17/1/18

La Deformación Craneal (II)

En América, los Mayas, los antiguos Peruanos (los Paracas), y ciertas tribus de Estados Unidos tenían la costumbre de alargar las cabezas de los infantes.

En América del Norte la práctica era especialmente conocida entre las tribus Chinook del noroeste y los Choctaw del sudeste. El grupo de nativos americanos conocidos como “los cabeza plana” no practicaban el aplanado de cabeza, pero fueron nombrados así por contraste con otros pueblos Salishanos que usaban modificación craneal para hacer que su cabeza pareciera más redonda. Otras tribus incluida los Choctaw, los Chehalis y los Pueblos Nooksack practicaban el aplanado de cabeza atando la cabeza del infante a un porta bebés de madera, los pueblos Lucayanos de Las Bahamas y los aborígenes australianos practicaban esta técnica.

Los Paracas vivieron en la costa de Perú, al sur de la capital Lima. Algunas estimaciones proponen que esta cultura existió entre el 700 a.C. y el 100 d.C.
La situación de los Paracas es de alguna manera única, los investigadores Juan Navarro y Brien Foerster han encontrado la presencia de al menos cinco formas distintas de cabezas alargadas, siendo cada tipo predominante en cementerios específicos. Los más grandes e impactantes son del sitio llamado Chongos, cerca de la ciudad de Pisco, al norte de Paracas.
Pruebas sobre estos cráneos han revelado que, en promedio, la capacidad craneal es de 1,5 litros, aproximadamente un 25% más que los cráneos contemporáneos y pesan un 60% más. También las cavidades orbitales son significativamente mayores que las de cráneos contemporáneos y la mandíbula más grande y gruesa. Más aún, la presencia de dos pequeños huecos en la parte posterior de los cráneos de Chongos, llamados foramen, indican que el flujo sanguíneo y quizás los nervios, excitaban el cráneo en la parte posterior para alimentar el tejido dérmico. Esto indicaría algo natural y no una deformación craneal.

La Deformación craneal era probablemente realizada para representar afiliaciones grupales, o para demostrar estatus social. Pudo haber desempeñado un rol clave en la sociedad de la civilización Maya. Puede pensarse que modificar un cráneo con una forma antinatural podía ser un medio de alcanzar atributos deseables estéticos. En el área de habla Nahai de la Isla Tomman y el sudoeste de Malakula (Vanuatu) una persona con cabeza alongada era considerada más inteligente y más cercana al mundo de los espíritus.

El investigador Brien Foerster, nos presenta más detalles acerca de los fascinantes cráneos alargados de Paracas en Perú. Las pruebas de ADN realizadas revelaron resultados fascinantes.

La primera parte del análisis demostró que el bebé “real” de 18 a 22 meses de edad, perteneciente a la cultura Paracas, tenía rastros de pelo rubio y rojizo, y el haplogrupo materno U2e1, que se encuentra en el continente Europeo y no en América del Sur. Foerster indica que este tipo de sangre se encuentra generalmente en proto-Germánicos y proto-Eslavos y el hecho de que el bebé haya muerto hace casi 2.000 años, suma misterio al tema, ya que indica que hace miles de años la gente de Europa ya se encontraba en América, a diferencia de lo que la historia convencional dice.

La segunda parte del análisis demostró que el cráneo alargado de 850 años de edad y que fue descubierto en la sierra peruana, al este de Lima (capital) tenía el haplogrupo materno T2b, otro indicador que sugiere descendencia europea. El haplogrupo T2b se encuentra comúnmente en los países europeos de las Islas Británicas, el Báltico y Escandinavia.
Curiosamente las pruebas antes mencionadas se realizaron en restos óseos de las personas que habitaban la región hace miles de años. Aunque según la historia convencional, los españoles llegaron a Perú en el año 1.532.

Además Brien Forester presenta la tercera parte del análisis que se realizó en el cráneo apodado “Cleopatra” debido a su forma y los restos de pelo rojizo. Una vez más los resultados del ADN materno demostraron que la muestra es H1, cuyos restos se encuentran en los países de Europa Occidental y el pueblo vasco, Iberia y partes de África del norte.
Siempre se ha creído que todos los habitantes precolombinos de las Américas pertenecían a los haplogrupos A, B, C, D y quizás X, pero los tres resultados de ADN anteriores indican claramente lo contrario, lo que sugiere una ascendencia europea mucho antes de que los europeos llegaran a América y especialmente antes de que visitaran partes del Perú y otros países de Sudamérica.

Brien Foerster indica además, que las teorías sugieren que H1 fue el haplogrupo dominante que estaba presente en la cultura megalítica europea en algún momento alrededor del 5.000 a.C. hasta la llegada de las culturas proto-celtas alrededor del 2.000 a.C.

Foerster también ha revelado la cuarta parte de las pruebas de ADN realizadas en una serie de curiosos cráneos encontrados en Perú. El resultado indica el haplogrupo H2a, característica de la ascendencia de Europa del este, de partes de Europa occidental y de la región del Cáucaso en la Crimea moderna.
En los resultados anteriores, Brien Foerster demostró que los haplogrupos descubiertos durante las pruebas indicaban clara ascendencia europea, y además no hay rastros de ascendencia indígena, planteando una serie de preguntas que los investigadores, arqueólogos e historiadores tendrán que responder en un futuro cercano.

Las cuatro muestras de ADN antes mencionadas indican claramente que la historia que se desarrolló hace miles de años no es como la pintan los libros. Los resultados anteriores son indicadores de que es muy probable que hace miles de años, antes de que los españoles llegaran a América del sur, gente de Europa y el Cáucaso viajaron a América.
Brien Foerster escribe que los centros más importantes para el haplogrupo H2a son el mar Caspio, el norte del Mar Negro y Escandinavia. Que los cráneos alargados que se remontan por lo menos en 2.000 años se han descubierto en Francia, Austria, Hungría, Alemania e Inglaterra y que su origen es probablemente la región del Cáucaso.
Además indica que el principal haplogrupo de H2a es H2, lo que significa que es muy probable que se originara en el mar Caspio, lo que parece apoyar las conexiones Armenio/Crimea. Por esta razón es probable que los antepasados del cráneo con huellas de haplogrupo R2a de alguna manera viajaron a Paracas, quizás siguiendo una vía entre la India y el Océano Pacífico en algún momento hace 2.000 o 3.000 años.

Foerster plantea numerosas preguntas que desafían a los libros de historia. Cuestiona la naturaleza de los cráneos alargados encontrados en Rumania, datados en 2.000 años de antigüedad, y si es posible que estas personas viajaran desde Crimea y se diseminaran a otras partes de Europa.
Cráneo hallado en Francia

En la región de Toulouse (Francia), la Deformación voluntaria craneal se realizó hasta principios del siglo XX. El moldeado intencional de la cabeza, fue practicado simultáneamente en muchas culturas separadas geográfica y cronológicamente. Su práctica continúa en algunos lugares, como Vanuatu y la República del Congo.

Pueden visitar el sitio web de Brien Foerster para más información acerca de los análisis de ADN realizados a los cráneos alargados de Paracas.

Fuentes:http://codigooculto.com/2016/08/ultimos-resultados-de-adn-de-craneos-alargados-de-paracas-contradicen-la-historia-europeos-en-america-hace-miles-de-anos

14/1/18

La Deformación Craneal (I)

                              Diosa durmiente de Hal Saflienti

En el yacimiento megalítico de Tarxien (Malta), en 1.912 se descubrieron cráneos alargados en un pozo sagrado o templo subterráneo, el Hipogeo Hal Saflienti que se remonta a 5.000 años a.C.
Los expertos consideran que el hipogeo estaba dedicado a una Diosa Madre, en el mismo lugar se encontró una pequeña estatua de una diosa dormida en la que estaba grabado el dibujo de una serpiente. Hay que recordar que la serpiente está históricamente asociada a la salud y la medicina. También la serpiente simboliza el mundo subterráneo en las culturas antiguas.

Las islas de Malta y Gozo fueron asentamientos muy importantes desde tiempos prehistóricos, lugares donde se efectuaban rituales de sanación y donde los oráculos y sacerdotes efectuaban sus ceremonias en honor a la diosa a la que se le atribuían poderes curativos como expresión directa de su divinidad. En ambas islas, se hallan restos de santuarios y lugares de culto curativo. Todo parece indicar que en este lugar desarrollaron sus actividades una casta sacerdotal que tenía como símbolo a la serpiente y por ello eran conocidos como los “sacerdotes de la serpiente”.

Una parte de los 7.000 esqueletos hallados en la excavación de Hal Saflienti, y examinados por Themistocles Zammit en 1.921, presenta deformaciones craneales realizadas artificialmente. Las calaveras que examinó el equipo de periodistas están fechadas en el 2.500 a.C. (pero su antigüedad puede ser incluso mayor), una fecha en la cual la historia megalítica de Malta termina, iniciando un período de oscuridad histórica y la ausencia de población que durará aproximadamente 300 años, hasta la llegada de los Fenicios.

Los Fenicios hicieron de Malta un puesto avanzado en el Mediterráneo. También erigieron templos a la Diosa Madre Astarté, una asimilación fenicia de la diosa mesopotámica que representaba el culto a la madre naturaleza, la vida y la fertilidad y en cuya simbología aparecen también las serpientes. Es como si los fenicios fueran los continuadores de una tradición interrumpida.

Lo que ocurrió en Malta se refleja también en Egipto. Si vemos el Tratado Fenicio de agricultura de Magón, de 28 libros (originales perdidos), hallamos varias referencias a las abejas y a sus plagas. Es curioso que en el Bajo Egipto, el símbolo del Faraón sea una abeja, y que el nombre antiguo de Malta sea “Melita”. El símbolo de Malta fue también una abeja y sus celdas hexagonales. 
Los griegos llamaron a la isla Melite que significaba 'dulce como la miel', debido probablemente a la calidad de la miel producida por las abejas del archipiélago, en Malta hay especies endémicas de estos insectos, razón por la cual se la llama "tierra de la miel". Los romanos continuaron llamándola Melita.
Otra etimología tiene como referencia la palabra fenicia Maleth, que significa 'refugio', debido a la gran cantidad de bahías y de ensenadas en el litoral de la isla.

Es conocido que en el Imperio Nuevo egipcio, la miel se usaba como elemento de pago de expediciones militares o comerciales y como tributo a mandatarios, tal como aparece en los Anales de Tutmosis III, en los que se citan 470 jarras de miel de Djahi (Fenicia) y 264 de Retenu (nombre egipcio de Canaán, la actual región de Palestina y Siria, que se extendía desde Tjaru a Mitani), o también como tributo a mandatarios aparece en la Tumba de Rekmire en Tebas (s. XV a.C.), documento que nos asevera la producción apícola entre los fenicios y su estima, y que corrobora Ezequiel en su profecía contra Tiro (27, 12-25).

Es una coincidencia interesante que en Egipto, los Shemsu Hor fueran los guardianes de la religión que adoraba al Dios Sol y aún hoy en Malta el sol es llamado “Shem-shi”. “Shem” es una palabra de origen acadio, no egipcio, derivado del término babilónico utilizado para denominar el Sol, que es “Shamash”. Esto probaría que los Shemsu Hor pudieron tener su origen en la zona denominada de la media luna fértil (la antigua Mesopotamia, zona comprendida entre los ríos Tigris y Eufrates, en el actual Irak).
Otra correlación es el hecho que esta casta sacerdotal de cráneos alargados despareció tanto de Egipto como en Malta en el mismo período, es decir, hacia el 3.000 y 2.500 a.C.
Un tercer núcleo de esta raza estaba presente en la zona del Eufrates, formando parte de una población conocida como Mithans, que los egipcios llamaban Naharin (“los de la serpiente” de “nahash”, serpiente). Los Mithans, que ocuparon una parte de la zona del actual Kurdistán, pertenecieron al pueblo de Abraham y su descripción es idéntica a los Shemsu Hor .

La tradición del culto a la serpiente se origina en Oriente Medio, en la zona central del Kurdistán, donde hacia el 5.000 a.C. la cultura matriarcal de Jarmo representó a las diosas madre como divinidades con cara de víboras y cabezas alargadas. Estas divinidades fueron asociadas a los “ángeles caídos” o Nephelims que son más explictamente citados en el “Testamento de Amran” perteneciente a los rollos de Qumran, en el cual está escrito:
Uno de ellos era de aspecto aterrador, como una serpiente y su manto era multicolor y también su cara era la de una víbora y también lo eran sus ojos”

Se trata, en nuestra opinión, no de divinidades propiamente dichas, sino de individuos pertenecientes a un grupo de sacerdotes o chamanes que pertenecían a un sistema cultural muy desarrollado y profundo, que tenían relaciones con la sociedad mucho menos desarrollada de aquella época. Los miembros de esta raza fueron considerados como semi-dioses por los conocimientos que poseían, igual que sucedió en Egipto con los Shemsu Hor.

Idénticas estatuas simbolizando diosas madre con aspecto de víbora se encuentran en la tierra del Nilo, que datan exactamente del periodo arcaico de los Shemsu Hor. Por tanto, se puede concluir que estos sacerdotes del culto a la serpiente pertenecían a una raza más antigua y que fueron los primeros en ocupar la zona de la media luna fértil (en particular Anatolia y Kurdistán) y Egipto (siguiendo las migraciones que se remontan hacia el 6.000-4.000 a.C.) hasta llegar a Malta para desaparecer alrededor del 2.500 a.C., pero esta cultura sobrevivió en Oriente Medio y probablemente uno de ellos fue uno de los faraones más notables y misteriosos de Egipto, el faraón Akenatón.

Los cráneos de las esculturas de la dinastía Amarniana, y los cráneos de Malta resultan ser prácticamente idénticos, un hecho no casual, confirmado por las pruebas con rayos X a la que se sometió al cráneo de Tutankamon, el hijo de Akenatón, que mostró también un cráneo dolicocéfalo. Básicamente los cráneos malteses son reliquias que los arqueólogos no acaban de entender, de una raza sacerdotal que en Egipto y Malta sobrevivieron desde tiempos arcaicos hasta el 2.500 a.C. Se trata de una casta que creó el sustrato espiritual y religioso que caracterizó a las más grandes civilizaciones del Mundo Antiguo. Esta casta continuó en Oriente Medio y de algún modo reapareció en Egipto alrededor de 1.351 a.C. a través de la herejía del faraón Akenatón que instauró la reforma religiosa que tenía por objeto restaurar el antiguo orden.

Continuará...

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7/1/18

Egipto de Amarna

Muchos estudiosos creen que el abandono y olvido en que cayó la religión de Akenatón, una vez muerto, se debió al hecho de que en ningún momento llegó a conseguir que las necesidades espirituales en el plano individual y familiar del pueblo egipcio fuesen colmadas con su propuesta religiosa.

La religión de Akenatón nunca dejó de ser una religión del aparato del estado, ya que en el plano individual el egipcio siguió encomendándose a las antiguas deidades. A su muerte, no solo cayó en el olvido el culto a Atón, sino también a Osiris, ya que el destino en el Más Allá dependía de la lealtad al faraón, el pueblo seguía adorando a los viejos dioses y apegado a sus tradiciones y supersticiones. Incluso en la propia capital se han hallado estatuas de otros dioses erigidas ya en esa época.

El cambio religioso provocó también un cambio en los cánones artísticos, la llamada “revolución amarniana” significó un periodo muy interesante en el arte egipcio, pues se pasó del hieratismo monumental a un curioso y descarnado naturalismo en el cual se notan destellos de ternura (como por ejemplo, se puede apreciar en la estela que representa a Nefertiti con sus hijas pequeñas o en el famoso busto que representa a la célebre soberana).

Una de las principales características del nuevo arte nacido con el Atonismo es el cambio en este estilo de representación. Por un lado, se abandonó el canon tradicional de representación del cuerpo humano, que sería modelado a partir de entonces en una nueva cuadrícula de cuatro unidades de ancho por doce de alto, modificación que se mantuvo bajo sus inmediatos sucesores. Las imágenes son más naturalistas, llegándose a extremos descarnados. Se deja de lado la representación idealizada, sin faltas o defectos físicos, y se remarcan algunos rasgos de forma extrema, poseen cabezas alargadas en su parte posterior, ojos rasgados, labios gruesos, mandíbulas prominentes, cuellos largos y estilizados, vientres pronunciados, tanto en personajes masculinos como femeninos, y contornos redondeados que, en muchos casos, dificultan la identificación del sexo del personaje representado.

Con el hallazgo de la tumba de Thot-ank-aton (Tutankamon), se ha podido observar que la momia del faraón-niño poseía un cráneo alargado parecido a las esculturas e imágenes encontradas de la familia real del período de Amarna.
Como consecuencia de ello, se ha especulado con la posibilidad de que este tipo de creaciones artísticas podrían pretender reflejar ciertos atributos físicos compartidos por los miembros de las familias reales, con la intención de ofrecer una imagen homogénea de la realeza.

En un estudio realizado por la American Medical Asociacion sobre el ADN de Tutankamon, un equipo de investigación con egipcios, italianos y alemanes, utilizaron el sistema tomográfico computarizado para estudiar su árbol genealógico, con el fin de conocer su origen y sus antecesores, determinaron que Akenatón era su padre y su madre era una hermana (y primera esposa) de éste llamada Killa.
A pesar de la negativa para liberar los resultados del Adn de Tutankamon, los resultados filtrados por el canal Discovery revelan que es en un 99,6% perteneciente a cromosomas que situarían al individuo en la parte Occidental de Europa, es decir que genéticamente Tutankamon procedía de una raza del Oeste de Europa.

Otro grupo de genetistas del centro genealógico del ADN iGENEA, con sede en Suiza, reconstruyó el perfil de ADN del faraón niño, de su padre Akenatón y de su abuelo Amenhotep III, basándose en la película realizada para Discovery Channel.
Los resultados mostraron que Tutankamon pertenecía a un perfil genético, conocido como haplogrupo R1b1a2, al que pertenecen más del 50% de todos los varones de Europa Occidental, lo que indica que comparten un ancestro común.
Entre los egipcios de hoy día, este haplogrupo constituye menos del 1%, según iGENEA. "Fue muy interesante descubrir que pertenecía a un grupo genético que se da en Europa. Había muchos posibles grupos en Egipto al que podría pertenecer el ADN", dijo Roman Scholz, director del centro iGENEA.
Alrededor de un 70% de los españoles y el 60% de los franceses también pertenecen al grupo genético del faraón que gobernó Egipto hace más de 3.000 años. "Creemos que el ancestro común vivía en el Cáucaso hace unos 9.500 años", dijo Scholz a Reuters. El investigador estimó que la migración más temprana del haplogrupo R1b1a2 a Europa comenzó con la expansión de la agricultura en el 7.000 antes de Cristo.

La Deformación craneal artificial, aplanamiento de cabeza o vendado de cabeza, es una forma de modificación corporal mediante la cual el cráneo se alarga, se consigue distorsionando el crecimiento normal del cráneo de un niño mediante la aplicación de fuerza.
Las formas posibles de deformar el cráneo son: planas, alargadas (producidas mediante el vendado de dos placas de madera a los lados de la cabeza), redondas (vendado con tela) y en forma de cono. Se realizaba durante la infancia, ya que el cráneo es más maleable en esta etapa, debido a que los huesos del mismo no se han fusionado. En un caso típico, el vendado de la cabeza comienza aproximadamente un mes después del nacimiento y continúa durante seis meses.
El registro escrito más antiguo de Deformación craneal data del 400 a.C. en la descripción de Hipócrates de una tribu africana, los Macrocéfalos o "Cabezas largas", llamados así por su práctica de deformación craneal.

Hemos de retroceder hasta el año 2.550 a.C. para entender quienes podían ser estos individuos de cabeza alargada y para ello hemos de viajar hasta el antiguo Egipto.
El profesor Walter B. Emery (1903-1971) conocido egiptólogo, autor de “El Arcaico Egipto“, y que excavó en Saqqara en la década de 1.930, descubrió los restos de individuos que vivieron en la época predinástica. Estos presentaron un cráneo dolicocéfalo, más grande que el del grupo étnico local, el pelo rubio y una constitución más alta y robusta. Emery concluyó que esta población no eran originarios de Egipto pero que habían desempeñado un importante papel sacerdotal y gubernamental en este país. Esta raza no se mezcló con la gente común, relacionándose sólo con las clases aristocráticas, y Emery los asoció con los Shemsu Hor, los “discípulos de Horus”.
Los Shemsu Hor son reconocidos como la casta sacerdotal dominante en el Egipto predinástico (hacia el 3.000 a.C.), mencionados en el Papiro de Turín y en la lista de los reyes de Abydos.
Emery escribe:
Hacia finales del IV milenio antes de Cristo los individuos conocidos como los Discípulos de Horus, aparecen como una casta aristocrática dominante que rige todo Egipto. La teoría que sostiene la existencia de esta raza cuenta con el respaldo del descubrimiento en las tumbas predinásticas, en la parte norte del Alto Egipto, de los restos anatómicos de individuos con cráneos más grandes y constitución anatómica mayor que la población nativa, con tanta diferencia que excluiría cualquier hipotética tensión racial. La fusión de las dos razas debió haber sucedido en la época en que se produjo la unificación de los dos reinos Egipcios”. 

Continuará...


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29/12/17

El Dios Solar-Atón


Desde los inicios del Egipto faraónico, la religión había ido adaptándose a los diversos factores de carácter histórico que tanto social como culturalmente influenciaban la vida espiritual de los antiguos egipcios.
Conforme se sucedían las distintas dinastías egipcias, los centros de poder e influencia iban sufriendo cambios y desplazamientos, originando variaciones en las prácticas religiosas y en el panteón egipcio, esto suponía también privilegios en la asignación de recursos (tierras, ganado, siervos, etc.) sobre el resto de los dioses y sus respectivos templos y clero.

Desde el 2.400 a.C. el Dios del Sol se adoraba como Ra-Horajty, un dios con cabeza de halcón, coronado por el disco solar y el uraeus, con cetro usa y anj. Era el dios de los faraones, que se consideraban sus hijos y su representación en la tierra. Sin embargo, esta preferencia cambió a finales de la Dinastía XVII, los príncipes tebanos impulsaron la expansión de sus fronteras hasta liberar completamente el territorio egipcio del dominio de los gobernantes hicsos.

La reunificación del reino del Alto y Bajo Egipto en una sola corona se efectuó bajo el mando de los príncipes de Tebas, y la guía espiritual del dios tebano Amón, cuyo centro espiritual estaba en Karnak. Así, el culto a Amón (y su clero) ocupó su sitial dorado de preeminencia en el panteón egipcio y se transformó en el «Dios de la Victoria». Este impulso guerrero no se acabó con la expulsión de los hicsos, sino que continuó con la expansión de las fronteras hasta conquistar los territorios de Canaán y Nubia, lo que dio origen al denominado Imperio Nuevo.

Los gobernantes de la Dinastía XVIII, convirtieron Egipto en un gran imperio. Con cada nueva conquista, el agradecimiento a Amón se traducía en nuevos templos y obras, como las sucesivas ampliaciones de los templos de Karnak, y en nuevas prebendas económicas a sus sacerdotes, el culto y el clero de Amón recibieron un trato preferencial como nunca hasta entonces había recibido ningún dios o diosa egipcios, acumulando inmensas cotas de poder.

Durante los reinados de Amenhotep III y Thutmose IV, la tendencia se invirtió paulatinamente, pues el clero de Amón había sido desplazado por el de Ra y se había introducido de nuevo el culto a Atón, aunque como un dios secundario. Atón, Shu y Tefnut, formaban la triada creadora, y su culto era símbolo del retorno a las bases del panteón egipcio. El culto a estos dioses había sido sustituido por el de sus hijos, pero el faraón abogó por el regreso a los tres primeros dioses, postergando los cultos de otros.

Con Akenatón, la reforma religiosa se radicalizó con la imposición de la preferencia del dios Atón sobre el resto de dioses, y la prohibición del culto a Amón. El faraón intentó, como ya había hecho su padre, aminorar el poder que el sumo sacerdote y el clero de Amón habían adquirido con el tiempo. Sin embargo, este cambio no se realizó en los primeros años del reinado. El propio nombre de nacimiento del rey Amenhotep conllevaba mención al dios Amón (Amen), y al principio, ambos cultos podían coexistir libremente.
Según los historiadores, fue alrededor del quinto año de reinado en solitario cuando Amenhotep IV abandonó su nombre de nacimiento en honor al dios Amón y adoptó el de Akenatón, conjuntamente con modificaciones en los distintos títulos, como los nombres de Horus, Nebty y Horus Dorado.
La transcripción de los jeroglíficos de su primer nombre de Trono y de nacimiento es Nefer-Jeperu-Ra Amen-Hotep, esto es, Hermosas son las manifestaciones de Ra, Amón está satisfecho.
También conocido como Ajenatón, Akhenatón o Akenatón, Amenhotep IV o Amenofis IV, Ecnatón e Ijnatón, fue el décimo faraón de la dinastía XVIII de Egipto. Su reinado está datado en torno a 1353-1336 a.C. y pertenece al periodo denominado Imperio Nuevo de Egipto.
Akenatón es el primer reformador religioso del que se tiene registro histórico. Su reinado no sólo implicó cambios en el ámbito religioso al convertir al dios Atón en la única deidad del culto oficial del Estado, en perjuicio del predominante culto a Amón, sino también reformas políticas y artísticas.

La reconstrucción del universo espiritual, social, económico y político de Egipto de finales de la Dinastía XVIII, ha permitido, a falta de registros históricos explícitos, intuir los motivos que indujeron a Akenatón a realizar la reforma religiosa. Analizando ese contexto, muchos estudiosos han coincidido en afirmar que la instauración de la nueva religión se debió tanto a motivos políticos como espirituales, dimensiones a la sazón inseparables.

Atón se representaba como un gran disco solar, del que salían brazos en disposición radial, que terminaban en manos con el signo anj de la vida con las que recogía las ofrendas, dando a cambio luz y vida. No se han conservado imágenes antropomórficas, tan comunes en la religión egipcia, del dios Atón, ya sea en forma de esculturas, pinturas o bajorrelieves.

Atón era la forma del dios del sol en la tarde y personificaba la fuente de toda vida. Amenhotep III había protegido el culto a Atón, y Akenatón llevó al límite el sentido religioso de adoración del símbolo solar, convirtiendo a Atón en el dios personal del faraón, y por ende, en el de todos y cada uno de sus súbditos.
Además, no solo erigió en el Templo de Karnak un santuario dedicado a Atón, sino que fundó una nueva capital político-religiosa: Ajetatón.

A mitad de camino entre Menfis y Tebas, las dos anteriores grandes capitales, ordenó construir una nueva capital en el desierto, Ajetatón (la actual Amarna) consagrada a Atón. Para delimitar el perímetro de la ciudad se erigieron estelas de demarcación en las que se declara la pertenencia del paraje al nuevo dios Atón.
En la nueva ciudad, hizo construir templos con grandes patios, ya que el culto solar debía hacerse al aire libre. La construcción de la nueva capital se financió con la confiscación a favor de la corona de las tierras y rentas de los antiguos templos, quitándoles privilegios a los sacerdotes y dejándolos sin las inmensas riquezas que acumulaban cada año. Hacia el quinto año de reinado, el faraón, la familia real y la corte, se trasladaron a la nueva ciudad. La ruptura con el pasado quedaba así totalmente consumada.
Como sumo sacerdote de Atón, rechazó la autoridad del sumo sacerdote de Amón, quien tenía el título de Jefe de los sacerdotes de todos los dioses y un gran poder político. En el décimo año de su reinado, Akenatón ordenó borrar el nombre de Amón y el de su esposa Mut de todos los monumentos, hasta de los cartuchos con nombres teóforos de todos los faraones, incluido el de su padre.

La nueva religión se caracterizaba por una fuerte abstracción y conceptualización de la deidad. A esta conclusión se llega al considerar que, si bien la adoración de una deidad solar ofrecía oportunidades de eventos festivos en momentos determinados del calendario, como son los días de solsticio y los de equinoccio, sin embargo, Akenatón no los utilizó determinadamente en su reforma religiosa. Más aún, la orientación de los edificios en la nueva ciudad dedicados a Atón no sigue ningún patrón solar o cósmico, sino que se adecúa a la topografía del terreno donde estos se asentaban.

Todo esto lleva a la conclusión de que la nueva religión en torno a Atón se basaba en una fuerte abstracción conceptual en perjuicio de otras manifestaciones religiosas más concretas. Esto fue lo que originó un importante problema en el sistema de creencias egipcio, ya que el pueblo no concebía a los dioses sin forma e imagen, sino que necesariamente los corporizaba, ya fuese en una imagen antropomorfa, ya en un animal asociado, icono zoomorfo.
La revolución, provocada por Akenatón, comportó la total eliminación de las imágenes humanizadas de dioses en esculturas, relieves, muebles y otros enseres, que habían constituido tradicionalmente la principal fuente iconográfica del arte egipcio.
Paralelamente, la familia real se convirtió en el motivo central de las representaciones artísticas, en los altares de los templos donde antes se encontraban las estatuas de los dioses, se veía ahora a la familia real, a veces en pareja, otras veces con todas sus hijas, y siempre con el dios Atón, el disco solar, oficiando como protector y dador de vida.
Simultáneamente, se produjo también un cambio radical en las formas y modos de oficiar las ceremonias religiosas. Los antiguos templos cerrados, oscuros, donde lo primordial es el ocultamiento de la divinidad y el acceso restringido, dieron paso a templos abiertos, al aire libre, donde la observación de la divinidad estaba al alcance de cualquier neófito o no iniciado. Con todo, subsisten muchos interrogantes en lo relativo al culto de la nueva religión respecto a dos temas: el culto individual o familiar y su relación con el más allá.

Continuará...

26/12/17

El Ojo de Horus

El Ojo de Horus que todo lo ve, cuyo significado literal sería “la unidad o totalidad restablecida”, simboliza aquello que ha vuelto a su ser y se ha completado.

Horus "el elevado" era el dios celeste en la mitología egipcia. Se le consideraba como el iniciador de la civilización egipcia. Era dios del cielo, de la guerra y de la caza. Su nombre egipcio era Hor (Hr); Horus es su nombre helenizado.

Horus era el hijo de Osiris, el dios del aire y la Tierra, y de la diosa Isis. Osiris fué asesinado por su hermano Seth para arrebatarle el trono, para mantener su poder, Seth trató de evitar que Osiris tuviera hijos.

Horus mantuvo una serie de encarnizados combates contra Seth, para vengar a su padre. En el transcurso de estas luchas los contendientes sufrieron múltiples heridas y algunas pérdidas vitales, como la mutilación del ojo izquierdo de Horus. Pero, gracias a la intervención de Thot considerado dios de la sabiduría y que tenía autoridad sobre todos los dioses, el ojo de Horus fue sustituido por el Udyat “el que está completo”, para que el dios pudiera recuperar la vista. Este ojo era especial y tenía cualidades mágicas. El Ojo de Horus o Udyat, se utilizó por primera vez como amuleto mágico cuando Horus lo empleó para devolver la vida a Osiris.

El Ojo de Horus puede tener dos significados, dependiendo de cual de los dos ojos sea (izquierdo o derecho) el que se representa.

El ojo derecho es el que representa el sol y la luz, por lo que también es conocido como “Ojo de Ra”, es sin duda el más conocido ya que en el antiguo Egipto era el amuleto más poderosos.
Como encarnación del Sol, el ojo derecho poseía más poderes que el izquierdo ya que Ra era el dios más poderoso de la mitología Egipcia. Este ojo se utilizaba como talismán protector a la hora de extraer los órganos a las momias, el temido “mal de ojo”, las traiciones, los encantamientos y las miradas envidiosas.

El ojo izquierdo representaba a la luna y la sombra, se usaba sobre todo en ritos funerarios como una invocación de la divinidad. También parece ser el origen del símbolo farmacéutico que encabeza todas las recetas médicas.

El Ojo de Horus como unidad de volumen representaba la unidad de medida “heqat”. Está unidad se empleaba sobre todo para medir el trigo y la cebada, que era lo que más abundaba en aquella época, equivalía a unos 4,8 litros de volumen.
También se utilizaba como unidad de medida fraccionaria para medir extensiones de tierras cultivadas, conocidas como fracciones de “Ojo de Horus”.

Las cejas equivalían a 1/8, la pupila 1/4, la parte izquierda de la pupila 1/2, la parte derecha de la pupila 1/16, la parte inferior vertical bajo el ojo 1/32 y la parte inferior diagonal del ojo representaba 1/64. 

Relacionado con el Ojo de Ra (Ojo de Horus en el Antiguo Egipto), encontramos el “Ojo de la providencia”, también llamado Ojo que todo lo ve, Ojo panóptico o Delta luminoso.
Es un símbolo interpretado como la vigilancia y providencia de Dios sobre la humanidad. A diferencia del Ojo de Horus, el Ojo que todo lo ve, se encuentra dentro de un triángulo con uno de sus tres vértices hacia arriba y con la mirada hacia abajo, como símbolo del Principio de la manifestación misma y de omnipresencia en su significado especial de providencia.

El símbolo ha sido usado tanto dentro de contextos religiosos, como mágicos y forma parte del simbolismo masónico.
El uso del triángulo como símbolo religioso data desde los primeros siglos del cristianismo, donde se le encontraba conformado por tres peces, simbolizando el bautismo o relacionado con el Crismón símbolo de Cristo, sin embargo no es un símbolo común.
Entre el siglo VIII y IX comenzó a usarse como un símbolo de la Trinidad en la forma de un nimbo que rodeaba las cabezas de las representaciones antromóficas de Dios, especialmente, del Padre, volviéndose una representación común en Grecia e Italia hacia el siglo XV; los griegos incluso expresaron la idea de la inmanencia de dios colocando la frase "El ser" (ο ων) en cada uno de los ángulos de la figura. La incorporación del tetragrama y del ojo dentro del triángulo fue una creación propia del arte renacentista, al que se ha dado el significado de la omnisciencia y la omnipresencia de Dios Padre relacionándolo con el pasaje del Nuevo Testamento (Pedro 3, 12): "Pues los ojos del Señor miran a los justos...”

Considerado símbolo de la manifestación omnipresente del principio creador del universo en las logias masónicas, dependiendo del rito, este símbolo se ubica en la parte superior y central del ala oriente de la sala, entre el sol y la luna. Su ubicación en el oriente, refuerza su símbolo luminoso, solar y de alta sacralidad, ya que este punto cardinal tiene especial significación dentro del ritual masónico.

El símbolo del Ojo que todo lo ve dentro del ritual, es conocido como "Delta luminoso", por su semejanza a la letra griega Delta, enmarcándolo en un triángulo equilátero, para representar al Gran Arquitecto del Universo, el cual en muchas ocasiones, tiene inscrito el tetragrama hebreo o solamente la letra hebrea “yod”.
La Yod o Yúd es la décima letra del alfabeto hebreo y equivale a la letra yod del alfabeto fenicio. Tanto en fenicio como en hebreo, esta letra representa una consonante “j”, pero en la iota del alfabeto griego (que procede del fenicio), representa siempre la vocal “i”, la letra derivada latina, la letra “i”, sirvió a los romanos tanto para i como para j. En los alfabetos latinos actuales la j se denota J.
Yod significa “mano” o “brazo” y probablemente deriva de un glifo con el mismo significado. De hecho, yod en hebreo y yad en árabe significan “mano”. El glifo podría estar relacionado con el jeroglífico “mano”.

En el Medio Oriente “el ojo que todo lo ve” se ha conocido en la forma de un símbolo de una mano, con un ojo en la palma de la mano derecha llamada como Hamsa, Khamsa o Hamesh. También se conoce como la mano de Fátima en el Islam y la mano de Miriam en el judaísmo. En la India se conoce como la mano Humsa. 
Los Jainistas también tienen una forma de la Hamsa en su simbolismo con la palabra ahimsa (que significa no violencia) y dentro, en lugar del ojo hay una rueda.
La Hamsa se ha utilizado durante miles de años y todavía está en uso hoy en día como amuletos, talismanes o adornos de pared. Parece tener sus orígenes en la antigua Mesopotamia con la mano de Ishtar siendo un símbolo de la protección divina a pesar de que no contenía el ojo en la palma.

Para saber más: La Fracción egipcia

25/12/17

El origen de Isis y la Virgen María

        La Virgen de la Media Luna (Grabado de Alberto Durero)

El culto de Isis tuvo una influencia considerable sobre el de la Virgen María. Isis también fue el modelo para todas las reinas de Egipto, que eran conocidas como "hija de Dios", "gran esposa del rey" y "la madre de Dios". Las imágenes coptas (cristianas) heredaron esta concepción de la diosa Isis, dando origen a representaciones posteriores de María Lactans (María que da de lactar).

Después de la conquista de Egipto por Alejandro Magno, el culto de Isis se extendió por todo el mundo grecorromano.
Tácito escribió que después del asesinato de Julio César, se decretó erigir un templo en honor de Isis pero Augusto lo paró y trató de convertir de nuevo a los romanos a las creencias de los dioses romanos que estaban asociados estrechamente con el Estado. Finalmente, el emperador romano Calígula abandonaría la cautela de Augusto hacia lo que fue descrito como cultos orientales, y fue durante su reinado cuando se estableció en Roma la fiesta de Isis. Según Josefo, Calígula se puso un ropaje femenino y participó en los misterios que él mismo instituyó.

En la época helenística, Isis adquirió un nuevo rango como una diosa principal del mundo mediterráneo. Vespasiano, junto con Tito, practicaban incubaciones en el Iseum romano. Domiciano construyó otro Iseum junto a un Serapeum. Trajano aparece delante de Isis y Horus, presentándoles votivas ofrendas de vino, en un bajo relieve, en su arco triunfal de Roma. Adriano decoró su villa de Tívoli con escenas isíacas. Galerio consideraba a Isis como su protectora.

La visión romana sobre sus cultos era sincrética, contemplando a sus nuevas deidades, como aspectos meramente locales de otros más familiares. Para muchos romanos, la egipcia Isis era un aspecto de la frigia Cibeles, cuyos ritos orgiásticos fueron al final naturalizados en Roma, llegando a ser conocida como “Isis de los diez mil nombres”.

Los estudiosos han hecho comparaciones con el culto a Isis a finales de la época romana y el culto a la Virgen María, después de que el cristianismo ganó popularidad y comenzó a dispersarse en Europa y luego en Roma, los cristianos convirtieron el santuario de Isis en Egipto en una Iglesia en honor a María así como de manera deliberada tomaron imágenes del mundo pagano y las utilizaron.
Este fue el resultado de la exposición del cristianismo primitivo al arte egipcio. En una encuesta a veinte destacados egiptólogos, realizada por W. Ward Gasque, un erudito cristiano, encontró que todos los que respondieron reconocían que la imagen de Horus niño e Isis ha influido en la iconografía cristiana de la Virgen y el Niño, pero que no hubo otras similitudes.
El historiador Will Durant escribió que "Los primeros cristianos a veces rendían honores, a las estatuas de Isis amamantando al niño Horus, viendo en ello un rito antiguo y noble acerca de como por medio de la mujer (es decir, el principio femenino), se crearon todas las cosas, que finalmente se convirtió en la Madre de Dios. Horus, en este aspecto juvenil, fue llamado Harpócrates por los griegos. A pesar de que a la Virgen María se la venera en el catolicismo y la Iglesia ortodoxa, su papel como una figura de la madre misericordiosa tiene paralelos con la figura de Isis.

En el culto egipcio vemos la Tabla isiaca, una placa de cobre que estaba consagrada a la antigua diosa Isis, en ella figuran decenas de dioses egipcios, mostrando sus símbolos y atributos.

En las riberas del Mediterráneo, durante la Edad de Bronce, los Pueblos del Mar unieron todas las culturas desde las costas de Creta, Grecia, Canaán y Egipto hasta las costas Itálicas, Iberas y Norteafricanas, con sus diversas culturas sucesivas. Unos piensan que la civilización nació en Oriente, otros que en Occidente. Los egipcios y griegos hablaron de una antigua cultura de nombre desconocido, que les había precedido en el tiempo y había desaparecido bajo las aguas.

Antes de la llegada de los pueblos indoeuropeos, de tradición solar, casi todas las culturas seguían una mitología de culto lunar, una diosa era su divinidad principal y recibió diferentes nombres: Ashera, Astarté, Ashtar, Isis, Tanit, Astoret, Shekinah, etc., o simplemente la Señora de la Serpiente, la Diosa Celeste, la Diosa del Mar, la Señora de la Tierra y del Inframundo, etc. Era una diosa de la vida, el amor, la muerte y la regeneración. Los griegos, romanos, celtas, etc., la fraccionaron en múltiples aspectos, atribuyendo cada uno a una diosa.
Astarté (en fenicio Ashtart) es la asimilación fenicia de una diosa mesopotámica que los sumerios conocían como Inanna, los acadios como Ishtar y los israelitas Astoret.
De acuerdo con el libro The Early History of God, Astarté sería la encarnación correspondiente a la Edad de Hierro (después del 1200 a.C.) de la diosa Ashera, de la Edad de Bronce (antes del 1200 a.C.).
En el Libro de los Reyes de la Biblia, dice que una estatua de Ashera se encontraba en el templo de Yahvé en Jerusalén, y bajo la denominación de “Reina de los cielos” (Jer. 44,17) se practicaban sus rituales. Posteriormente, con la reforma de Josías, todo lo relacionado con Astarté y otras deidades fue excluído del culto a Yahvé, como primer paso hacia la formación de una identidad propia de la nación israelita.
Como el culto a Ashera se basaba en la prostitución sagrada (tanto masculina como femenina), se cree que el nombre Astoret es una forma hebrea del nombre semítico Astarté modificado por los Hebreos con las vocales de la palabra bōshet (abominación) cuando repudiaron el culto a la diosa.
Los estudios realizados sobre Ashtar y Astarté en Ugarit han llevado a suponer que ambas divinidades pertenecerían a un grupo de dioses originarios de un antiguo substrato de pueblos y culturas nómadas del desierto. Emigrados a áreas no originarias de su culto, se convirtieron, en el trascurso de pocas generaciones, en divinidades de segundo rango en los mitos locales. Ello justificaría que aunque en la mitología de Ras Shamra persista una fuerte tradición del desierto, el carácter astral de Ashtar y Astarté se vea relegado a un claro segundo plano.

La veneración a Ashtar-Venus en Siria debió de caer en decadencia antes de mediados de tercer milenio a.C. La devoción popular por el planeta se mantuvo, en la antigua tradición de algunos nombres personales evocadores del astro que, en virtud de las escasas pruebas disponibles, parecen reflejar un reducto de usos antiguos desconectado ya de sus referencias originales. Los antropónimos acadios occidentales revelan, de hecho, escasas pruebas sobre la Ishtar siria encarnando a Venus.

De una época posterior al III milenio a.C. procede la única información que se posee del archivo de Ebla acerca del culto personal a esta divinidad. Un fragmento de estatua de basalto que contiene una inscripción votiva redactada en un dialecto acadio (hacia 2.000 a.C.) cita a Ishtar. El nombre del donatario es Ibbit-Lim, rey seguramente amorita en la Ebla de esa época, quien hizo su voto en los siguientes términos:
Ibbit-Lim, hijo de Igrish-Hep, rey de la etirpe eblaite, presentó un vaso votivo en el templo de Ishtar. En el año 8º de Ishtar y en su nombre, en Ebla Ibbit-Lim hizo grabar una estatua con su nombre, por su vida y la vida de sus hijos. Ishtar lo ha aceptado, quien borrase el nombre de la estatua y los nombres de sus hijos, a quien quiera que su nombre escriba encima, que Ishtar le haga perecer”.
La datación de esta inscripción expresa con claridad el año Octavo del reinado de Ibbit-Lim bajo la protección de Ishtar. El Octavo Año de Ishtar denota el lugar de primer orden que la diosa había adquirido en el culto oficial. Este estrecho vínculo entre la diosa y la realeza eblaíta hacia el 2.000 a.C. también se documenta después en la Siria antigua.

Tanit, la principal divinidad de la colonia fenicia de Cartago, es una Diosa rodeada de especulaciones y controversias en cuanto al significado de su nombre, Ta-nit significa “Tierra de Neith” en Egipto, hay algunas similitudes con la Diosa Neith, pero muchos más con Hathor o Isis, su culto en Ibiza incluye imágenes aladas, como la Isis egipcia.

La colección de las ciudades-estado conocidas como Phoenicia (Líbano moderno) era una energía marítima importante de la Edad de Bronce, estableciendo colonias alrededor del mediterráneo. La gran diosa fenicia Astarté fue honrada originalmente junto a la púnica Tanit, pero finalmente se fusionaron; Tanit se convirtió en la Astarté cartaginesa. La evidencia de su culto ha sido encontrada en todos los puestos púnicos como Malta, Sicilia, Cerdeña, Ibiza, Cádiz e incluso Gran Bretaña. Igual que Astarté, Tanit combinó las funciones de Diosa Madre, protectora de la ciudad-estado, y Dea Coelestis, Reina del Cielo, también estaba particularmente asociada con la luna y el mar. 

Tanit aparece de forma reiterada en terracotas votivas y de forma menos frecuente en amuletos y monedas mediante el signo que representaba a la diosa, un triángulo isósceles que en su vértice superior tiene una línea horizontal y un círculo (disco solar o cabeza), signo que algunos ven como una versión de la cruz ank egipcia o cruz de la vida, y otros la interpretan como una esquemática representación antropomórfica de la diosa con los brazos extendidos que nos recuerda la forma del Indalo.
 
El indalo es una figura rupestre del Neolítico tardío o Edad del Cobre que se encontró en la Cueva de los Letreros, en Vélez-Blanco, Almería (España) y en otros asentamientos del sureste peninsular. La palabra indalo podría tener su origen en la lengua de los íberos: indal eccius (mensajero de los dioses). Esta forma también se encontró en Italia y en el Sur de América donde hay constancia de figuras muy similares, otro hallazgo es el dibujo situado en el Templo de Ramsés II en Abydos.

23/12/17

La Diosa Isis

Isis es el nombre griego de la diosa de la mitología egipcia Ast, que significa “trono”, representado por el jeroglífico que portaba sobre su cabeza. Podemos verla con alas de milano, abriendo sus brazos para bendecir a sus devotos e hijos, simbolizando su maternidad, con forma de diosa árbol, amamantando al faraón. Otras veces está sentada, ostentando un tocado con el disco solar, por ser hija de Ra, el dios Solar.
En su versión antropomorfa, Isis era representada como una mujer que llevaba un ajustado vestido, coronada con el "trono" anteriormente descrito. A comienzos de la dinastía XVIII y en el período tardío, es representada con cuernos y un disco solar entre ellos, al modo de la diosa Hathor, por tanto, atributos tomados de ésta. También porta el sistro y el menat, símbolos de la diosa Hathor, y en sus manos suele llevar el anj (ank) y un cetro papiriforme.

Isis fue llamada "Gran maga", "Gran diosa madre", "Reina de los dioses", "Fuerza fecundadora de la naturaleza", "Diosa de la maternidad y del nacimiento".
Su origen es incierto, pero se estima que proviene del delta del Nilo. Las primeras menciones de Isis datan de la dinastía V del Antiguo Egipto (2.494 a 2.345 a.C.) en la cual se encuentran las primeras inscripciones literarias, pero su culto se hizo prominente más tarde en la historia egipcia, cuando se empezaron a absorber y sincretizar los cultos de otras diosas. Con el tiempo se expandió fuera de Egipto, en el Oriente próximo y el Imperio romano, con la construcción de templos lejanos dedicados a ella, como en las Islas Británicas y la Península Ibérica. Hasta el siglo VI se pudieron encontrar rastros de su adoración en la Europa cristiana.

El templo más importante dedicado a Isis y su último lugar de culto, estaba en la isla de File. Construido en varias fases desde 380 al 100 a.C., fue ordenado su cierre por el emperador Justiniano I. En Dendera era expuesta anualmente en el templo de Hathor, a los rayos del Sol, para regenerarse. Otro templo de Isis importante se encontraba en Behbeit el-Hagar. En Giza fue venerada como "Señora de las Pirámides".

Fuera de Egipto, su culto se propagó por todos los pueblos del Mediterráneo, resistiendo la expansión del cristianismo durante el Imperio romano hasta que fue prohibido en tiempos de Justiniano I.
Se encuentran templos en otros lugares de África, como en Libia, Túnez y Sudán; en el Oriente Medio, Jordania, Turquía y Líbano; y en Europa, Grecia (Templo de Isis en Delos), Italia (Templo de Isis en Pompeya), Francia, Alemania (Santuario de Isis y de Mater Magna en Maguncia) y en España (Templo de Isis en Baelo Claudia en Cádiz) y (Santuario de Isis en Cartagena).

La ciudad romana de Baelo Claudia, situada en la ensenada de Bolonia a unos 12 Kms. de Tarifa (Cádiz), se construye a finales del siglo II a.C. La identificación del templo es segura puesto que se encontraron dos inscripciones en la escalinata del templo durante las excavaciones. 
El nombre de la diosa aparece grabado en las placas sobre la silueta de los pies en relieve de quien hace la ofrenda (ISIDI DOMINAE, "Isis la Señora"). Cada una de las placas marca el lugar de oración para los fieles que entraban y salían del templo. Pueden verse grabadas dos plantas del pie, una ligeramente adelantada a la otra. La inscripción de la parte superior dice: ISIDI.DO(MINAE) L.VECILI(VS...) L.A. V (.S), que se traduciría como: "A Isis soberana, Lucio Vecilio cumplió con agrado su voto".

En el Santuario de Isis en Cartagena (Murcia), en el cerro del Molinete, se han recuperado tres capillas, además de todo el entorno, incluyendo las grandes cisternas del subsuelo que estuvieron vinculadas con los rituales realizados a la diosa. La construcción se inició en la segunda mitad del siglo I d.C., manteniendo su uso hasta el siglo III. Su identificación con la diosa Isis se debe a los restos escultóricos hallados y los paralelismos con otros santuarios consagrados a la divinidad, cuyo culto estuvo extendido en la Roma imperial.
Hay evidencias del culto a Isis en Hispania, transmitido por comerciantes, militares o simples ciudadanos griegos y romanos. Al principio su veneración fue popular, pero después llegó hasta las clases más altas. Existió culto organizado en: Emérita Augusta (Mérida), Igabrum, Cabra (Córdoba), Valentia (Valencia), Cartagena y Cádiz, donde quedan restos de un Templo a Isis del siglo II d.C; hubo devotos en: Legio (León), Astúrica Augusta (Astorga), Acci (Guadix), Saguntum (Sagunto) y Tarraco (Tarragona). Los últimos documentos hallados, referentes al culto a Isis en Hispania, datan de la primera mitad del siglo III.

En la toponimia actual encontramos a la diosa, p.e. en el nombre de Isabel, que procedería del latín “Isis Bella”, sin embargo se trata de un compuesto Isis (griego) y Bel (fenicio-cananeo). Igual ocurre con el prefijo egipcio “Ast” (trono), p.e. Asturias, Astorga, prefijo que también significa astro o estrella, y hace referencia a la diosa fenicia Astarté, identificada con el planeta Venus “la estrella de la tarde” que guiaba a los navegantes del mundo antiguo hacia Occidente.

Según el libro The Early History of God, Astarté sería la encarnación correspondiente a la Edad de Hierro (después de 1.200 a.C.) de la diosa Ashera, de la Edad de Bronce (antes de 1.200 a.C.).
Los historiadores griegos y romanos de la antigüedad, relatan que en la costa sur de España (Andalucía), había templos dedicados a una diosa relacionados con Astarté y con el planeta Venus. Heródoto escribió que la comunidad religiosa de Afrodita (Venus) se originó en Fenicia y llegó a los griegos a partir de ahí. También escribió sobre el templo más grande del mundo de Afrodita, en una de las ciudades fenicias.
En el célebre yacimiento tartésico de El Carambolo (Sevilla) se descubrió una figura de la diosa, desnuda y tocada con una peluca de estilo egipcio que data de la segunda mitad del siglo VIII a.C., y posee una inscripción que aclara su advocación: “Ofrenda que ha hecho Baal Jaton, hijo de Dommelek y Abdibaal, hijo de Dommelek, nigromantes de Astarté, como agradecimiento a Astarté-Ur por haber escuchado sus plegarias”.
El bronce tartésico conocido como “Bronce Carriazo” es una representación de la diosa fenicia Astarté, como diosa de las marismas y los esteros, aunque con el peinado típico de la diosa egipcia Hathor. 
Astarté aparece representada en el bronce con túnica de mangas cortas ornada de lirios, y acompañada por dos torsos de aves cuyas alas se unen sobre la cabeza de la diosa. El objeto se encuentra en el Museo Arqueológico de Sevilla y es una de las obras tartésicas más conocidas.

Los motivos de la desaparición del pueblo de los Tartessos, ocurrida en el siglo VI a.C., siguen siendo una incógnita para los historiadores. Independientemente de las causas de su final, a partir de esa fecha la gran influencia fenicia de Astarté se ve superada por la diosa Tanit cartaginesa. En la actualidad, perviven las peregrinaciones a los lugares de culto de la diosa Astarté, donde en la época fenicia había algún templo en su honor.

Estrabón, en su libro III, habla de una serie de santuarios a lo largo de la costa de Cádiz, que pueden identificarse con templos de navegantes que profesaban su culto, por lo que se habla de que en Hispania, Astarté era considerada protectora de los marinos. Desde las costas, las influencias llegarían por el interior hasta las provincias de Extremadura, Ávila y Salamanca.

Continuará...