los mayas o los incas, pero jamás en esta zona.

Continuará...

1/10/20

Ofitas de Perú (II)

        Guaca del Dragón en Trujillo (Perú)

La relación próxima entre el hombre andino y las guacas puede comprobarse por la gran cantidad que hay dispersas en el Tawantinsuyu, las mismas que en algunos casos, aún en la actualidad son objeto de veneración. Como centro religioso, las guacas son también famosas por ser el lugar donde se depositaban ofrendas.

En los Andes centrales del territorio del actual Perú, fue el lugar de donde según la mitología inca salió la primera pareja formadora de cada comunidad andina (aillu) después del diluvio universal, de acuerdo al mandato de Apu Kon Ticci Viracocha (en quechua: Apu Qun Tiqzi Wiraqucha), El Hacedor, que les determinó un tiempo y lugar donde deberían resurgir a fin de que se volviera a repoblar la tierra y fueran los padres de las diferentes naciones o comunidades andinas (Manco Cápac y Mama Ocllo fueron una de estas parejas).

Es este lugar de origen (que podía ser una cueva, un árbol, el sitio donde cayó un rayo, un cerro, una mina, un lago, etc.) donde los aillus más prósperos solían construir los respectivos adoratorios de adobe (costa), piedra (sierra) o sobre una isla (lago), lugares que por extensión también fueron conocidos como guacas. También por mandato de Wiracocha, estas primeras parejas fundadoras del aillu retornaban al estado en que salieron a su muerte y se volvían las deidades protectoras (apus) de la comunidad a los que se veneraban.

Los soldados imperiales incas marchaban a la guerra formados por escuadrones de acuerdo a su comunidad de origen y por lo tanto tótems que representaban a su respectiva guaca (el rayo, el cóndor, el cerro, el arcoíris, etc.), por ello una de las maneras más terribles para castigar a los pueblos muy rebeldes era justamente la destrucción de sus guacas y momias, con lo que se rompían los vínculos que mantenían unida a esa comunidad; por la misma razón, cuando se conquistaba un reino de respeto en el que se reconocía de la misma cultura y cosmovisión andina el rey vencido (o un rey aliado de buena fe) era reconocido y llevado con todos los honores a la ciudad del Cuzco, donde a su muerte su momia pasaba a integrar y vivir espiritualmente como un todo con el Ombligo del Mundo, de ahí el estatus de sagrada de la ciudad imperial como mayor centro religioso andino, porque de esta manera la sagrada Guaca Viviente (el sinchi, curaca o Capac, jefe, señor feudal o rey), descendiente de la primera guaca, solo fijaba un nuevo punto de adoración. Tal es el caso del Chimú Cápac o Rey Chimú (descendiente del Señor de Sipán) y de los reyes Lupaca y Zapana de los dos Reinos Collas (aymaras) del Altiplano, derrotado uno, aliado del otro.
En el Cusco, los ceques consistían en líneas imaginarias que partían desde el Coricancha y se dirigían hacia cada guaca, conformando un total de 328 guacas. Cumplían funciones de orden político, social y religioso.
El Coricancha era el principal templo de la cultura inca. Al amanecer del equinoccio, el Sol atraviesa la puerta del recinto oriente y cruza el pasillo de la guaca. Al atardecer realiza el camino inverso. La diagonal del pasillo de acceso señala la línea Norte-Sur. Mediante este sencillo método, y utilizando barro y piedras como materiales de construcción, los astrónomos incas lograban observaciones de gran precisión.

En Colombia, guaca se refería entre los pijaos, a lugares sagrados o con valor religioso, santuarios naturales (cavernas, volcanes, fuentes de agua), templos para ritos y otros lugares sagrados para sus comunidades como las tumbas de sus ancestros; en general espacios en los que se celebraba respeto sacramental.

Algunos cronistas de indias lo describen así:
...Hubo en las Indias gran curiosidad de hacer ídolos y pinturas de diversas formas y materiales y a estas adoraban por dioses las llamaban Guaca. (P. Acosa).

...Llamaban a estos cementerios que ellos tienen por sagrados, Guaca. (Cieza de León)

Continuará...

29/9/20

Ofitas de Perú (I)

                  Panel Central en la Guaca del Dragón, Trujillo (Perú)

La Guaca del Dragón, también llamada Guaca del Arco Iris, está ubicada en el norte, en las afueras de la ciudad de Trujillo, en el distrito de La Esperanza y cerca de Chan Chan, en Perú.
Se trata de un gran monumento religioso, centro ceremonial y administrativo construido en adobe, cuyos murales están decorados con frisos en relieve mostrando figuras antropomorfas y representando estilizadamente el arcoíris. Si bien algunos arqueólogos atribuyen este monumento a la Cultura Chimú (1.100-1.450), otros afirman que este adoratorio fue construido por la Cultura Moche (800-1.000)

Al ingresar a la Guaca del Dragón podemos apreciar una rampa que conduce a un primer nivel que presenta figuras talladas en las paredes en forma de dragón y sobre estas figuras se representa a un arcoíris. Otra rampa, más pequeña que la primera, nos conduce al segundo nivel, en este nivel hay catorce depósitos, lo que indica que no solo era un adoratorio, sino un centro de acopio de bienes para el abastecimiento de quienes vivían allí y sus alrededores,
Se trata de una pirámide formada por una doble plataforma protegida por una elevada muralla con un solo ingreso al conjunto arquitectónico. Las típicas rampas de la época dan acceso a la Guaca desde la parte superior.

Los muros de las plataformas están decorados con bellos altorrelieves. Una figura adopta la forma de un arcoíris en forma muy estilizada en pos de engullir a un personaje, con cada cabeza. Al centro figuras antropomórficas en forma de Dragón con las fauces abiertas comparten el bocado. Una figura bicéfala posada sobre una pequeña plataforma o altar comparte entre sus fauces un Tumi.

Guaca, huaca o waca, del quechua wak'a designaba todas las sacralidades fundamentales incaicas: santuarios, ídolos, templos, tumbas, momias, lugares sagrados, animales, aquellos astros de los que los aillus o clanes, creían descender, los propios antecesores, incluyendo a las deidades principales, el Sol y la luna, los cuales eran venerados a través de diferentes ceremonias.
Este concepto se origina en la cultura que el Imperio incaico impuso a todos sus dominios en América del Sur. Los incas creían que el inca Túpac Yupanqui podía hablar con las guacas, y por medio de estas conocía los hechos pasados y futuros.

Según la tradición prehispánica, las guacas poseen personalidad propia y forman parte de los panteones locales de las culturas incaicas y preincas junto con las demás deidades andinas mayores como Wiracocha, Pachacamac o Pariacaca.

Continuará...

22/9/20

Ofiolatría Inca


El nombre de América viene de “Amaruka” que significa Tierra de la Serpiente de sabiduría. La tierra de la serpiente emplumada no tiene nada que ver con Américo Vespucio. Amaruka proviene de un antiguo Dios Inca asociado con la serpiente.

Amaru (Serpiente) de gran importancia en la cosmología andina, ha estado presente desde muy antiguo en su iconografía. Su simbolismo es amplio: agua, rayo, fuerza, continuidad, vía láctea, totalidad.
La mascaypacha o corona real de los incas no es otra cosa que la representación de amaru. Símbolo de la realeza cuzqueña, el Inca Garcilaso lo incluyó en el escudo que diseñara para sí mismo, colocando a la izquierda los símbolos de su ascendencia española, y a la derecha los de su familia materna: inti, quilla, la mascaypacha y amaru.
Amaru (en quechua) es la serpiente o culebra de gran tamaño. En aimara, con igual significado, Katari es el nombre de una deidad representada como una Serpiente alada, con ojos cristalinos, hocico rojizo, cabeza de llama, y una cola de pez.

En la época incaica era tótem de la sabiduría, motivo por el cual en las Casas del Saber (Yachay Wasikuna) se colocaba la imagen de dicho ser.
Amaru simboliza el agua que corre por los canales de irrigación, ríos y vertientes y que hacen posible que las semillas del cultivo se transformen en hortalizas. Además se dice que todo aquello que compone la vida está escrito en las escamas del Amaru.
Es una deidad que se relaciona con la vitalidad del fuego que permite la existencia del pueblo aimara. Su fiesta, se realiza en el mes de agosto cuando se produce la limpieza de los canales de irrigación, siendo el cabeza de familia quien oficia de celebrante. Los cultos de Amaru, Mallku y Pachamama son las formas más antiguas de celebración que los aimaras aún realizan en la actualidad.

La noción de Amaru o de Katari asociado a las aguas ha tenido mutaciones y en cuanto a "serpiente voladora" (es similar a las deidades mesoamericanas Kukulkan o Quetzalcoatl) también simboliza a las exhalaciones o rayos que caen del cielo (considerados muchas veces como fertilizadores de la tierra), de hecho el nombre quechua Túpac Amaru significa "encuentro de serpientes" o "lucha de serpientes".

Los Amarus de Junín o Amaru Aranway son dos seres hermanos mitológicos que forman parte de un relato dentro del folclore del Departamento de Junín en Perú.
En Tiwanaku (principal centro de culto y cultural aimara), en un qalawawa o monolito de piedra también se puede observar la figura de Amaru además de la de Mallku.

En Cusco, dentro de la cosmovisión andina, el Amaru representa el comunicador del cielo y la tierra, primero como "Illapa" Rayo que va a la tierra, luego como serpiente, agua, etc., del Hanan Pacha (Mundo Celestial) pasa por el Kay Pacha (Mundo actual) al Ukhu Pacha (Mundo Interno o madre Tierra). Siendo una deidad como lo tenían los Chinos, Mayas-Aztecas, su representación es como la serpiente alada, pasando de un mundo a otro como gran comunicadora de los dioses incas.



20/9/20

Ofiolatría Mapuche

Trentren-Vilu y Caicai-Vilu (en mapudungun: Trengtreng Filu, Kaykay Filu), son Serpientes de la mitología mapuche que en las últimas décadas del siglo XX fueron reintroducidos en la mitología chilota.

La apariencia de Caicai sería la de un ser mitad culebra y mitad pez; y la apariencia de Trentren, la de una culebra gigante.
Ambos son seres poderosos, Caicai-Vilu es la "serpiente marina" que tiene el poder para dominar el mar y todo lo relacionado a él y Trentren-Vilu es la "serpiente terrestre" que tiene poder para dominar la tierra, y sus volcanes.

Según los mapuches, estas dos serpientes serían originalmente los hijos de los Pillanes más poderosos, que como castigo habrían sido convertidos en estos seres. Así que el hijo de Peripillán fue convertido en una inmensa serpiente que sería Caicai y el hijo de Antu convertido en una serpiente que sería Trentren. Ambas serpientes serían adversarias, como lo fueron Antu y Peripillán.
Caicai habría sido mandada a vivir en el mar para ayudar a cuidarlo junto a los Ngen-ko, y Trentren habría sido mandada a vivir en la tierra para ayudar a cuidar junto a los demás Ngen a la tierra, y para ayudar al ser humano. Siendo así como estas dos culebras son un instrumento a través del cual también se cumple la voluntad de los antiguos espíritus mapuche.

Se dice que cuando Caicai despertó de su gran sueño de varios años, a causa del desagradecimiento que tuvieron los hombres por todo lo dado por el mar; Caicai se enfureció y usó su cola en forma de pez para golpear el agua. Con ello inició un gran cataclismo que empezó a inundar y crear un diluvio en todo el territorio; ya que tenía el deseo de castigar al ser humano y de incorporar toda la vida terrestre a sus dominios. Caicai ordenó a las aguas que inundaran los valles y cerros, y que llevasen a todos los habitantes al fondo del mar.
Al ver Trentren, que los habitantes y animales estaban desesperados y que los hombres la invocaron, y como por órdenes de su padre, ella era quien debía proveerles de sabiduría y protección; decidió ayudar a los seres humanos. Así ayudó a escapar a los habitantes y a los animales subiéndolos en su lomo y llevándolos a los cerros; y a los que quedaban atrapados por las aguas, los transformó en aves para que escaparan volando; a los que se ahogaban en peces y mamíferos marinos (siendo uno de ellos el origen del cahuelche), y a los ahogados en sumpall. Los seres humanos que quedaron inmóviles por el terror que sentían, se habrían transformado en mankial.

Pero como el mar seguía subiendo de nivel, Trentren tuvo que ordenarles a los cerros que aumentaran de altura para contrarrestar el poder de Caicai. Entonces Cai-cai empezó a luchar contra Trentren en una titánica batalla que duró mucho tiempo, hasta que ambas serpientes se cansaron, con lo cual Trentren venció parcialmente al no haberse inundado toda la tierra, sin embargo, las aguas no volvieron totalmente a su nivel antiguo; con lo que Chile obtuvo su actual geografía.
Posteriormente, según la tradición chilota, Caicai se conformó con la porción de tierra obtenida que logró inundar, y delegó sus funciones referente al mar, al gran Millalobo.

Según la tradición mapuche, después del cataclismo, todos siguieron su vida tranquila; hasta que un día Trentren se encolerizó por la actitud que tenían los hombres, e hizo que todos los volcanes entraran en erupción, la población tuvo que mudarse a otros lugares más seguros. Desde ese momento, Trentren continúa manifestándose mediante temblores, terremotos y erupciones volcánicas, mientras que Caicai causa los maremotos e inundaciones cuando se revuelve en medio de su sueño.
En los alrededores de cada comunidad mapuche hay un cerro considerado Trentren, es decir, el lugar en que vivía la serpiente de la tierra y en el que se refugió la vida terrestre durante el cataclismo.

Versiones posteriores del mito suelen también describir a las serpientes Trentren Vilu y Caicai Vilu como espíritus femeninos.
En Argentina existen otras versiones posteriores, las cuales cambian a los padres originales de ambas serpientes míticas, indicando que serían hermanos o hijos de los dioses Nguenechèn (Ngenechén) y Kushe (Kuyén Kushe).

En el ámbito literario, Miguel Serrano reinterpreta el mito de las serpientes en su obra «Ni por mar ni por tierra» (1950), asociándolas a un cataclismo primordial de la especie humana, donde el archipiélago de Chiloé (Chile) subsistiría como un elemento residual del continente perdido de Lemuria.


17/9/20

Ofiolatría Anasazi


La zona conocida como Four Corners (las Cuatro Esquinas), donde convergen Arizona, Colorado, Utah y Nuevo México, fue el lugar donde habitaron los Anasazi durante más de cien años.

Toda la meseta está repleta de escarpados cañones inhóspitos, bien disimulados entre las rocas. Los dos ríos más importantes que recorren estas tierras son el río Grande y el Colorado. Hoy en día, la mayor parte de esta región está cubierta de bosques de pinos piñoneros y enebros. Pero hace novecientos años estaba lleno de campos de maíz, calabazas y judías. Los arqueólogos creían que con los cultivos de esta zona, los anasazi abastecían a cuarenta mil o cincuenta mil personas.
Los historiadores reagrupan con la designación anasazi (los antiguos) a distintas culturas similares que residieron en la misma zona: los hohokam, los mogollón y los patayan, desaparecidos todos antes del siglo XVI.

Los anasazi no dejaron ningún documento escrito. Sin embargo, los indios navajos, que hoy en día habitan en las Cuatro Esquinas, siempre han estado alejados del Cañón Chaco. Si se les pregunta por qué, afirman: “Allí sucedió algo malo”.

Nadie sabe a ciencia cierta cuál era la religión de los chacos, pero muchos arqueólogos creen que tenían un lado oscuro y misterioso y que esto podría explicar los actos de canibalismo y también el hecho de que la gente anduviese más de ochenta kilómetros sólo para ir al poderoso centro ceremonial.
El arte rupestre es un legado que no deja lugar a dudas sobre la Ofiolatría de “los antiguos”, las serpientes abundan en los petroglifos que dejaron los anasazi.

Los indios norteamericanos se niegan rotundamente a que se identifique a sus antepasados como caníbales. Pero muchos arqueólogos han encontrado pruebas concluyentes en los asentamientos anasazi. Citan como tales las pequeñas zonas de brillo que se forman cuando un hueso es cocinado en una olla de barro y marcas de cortes y abrasiones en los restos humanos que son idénticas a las que tienen los animales que han sido consumidos. Y el asentamiento de Archie Hansen está lleno de estos indicios.

Los toltecas o los aztecas practicaban rituales sangrientos en los que se sacrificaba a humanos, tal vez esto podría explicar por que el canibalismo apareció en la historia de los anasazi. Pero no es más que una de las teorías que se siguen barajando.

Los anasazi dejaron huesos sospechosos de canibalismo en unos cincuenta asentamientos arqueológicos. Pero lo realmente curioso es que casi todas las fechas de las pruebas son de ese mismo período, que comprende desde 900 d.C. hasta alrededor del año 1150. Estas fechas corresponden exactamente al período en el que la civilización anasazi estaba encabezada por un lugar llamado Cañón Chaco, una ciudad tan misteriosa como grandiosa en medio de la nada; la ciudad más extraña que los anasazi construyeron, ahora convertida en unas desoladas ruinas en el desierto de Nuevo México.

El Wendigo es parte del sistema tradicional de creencias de varias de las tribus algonquinas del noreste de Estados Unidos y Canadá, sobre todo los ojibwa y los saulteaux, los cree, los naskapi y los innu. Aunque las descripciones de esta criatura varían, es común que todas estas culturas describan a los wendigos como seres sobrenaturales malévolos, caníbales y poseedores de un gran poder espiritual (manitu).

Están fuertemente asociados con el invierno, el norte, el frío, la hambruna y la inanición. Se le relaciona con el canibalismo, tema considerado tabú entre los pueblos amerindios de esta parte de América del Norte.

13/9/20

Ofiolatría Mexica (V)

                                  El Monte Tláloc

En la versión de Cristóbal del Castillo, escrita al final del siglo XVI, se menciona que las aguas que rodeaban Aztlán tenían como nombre Metztliapan (lago de la Luna), concordando con lo referido por Domingo Francisco Chimalpáhín en sus Memoriales, ambos coinciden en situar este sitio en las últimas tierras de Xalisco, actual Nayarit, en la isla llamada Mexcaltitlan (Mexi "mexitin", calli "casa", tlan "locativo" "tierra hogar de los mexitin" ).
Cabe recordar que esta isla estaba sujeta al señorío de Aztatlan, las tiranías de uno de estos tlahtoques aztecas es lo que obliga a los mexitin a salir de su territorio, dirigidos por Chalchiuhtlatonac, quien moriría en Huey Colhuacan, uniéndose a Tetzauhteotl yaotequihua en la figura de Huitzilopochtli.

En la isla de Mexcaltitlan también se han encontrado petrograbados con garzas, y uno exhibido en el Museo del Origen, situado en la isla, muestra una garza montada sobre una Serpiente.
La palabra aztecatl, deriva de la palabra aztateca, que significa procedente de Aztatlán. El significado de la palabra es "lugar de la blancura" o "lugar de las garzas" (del náhuatl aztlatl (garza) y tlan (lugar).

Tláloc, en el Códice Borgia, representando el diluvio según la Cosmogonía previo al Quinto Sol.

Tláloc (en náhuatl clásico: Tlālōc;ˈtlaːloːk) es una deidad mesoamericana del agua celeste. El nombre Tláloc deriva de tlālli (tierra) y octli (néctar), el néctar de la tierra. Los mexicas lo tenían como el responsable de la estación lluviosa y hacían ceremonias para honrarlo en el primer mes del año (ātl cāhualo).
Tláloc fue una de las divinidades más antiguas y veneradas de toda Mesoamérica. Su culto se extendió por gran parte del territorio centroamericano. Fue tomado por los nómadas aztecas (así se llamaban los mexicas cuando apenas acababan de salir de Aztlán) que se instalaron en el lago Texcoco, asimilándolo como divinidad agrícola. Siguió siendo uno de los dioses fundamentales de las distintas comunidades agrícolas autóctonas; originario de la cultura de Teotihuacan, dada la caída de la ciudad pasó a Tula, y de ahí su culto se esparció entre los pueblos nahuas (Nagas). Los teotihuacanos tuvieron contacto con los mayas, de ahí que ellos lo adoptaran o lo identificaran en la forma del Dios Chaac. En la cosmología tlaxcalteca, Tláloc se casó primero con Xochiquétzal, Diosa de la belleza, pero Tezcatlipoca la secuestró. Tláloc se casó otra vez con Matlalcueye, y tiene una hija o hermana mayor que es llamada Huixtocíhuatl

Como las divinidades mesoamericanas en general, Tláloc posee una ambigüedad, en cuanto a que es una Fuerza Suprema en y de la naturaleza (la naturaleza y el cosmos no representan en los términos humanos bondad o maldad, sino más bien un entramado de fuerzas, a veces en equilibrio, a veces en pugna; en ocasiones benéficas para los humanos, otras tantas desastrosas); lo cual implica que, si bien es Dador de Vida, Providencia y Benefactor, también muestra su faceta destructiva y aniquiladora. Así desciende desde el cielo para fecundar la Tierra y poder cultivar la milpa, para germinar las semillas.
También envía los relámpagos y rayos, las tempestades del agua y los peligros de los ríos y del mar; dicho en palabras del fraile de Sahagún. Dominaba también las fuerzas destructoras y si así era su voluntad podía enviar granizos, inundaciones, sequías, heladas y rayos fulgurantes o fulminantes.
Estaba encargado de enviar el agua a la comunidad a través de sus ayudantes, los tlaloques; Tláloc mismo multiplicado y diversificado, manifestado a los humanos como "seres enanos y antropomórficos", como refiere Juan Carlos Pérez Guerrero, que desde el interior de los cerros enviaban las cuatro clases de lluvias. Ellos también recibían súplicas y en su honor se realizaban ceremonias y rituales.
Alain Musset asevera que, en vez de enanos, son la representación de las montañas que rodean el Valle de México y sobre las cuales parecen formarse las nubes que anuncian la lluvia. Su papel consistía en favorecer la venida de las aguas celestes pero también protegían a los pescadores y los navegantes.

Tláloc fue uno de los más importantes en el altiplano de México, uno de los más representados y quizás también uno de los de mayor antigüedad del panteón de Mesoamérica. Aparece representado desde la época teotihuacana. Se le manifestaba siempre con unos atributos característicos:
    -Anteojeras formadas por unas serpientes que se entrelazaban y cuyos colmillos acababan siendo las fauces del dios.
    -Una especie de bigotera que no era otra cosa que su labio superior. Se cree que este gran labio era el símbolo de la entrada en la cueva que comunica con el inframundo y que deriva de la boca de las figuras olmecas.
    -La cara estaba casi siempre pintada de color negro o azul verde, para imitar los visos que hace el agua.
    -Llevaba en la mano una especie de estandarte de oro, largo y con forma de culebra, terminado en punta aguda; era para representar los relámpagos y los truenos que acompañan a veces al agua de lluvia.
    -En los dibujos de los códices puede verse que sus vestidos tienen pintados unas manchas que son el símbolo de las gotas de agua.
Tláloc está compuesto en sus representaciones por los tlaloques o dioses de los 4 rumbos. Cada uno de ellos manejaba y era el responsable de una vasija colocada en un rumbo. Cada vasija proporcionaba una lluvia diferente.
La residencia de Tláloc era múltiple debido a la posibilidad de división de la sustancia que lo conformaba. Su morada se encontraba tanto en el Templo Mayor de Tenochtitlan, como en el Tlálocan, en el interior del cerro que lleva su nombre, el cual pertenece a la cadena montañosa Tlálocan, que separa el Valle de México del de Huexotzinco.

La libertad y poder absoluto que posee la Divinidad le permite tomar cualquier forma, así como estar presente en cualquier parte, viendo la "Morada divina" como una extensión de la misma divinidad.

Una representación temprana del dios de la lluvia se encuentra en Estados Unidos, en los murales que pintó José Clemente Orozco entre 1932 y 1934, se ve al hombre-dios entre las deidades principales Xipe-Tótec, Tezcatlipoca, Tláloc, con cuerpo humano y dos serpientes que forman su máscara.
Continuará...