20/2/20

Reyes de Aragón (II)


Los dragones aparecen con fuerza en leyendas aragonesas. Historias de fieras bestias que aterrorizan a poblaciones enteras y que deben ser combatidas por héroes o con artimañas propias de la sabiduría popular. El dragón hace el papel de antagonista en historias con claro trasfondo religioso, muy del estilo de la gran hazaña de San Jorge (patrón de Aragón) frente al dragón que acosaba a la ciudad libia de Silene.

De hecho, San Jorge no es el único que luchó contra dragones, en muchos altares aragoneses encontramos también las figuras de San Miguel arcángel, o en algún caso a Santiago, en lucha contra una de esas criaturas.
Además de las historias sagradas, los dragones podrían haber tenido presencia real en Aragón, al menos así lo cuentan las leyendas tradicionales.
El mismo Rey Pedro III descubrió un dragón en la cima del monte Canigó, en los Pirineos. Sólo él se atrevió a subir a una cumbre oculta entre rayos y truenos. Allí encontró un ibón y al arrojar una piedra al agua, surgió del fondo un enorme dragón volador que dio vueltas por encima del monarca.

También conocemos la historia del Dragón de Siresa, cuenta que en un monte cercano a ese núcleo oscense un pastor vigilaba a sus ovejas cuando éstas se mostraron de repente inquietas y empezaron a dar saltos y a silbar, entre ellas apareció un dragón, y el pastor y su perro corrieron hacia el Monasterio de San Pedro, buscando cobijo en lo sagrado. Detrás de ellos oían los bufidos del dragón, cada vez más cerca. Pero pastor y perro consiguieron entrar en el monasterio y el dragón, sabiendo que no podía seguirles adentro, se enfadó tanto que golpeó con su cola la pared, marcando la piedra con una huella que aún hoy puede verse como testimonio de su paso.

También como testimonio de una batalla contra un dragón ha quedado la Baronía de Escriche, un núcleo de catorce masadas que pertenecen al municipio turolense de Corbalán. Cuentan de un caballero que fue nombrado barón por su valentía y destreza cuando dió muerte a un furioso dragón que aterrorizaba toda la zona. Una vez libre de la amenaza, el rey consiguió repoblar la zona y le dio a este guerrero todas las tierras por las que podía pasar con su caballo en un día.

Es curiosa, posiblemente única, la historia del dragón de la localidad turolense de Bronchales. Dicen que no era especialmente cruel, porque no mataba, pero sí era dueño de una glotonería muy molesta. Su arma eran sus ojos, con los que conseguía embrujar a los que le miraban. Sus víctimas eran los pastores, a los que en lugar de comer el rebaño les robaba las meriendas, o las mujeres recién paridas, de quiénes deseaba la leche maternal que robaba directamente de sus pechos. Cuentan que hartos de aquellos robos, los de Bronchales rodearon su cueva con leña y le prendieron fuego. Nadie sabe que pasó con el dragón, porque nunca más se supo de él.
Curiosamente las cualidades del dragón de Bronchales se asemejan mucho a las que la cultura popular aragonesa le ha atribuido a las serpientes. Al fin y al cabo, a ambos animales se les trata como primos hermanos o como fruto de una evolución natural.
Incluso se habla de una especie de dragones con forma de serpiente que tenían poderes hipnóticos. Así es, por ejemplo, el dragón que se esconde en la mítica Peña Oroel. Hechizaba con su mirada a sus víctimas y ellas le seguían hasta su cueva, donde eran devoradas. Las antiguas crónicas sitúan la gruta en una pared rocosa hasta la que llegó un soldado que había cambiado su condena a muerte por la oportunidad de matar a la bestia. Y aseguran que lo hizo gracias a un espejo en el que la bestia fue sorprendida al mirarse a sí misma.

Las leyendas también aseguran que en la Raja Os Moros, una sima en la cercanía del pueblo deshabitado de Escartín, habitan innumerables dragones con forma de grandes serpientes que, dicen, son malos espíritus.
Respecto a medidas contra estos animales, la cultura popular aragonesa señala que el gallo tenía suficiente poder como para contrarrestar sus poderes mágicos. Pero, además, los tréboles de cuatro hojas, las rogativas y amuletos varios, contribuían al afán del hombre por atraer la suerte y alejar a esos monstruos horribles que también han dejado su huella en Aragón y que ahora ya no se ven, pero se siguen nombrando, casi siempre para referirse a las salamanquesas que trepan por las paredes en verano.

El dragón sigue, de hecho, tan presente en un nuestro universo colectivo que incluso hubo quien quiso convertirlo en el animal que representa a los aragoneses. Se creó un diseño y se distribuyeron miles de pegatinas para pegar en la parte trasera de los coches, como una identificación que muchos aceptaron.


16/2/20

Reyes de Aragón (I)

Escudo de la Comunidad Valenciana, basado en la heráldica del rey Pedro IV, con la cimera en forma de Dragón alado.

Utilizado por primera vez por Pedro IV el Ceremonioso en su reinado entre 1.336 y 1.387, el Dragón sobre el casco era un distintivo destacado del monarca en sus apariciones públicas.
Un emblema heráldico que pronto se comenzó a utilizar también en los símbolos propios de los territorios en los que ejercía su poder. De esta forma, la figura del dragón como símbolo de la dignidad real, no sólo aparece junto a la señal cuatribarrada que definía a los reyes, sino que lo encontramos destacado sobre las representaciones más antiguas del escudo.

Pedro IV de Aragón, el Ceremonioso o el del Punyalet (el del puñalito, debido a un puñal que solía portar), fué II de Valencia y de Ampurias, I de Mallorca y Cerdeña y III de Barcelona (Balaguer 5 de octubre 1319-Barcelona 5 de enero 1387), rey de Aragón y de Valencia, y conde de Barcelona (1336-1387); rey de Mallorca (1344-1387), duque de Atenas (1380-1387) y Neopatria (1377-1387) y conde de Ampurias (1386-1387). Hijo de Alfonso IV de Aragón, el Benigno, por el Pacto de Madrid de 1339 ayudó a Alfonso XI de Castilla en la conquista de Algeciras (1344) y en el intento de conquistar Gibraltar (1349).

La Cimera del Rey de Aragón, Cimera Real, Cimera del Dragón, es un emblema heráldico que ornamenta la Señal Real de Aragón en algunas de sus representaciones.
En la terminología heráldica al uso, la cimera se añade a la representación del blasón o escudo de armas en su parte superior (timbre) y comenzó a usarse como insignia personal del portador del escudo para diferenciar su uso.
A partir de su utilización por parte de Pedro IV, el emblema que apareció como divisa personal, fue usado como expresión de la dignidad real por sus sucesores. Ejemplos de su uso podría ser el blasón de la ornamentación del alfarje de una de las salas del Palacio de los Reyes Católicos de la Aljafería, construido por mandato de Fernando II de Aragón y V de Castilla.
                              Jaime I el Conquistador

Durante los siglos XIV y XV, se puso de moda en los torneos de toda la Cristiandad que los caballeros apareciesen habillados con espectaculares cimeras, tal como se puede contemplar en las fabulosas miniaturas del Livre des tournois de René de Anjou (1460-65).
Esta moda afectó también a los monarcas que aprovechaban sus apariciones estelares durante los desfiles para lucir grandes cimeras que les identificaban. En el Armorial ecuestre del Toisón de Oro de la Bibliothèque del Arsenal, aparecen los principales reyes y condestables de Europa, casi todos ellos con cimera: el rey de Portugal tiene una cimera en forma de cisne; el rey de Inglaterra aparece con una cimera en forma de león, figura que aparece en su escudo; el rey de Francia presenta una cimera con un ángel con tres flores de lis, figura que hace referencia a los orígenes sobrenaturales del escudo de Francia; el rey de Castilla, lleva como cimera un castillo con un león que sobresale de una de sus torres, figuras que hacen referencia a los dos reinos, y el rey de Aragón porta la cimera del dragón alado, se ha podido demostrar que el primer monarca en utilizar la cimera del dragón alado fue Pedro IV, el Ceremonioso, a partir del cual los reyes de Aragón, hasta Fernando el Católico, lo utilizaron como emblema.

José María Quadrado, a finales del siglo XIX desveló un documento, firmado en 1.407 por el rey Martín I el Humano, en virtud del cual concedía a los jurados del reino de Mallorca su cimera para que fuese llevada por el portaestandarte durante la fiesta de la Conquista. El documento del rey Martín I nos desvela el origen de la famosa cimera.

Entre las teorías sobre el origen de la palabra “Aragón”, existe una que se refiere a un animal supuestamente mitológico que aparece en todas las culturas del mundo. Hay quienes consideraron que, por el parecido, la palabra “Dragón” podría tener alguna relación con el nombre que se le dio a esa tierra, dado que los reyes aragoneses utilizaban en su cimera la figura del Dragón.

Otros dicen fue un mote que partía de esa similitud fonética, de “los de Aragón” a “los del dragón” hay muy poca diferencia.
Según Guillermo Fatás Cabeza, se trata de un emblema parlante que representa un mote o lema con la equivalencia entre “Dragón” y “d'Aragón”, que aludía a la dignidad real en las tierras y pueblos del rey de Aragón, habitualmente llamados entre los siglos XII y XIV “Casal d'Aragó” y desde la última década del siglo XIII, Corona de Aragón.
Continuará...

12/2/20

Mondragón


En la mitología vasca, Herensuge (dragón en euskera), volaba dejando un rastro de fuego y haciendo un sonido aterrador. Se alimentaba de caballos y burros, y a veces raptaba seres humanos y los ahogaba, se los comía o simplemente, los hacía enloquecer.

Existen múltiples descripciones de este dragón, con múltiples nombres: Erensuge, Lerensuge, Herainsuge, Errensuge, Hensuge, Edensuge, Edeinsuge, Edaansuge, Igensuge o Iraunsuge. Según unas leyendas, tiene siete cabezas, según otras, sólo una. Tendría también múltiples refugios. Hay varias historias diferentes sobre su muerte, cada una de ellas a manos de un héroe distinto.

Existe una leyenda muy conocida que atribuye el nombre de Mondragón (derivación del original Mondragoe) a la existencia de un dragón llamado Herensuge que vivía en el monte Santa Bárbara y que aterrorizaba a los habitantes de Arrasate y de los alrededores. Este dragón fue vencido por los ferrones de la comarca, y la villa que nació al abrigo del monte Murugain recibió en su recuerdo el nombre de Mondragón.

Los historiadores piensan, sin embargo, que el nombre no fue originado por la leyenda, sino que la leyenda fue inventada a posteriori para tratar de explicar el nombre, y creen que este evocador nombre fue sin más una ocurrencia poética del Rey sabio. El nombre de Mondragón también puede guardar algún tipo de relación con Frey Guillen de Mondragón, comendador de Consuegra, caballero sanjuanista, que era íntimo amigo del monarca Alfonso X, ya que siendo éste todavía infante le concedió a él, como comendador de la orden de San Juan, la propiedad del castillo y villa de Archena recientemente conquistada al emir Ibn Hud. Es muy probable que ambos volvieran a coincidir durante el proceso del Pacto de Jaén y posteriores escaramuzas militares castellanas que coincidirían en el tiempo con la entrega de la Carta Puebla a Mondragón, dada en algún punto próximo a Santisteban del Puerto o Iznatoraf.

No está clara la etimología del nombre Arrasate, pero incluye las palabras “ate” que en euskera quiere decir puerta, paso o portillo, y “arras” que no tiene clara significación. La aldea se situaba en el lugar donde confluían los ríos Deva y Aramayona, y dos caminos que bajaban de Álava hacia la costa. No obstante, si se obedece a la toponimia, Arrasate se encontraría en la ladera suroeste del montículo de Santa Bárbara, mientras que el Mondragón medieval se construyó al Este de dicho montículo.

Fuente: Wikipedia

31/1/20

El Dragón Lusitano


El dragón lusitano era una criatura marina muy común en la iconografía portuguesa, representado como un dragón verde con cola serpentina era portado por los lusitanos, quedando como legado en la simbología. Con el tiempo, una pareja de estos dragones adornarían el escudo de armas real de Portugal.

El dragón fue muy popular en la mitología portuguesa durante la Era de las Exploraciones, sirvió para adornar numerosos mapas acompañando la leyenda “hic sunt Dragones” (aquí están los dragones) y los relatos épicos.
Otras teorías, alejadas del origen lusitano, sugieren que el dragón hizo aparición durante la Edad Media como parte del culto a San Jorge, santo patrón de Portugal y de algunos lugares de Extremadura como la ciudad de Cáceres.
Cuentan las crónicas de la época que los caballeros bajo las órdenes del general Nuno Álvares Pereira portaban un pendón con el dragón verde para celebrar la batalla de Aljubarrota en 1.385 (en el campo de San Jorge), tal vez guardando alguna relación el icono con los arqueros galeses que los acompañaban.
En la Historia Augusta, el signum draconis o draco (el estandarte con un dragón), cuenta como enseña legionaria entre las tropas del emperador Galieno (253-268).

Lusitania era una antigua provincia romana que incluía gran parte del territorio del actual Portugal al sur del río Duero y parte de la España moderna. Su capital era Emerita Augusta, y fue inicialmente parte de la provincia romana de la Hispania Ulterior, antes de convertirse en una provincia propia en el Imperio Romano. Los romanos llegaron por primera vez a dicho territorio a mediados del siglo II a.C.

Se entiende por lusitanos al colectivo de diversos pueblos celtas prerromanos, cultural y étnicamentemente afines, asentados en torno al distrito portugués de Castelo Branco extendiéndose hacia el norte y alcanzando las riberas del río Duero donde hacían frontera con los Galaicos. Se adentraban por el este hasta Extremadura, y por el sur hasta el norte del Alto Alentejo.
La etimología del origen de la palabra lusitano no está claro. El nombre puede ser de origen celta, Lus y Tanus, o “tribu de Lusus” que conecta el nombre Luso con el dios Lug.
Algunos autores modernos consideran que eran indígenas en principio dominados por los celtas, antes de obtener la plena independencia de los mismos. Alternativamente, el arqueólogo Scarlat Lambrino propuso que eran originalmente un grupo tribal de origen celta relacionado con los lusones de origen Saefes. Los Saefes eran un pueblo de la antigua Iberia que vivió en la costa del actual Portugal.

En el poema Ora Marítima, el autor romano Avieno del siglo IV escribió que los Lug eran vecinos de los Cnetes, colocándolos en un distrito de tierras altas de la región de Ophiussa (cerca de la desembocadura del Tajo) cerca de una isla que él nombró Poetanion y que, junto con con otra tribu llamada Cempsi, habían tomado ese territorio por la fuerza a los gobernantes anteriores.
Asociados con los Saefes, citados por Avieno, vivían en Hispania occidental, de la cultura Hallstatt, tal vez relacionados con los vecinos inmediatos los Boii, los Lugii una extensión hacia el oeste del pueblo báltico, y Venetii de culto Ofita similar.

Como los Saefes más allá de la zona celta de Westfalia, cruzaron Holanda, Bélgica y la costa atlántica francesa. Llegaron a Hispania alrededor del 650 a.C., acompañados por tribus germánicas, entre ellos los Cempsi, los Cimbri y los Eburones. Se supone que estas tribus vivieron durante algún tiempo en la Meseta central. Después los Cempsi partieron hacia el oeste de Hispania y se adentraron en el valle del Tajo portugués, donde Avieno localizó el “lugum Cempsicum”, el actual cabo Espichel y Cimbria en el territorio posterior de los lusitanos.
En la posguerra, los arqueólogos polacos generalmente interpretaban a los Venetii como los posibles portadores de la cultura de Pomerania, una cultura arqueológica de la Edad del Hierro en Polonia, que incluía el oeste del Vístula, aunque esta hipótesis del oeste del Vístula ha sido rechazada.
Continuará...

26/1/20

Ophiussa


Ophiussa es el antiguo nombre dado por los antiguos griegos a lo que hoy es territorio portugués cerca de la desembocadura del río Tajo, y significa Tierra de Serpientes.

Rufus Avienus Festus (Avieno), escribiendo sobre temas geográficos en Ora Marítima, un documento inspirado en un periplo de los marineros griegos, relató que Oestriminis (Extremo Oeste en latín) estaba poblado por los Oestrimni, un pueblo que había estado viviendo allí por un mucho tiempo, y tuvieron que huir de su patria “después de una invasión de serpientes”. Estas personas podrían estar vinculadas a los Saephes u Ophis "Pueblo de las Serpientes" y a Dragani "Gente de los Dragones", que llegaron a esas tierras y construyeron la entidad territorial que los griegos llamaron Ophiussa .

La "Gente de la serpiente" de la semi-mítica Ophiussa en el extremo oeste de Iberia, se observa en las fuentes griegas antiguas.
Los Ophi vivían principalmente en las montañas del interior del norte de Portugal y Galicia. Otros dicen que vivían principalmente en los estuarios de los ríos Duero y Tajo.
Los Ophi adoraban a las serpientes, de ahí Tierra de Serpientes. Han surgido algunos hallazgos arqueológicos que podrían relacionarse con esta cultura. Algunos creen que el Dragón a veces representaba la Serpiente alada original, el Wyvern (guiverno) o Serpiente Emplumada (la tradicional Serpe Real portuguesa), la antigua cresta de la corona de los reyes de Portugal y más tarde de los emperadores de Brasil, está vinculada a la población local o los celtas que más tarde invadieron la zona y también pudieron haber sido influenciados por el culto Ophita.

Una leyenda relata que en el solsticio de verano una serpiente virgen, una diosa ctónica, revelaba tesoros ocultos a las personas que viajan a través de los bosques. Era una doncella que vivía en la ciudad de Oporto, durante el resto del año, se convertía en una serpiente que vivía bajo las rocas, y los pastores apartaban un poco de leche de sus rebaños como ofrenda para ella.

Además de Ophiusa, Avieno identifica varias zonas geográficas pobladas por los llamados "oestrimnis":
Las islas Estrímnides, que son ricas en estaño y plomo. Están a dos días de navegación de Hibernia (o Irlanda) y cerca de Albión (Gran Bretaña). Estas islas Estrímnides son, con toda probabilidad, las islas Scilly que también eran conocidas en la Antigüedad como las islas Casitérides (islas del estaño)”.
Los oestrimnios fueron considerados habitantes preceltas de Galicia y de Bretaña, formaban parte de una comunidad aborigen de origen protocéltico asentada desde la Edad de Bronce, que ocupaban el norte oeste peninsular y que a lo largo de la historia han sido conocidos como los borrosos oestrimnios del estaño.
La Península Ibérica está colocada en una posición intermedia entre las tendencias religiosas que se podrían denominar “nórdico-solar” indoeuropea uránica y la mediterráneo-ctónico–subterránea.
Los diferentes pueblos que con sus múltiples creencias han dejado las huellas de su paso y asentamiento en la península Ibérica han tenido en común el motivo iconográfico de la serpiente, aunque su significado, a veces por falta de fuentes escritas, haya que suponerlo, basándose los investigadores en paralelos actuales. Esto hace que las teorías sean variadas, a veces diferentes y claramente opuestas, variando con el tiempo.

Sabemos en primer lugar de la existencia de la teoría de un culto ofiolátrico en la protohistoria peninsular, y hallamos a la serpiente en los supuestos cultos celtas del Noroeste (Galicia y región del Miño), cultos conocidos hace bastantes años por los estudios de Bouza Brey y López Cuevillas, que apoyaban una coincidencia entre las creencias del pueblo celta "invasor" de Galicia y el invadido; es decir, que el culto a la serpiente en Hispania debió ser anterior a la posible llegada de los sefes celtas y tal vez autóctono.
Sea cual sea o fuera la realidad, lo que es incuestionable es la presencia iconográfica de este animal de una forma destacada, que hace suponer, al menos por similitud con datos centroeuropeos, la posibilidad de que en la Península Ibérica, en época prerromana, pudiera haber sido adorada, reverenciada o "conjurada" una divinidad cuyo animal, icono o simple figura pudiese ser la Serpiente que aparece en numerosas representaciones, de joyas, estelas, petroglifos, lápidas, aras etc. de todas las épocas, por no referirnos al famoso nombre Ofiussa o "tierra de serpientes".
Continuará...

24/1/20

La Orden del Dragón (II)


Los caballeros del Dragón, llamados draconianos o barones (también socii) a los que los estatutos no exigían pertenecer a la nobleza o a la realeza, aunque todos lo eran, considerándose hermanos; cuando uno moría los otros debían asistir a su entierro, pagar treinta misas por su alma, otras cinco por las llagas de Cristo y vestir de luto los viernes. 
Originalmente eran veintiuno, todos fieles partidarios de Segismundo, si bien en 1.418 se incrementó su número a veinticuatro y más tarde, entre 1.431 y 1.437, se amplió aún más. No obstante, los primeros tenían un estatus superior que mostraban en el uso del doble símbolo del dragón y la cruz, mientras que los siguientes únicamente lucían el dragón, Vlad Dracul estaba en este segundo grupo al ingresar, previa conversión al catolicismo, en Nuremberg el 8 de noviembre de 1.431, el mismo año en que nació su famoso hijo quien, a su vez, también entraría en la orden.

Vladislav II conocido históricamente como Vlad Dracul (Vlad el Dragón) fue un voivoda del principado de Valaquia que gobernó entre 1.436-1.442 y nuevamente entre 1.443-1.447. Su apodo Drácula procede de su pertenencia a la Orden del Dragón, en el antiguo rumano Dracul también significa Diablo. Recibió su apodo en 1.431, después de jurar los votos de la Orden del Dragón ante el rey húngaro Segismundo de Luxemburgo, como parte de un plan de Vlad para conseguir el favor de la Iglesia Católica y del emperador para proteger el voivodato de Valaquia (en rumano Tara Românească) contra el avance de los turcos otomanos.

Vladislav II fue el padre de Mircea II, Vlad Tepes/Vlad Drăculea (también conocido como Vlad el Empalador), Vlad Călugărul y Radu el Hermoso. Los dos primeros eran hijos de su primera esposa y los dos siguientes de su segunda. Los cuatro llegaron a gobernar el principado de Valaquia. Su hijo Vlad Tepes (Vlad III) se convertiría en el más notorio, ya que su vida constituyó la inspiración de la novela Drácula de Bram Stoker.
Continuará...

22/1/20

La Orden del Dragón (I)


En Europa, la Orden del Dragón (latín Societas Draconistrarum; húngaro Sárkány lovagrend; alemán Der Drachenorden; croata Zmajev red; rumano Ordinul Dragonului), fue una orden militar católico romana de caballeros, generalmente integrada por nobles y príncipes, que surgió en la unión de Hungría y Croacia a finales de la Edad Media.
Fundada en 1.408 por el rey Segismundo de Hungría, que posteriormente fue emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (entre 1.433 y 1.437).

La Orden del Dragón tuvo especial importancia en Hungría, Croacia, Serbia, Alemania e Italia. Según una copia que se conserva de sus estatutos, la Orden estaba obligada a defender la Santa Cruz y a luchar contra los enemigos de la Iglesia católica.

El origen de la Orden del Dragón puede entenderse tras analizar las feroces batallas por el poder que lideró Segismundo antes de 1.408. En 1.387, Segismundo de Luxemburgo fue elegido Rey de Hungría y Croacia, un título que le proporcionó su matrimonio con la reina María I de Hungría (sin su consentimiento). Durante la siguiente década, buscó apoyos y empleó métodos implacables para mantener su posición en el trono. Su situación empeoró cuando en 1.395 su esposa y su único hijo murieron bajo extrañas circunstancias.
En 1.396, con Hungría y Croacia amenazadas por el Imperio Otomano (que ya ejercía el control sobre prácticamente todos los Balcanes), el papa Bonifacio IX proclamó una cruzada contra los turcos. Segismundo lideró una coalición de guerreros, pero tuvo que rendirse en la Batalla de Nicópolis, aunque se le permitió escapar, su imagen en Hungría quedó desprestigiada.

En 1.401 tuvo que enfrentarse a una serie de revueltas en su país, pero obtuvo el control y se reafirmó como el verdadero rey de Hungría. Derrotó a sus enemigos con la inestimable ayuda de sus aliados: Nicolás Garai, el joven y el conde Armando II de Celje, sin los cuales difícilmente habría podido imponer el orden. Dirigió una campaña contra los croatas y los bosnios, que culminó en 1.408 con la Batalla de Dobor y una masacre a gran escala de familias nobles.

El 12 de Diciembre de 1.408, tras la Batalla de Dobor, Segismundo y su esposa Bárbara de Celje fundan la orden de caballería laica conocida actualmente como Orden del Dragón.
Sus estatutos, escritos en latín, la denominaban "sociedad" y sus miembros portaban el símbolo del Dragón, aunque no se lo nombraba. Los documentos actuales, sin embargo, se refieren a ella con una variedad considerable de nombres no oficiales, como “Gesellschaft mit dem Trakchen”, “Divisa seu Societate Draconica”, “Societate Draconica seu Draconistarum” y “Fraternitas Draconum”. De algún modo resultó una continuación de la anterior orden de caballeros húngaros, la Orden de San Jorge (Societas militae Sancti Georgi), fundada por el rey Carlos I de Hungría en 1.318. Esta adoptó también a San Jorge como patrono, de quien las leyendas cuentan que venció al dragón. Este dragón fue durante años el símbolo de dicha orden.

El prólogo a los estatutos de la Orden del Dragón de 1.408, relata que la sociedad fue creada. “...en compañía de los prelados, barones y magnates de nuestro reino, a quienes invitamos a participar con nosotros en esta empresa, en virtud de nuestra clara determinación de aplastar los perniciosos actos del igualmente pérfido enemigo, a los seguidores del antiguo Dragón y a los caballeros paganos, a los autores del Cisma y a otras naciones de fe Ortodoxa, y a aquellos que sueñan con someter la Cruz de Cristo y a nuestros reinos, así como su sagrada religión redentora, bajo el estandarte de la Cruz de Cristo triunfante”.
Los estatutos continúan explicando los símbolos de la orden: el uróboros y la cruz roja, los cuales eran portados por sus miembros y otorgaban identidad a la orden. También enumera las obligaciones mutuas del rey y sus nobles. Los miembros tenían que jurar lealtad al rey, a la reina y a sus futuros hijos y se comprometían a defender los intereses reales. A cambio de los servicios, los nobles disfrutarían de protección real, honores y títulos.

La naturaleza y objetivos de dicha orden no eran nuevas en Europa. Muchos caballeros medievales anteriores a Segismundo ya habían fundado sus propias órdenes de caballeros para mantenerse en el trono. La orden de Segismundo estuvo sobre todo influenciada por la Orden de San Jorge, cuyos estatutos de 1.326 obligaban a proteger al rey de cualquier complot, principios que se mantuvieron también en la Orden del Dragón. Sus miembros ocupaban alguna dignidad alta dentro del reino húngaro, o eran príncipes de Estados vecinos que se hallaban bajo la influencia de Hungría.

Entre 1.408 y 1.437 la Orden del Dragón fue la institución política de origen noble más importante en Hungría y Croacia, pues ésta se hallaba dentro de las fronteras del reino. Fue creada para proteger el trono húngaro y concretamente la permanencia en él de Segismundo, al que se juraba lealtad feudal. Una vez fallecido en 1.437 la orden decayó, aunque algunas ilustres familias húngaras conservaron el dragón en su escudo heráldico.

El área de influencia de la orden fue Europa Central (también Italia), pues no estaba concebida para ir a Tierra Santa al haberse acabado ya hacía siglos la fiebre de las cruzadas (la última terminó en 1.291 con la caída de San Juan de Acre).

Fuente: Wikipedia

13/1/20

Reyes Ofitas (VII)


En la Septuaginta, la versión griega temprana del Antiguo Testamento, la serpiente se llama "drakon". En la antigua Grecia, la palabra "drakon" se usaba para las temibles criaturas tales como serpientes, reptiles grandes y otros animales terroríficos. Así el término "drakon" se trasladó a través de canales semánticos a la asociación de una serpiente de alas grandes y patas de dragón en la literatura y la cultura occidental.

El uróboros (ouroboros) del griego ουροβóρος “serpiente que se come la cola”, simboliza el ciclo eterno de las cosas, también la lucha eterna, o bien el esfuerzo inútil, ya que el ciclo vuelve a comenzar a pesar de las acciones para impedirlo. 
En un principio su uso más antiguo estaba en la emblemática serpiente del Antiguo Egipto y la Antigua Grecia. Los uróboros se remontan a los jeroglíficos hallados en la cámara del sarcófago de la pirámide de Unis (Saqqara, El Cairo) en el 2.300 a.C. El símbolo tradicional consiste en un dragón o una serpiente que se muerde la cola y crea un círculo sin fin.

Los reyes ofitas habían descendido a través de Tuatha Dé Danann (los Reyes del Dragón de Anu) por un lado, y la Dinastía Dragón Egipcia de Sobek por el otro. La última cepa incluía el linaje de la Casa Davídica de Judá, que se casó con el descenso de los reyes merovingios de los francos.
Los principios de las tradiciones del Grial y del Dragón están implícitos en la definición de que debemos ser uno con la tierra, y no podemos por lo tanto, presumir el dominio sobre ella. El Dragón personifica la unidad, en la que todas las cosas son uno dentro de la fuente.

Según las fuentes irlandesas, la sociedad divina está estructurada de la misma manera que la sociedad humana, y la organización de los Tuatha Dé Danann está jerarquizada en tres clases funcionales:
    -La función sacerdotal, cuyo rol apunta a lo sagrado, encarnado por Dagda el dios druida.
    -La función guerrera, encargada especialmente de la soberanía y que está representada por Ogma, el dios guerrero y Nuada, el dios rey.
    -La función artesanal, que se produce por el conjunto de la comunidad, figurada por Goibniu, Credne y Luchta.

Este esquema retoma la ideología tripartita de los indoeuropeos, como ha sido estudiado por Georges Dumézil. El dios Lugh no pertenece a ninguna clase en particular, más bien a todas, él está por encima debido a que puede asumir todas las funciones. Uno de sus sobrenombres es Samildanach, el “politécnico” en el sentido que domina todas las artes, todas las ciencias.

Los Tuatha Dé Danann llevaron cuatro tesoros mágicos a Irlanda: La caldera del Dagda, la lanza de Lugh, la piedra de Fal y la espada de Nuada.
La lanza, como casi cualquier instrumento de guerra, es símbolo fálico y de gran poder, simboliza la fortaleza debido a que es recia y no debe vencerse, ni atemorizarse ante el enemigo. La lanza de Lugh, también llamada "Lanza de Assal" es llevada a Irlanda por los Tuatha Dé Danann, según los antiguos relatos en lengua gaélica. Esta lanza tiene la particularidad de ser flamígera y solo pierde su fuego si es mojada en sangre humana.
Esta filosofía está integrada en el concepto de gnosis individual y se encuentra en el corazón de la cultura draconiana, es evidente en todos los aspectos de la vida misma, emanando de la tradición antigua de los Señores, Duendes y Damas del Bosque, este legado ancestral forma la base sobre la cual se fundó originalmente este y todos los tribunales de dragones legítimamente relacionados.

La soberanía del dragón había evolucionado en Egipto desde la antigua Mesopotamia y su tradición estaba conferida a Sobek, el cocodrilo sagrado (el messeh o mus-hus). Fue a partir de la práctica de la unción real con la grasa de la messeh que el verbo hebreo 'mashiach' (ungir) derivó, y las dinastías del dragón se hicieron conocidas como Mesías (ungidas).

La dinastía del Grial de David y Salomón había progresado hacia el oeste, especialmente hacia los reyes merovingios de la Galia, mientras que las ramas relacionadas establecieron reinos en Irlanda y la Bretaña celta. Estas líneas se vincularon a través del matrimonio con cepas paralelas del Dragón de Ham, Japhet y Tubal Cain (que habían sobrevivido como las casas reales de Escitia y Anatolia).

Las familias habían forjado sus propios vínculos matrimoniales con las primeras princesas de la sucesión egipcia. El primer PenDragon (Head Dragon) de la Isla Británica (Pen Draco Insularis). De esta casta fue el Rey Cimbelino de la Casa de Camu , que se instaló alrededor del año 10 d.C. Los PenDragon Celtas no fueron sucesores de padre a hijo, sino que fueron elegidos individualmente de las ramas familiares reinantes por un consejo de ancianos druídicos.
El último PenDragon fue Cadwaladr de Gwynedd, quien murió en el año 664 d.C. En esa época, gran parte de Gran Bretaña se redujo a la influencia germánica de los invasores anglosajones y nació InglaTerra, a diferencia de Escocia y Gales.


27/12/19

Reyes Ofitas (VI)

                              El Erecteión en la Acrópolis de Atenas

Erictonio surgió del semen de Hefesto y fecundado por la Madre Tierra fue adoptado por Atenea, con el tiempo se convirtió en el rey de Atenas.

Atenea pretendía mantenerse virgen para siempre y los dioses se burlaban de ella. Un día en el que la diosa necesitaba una armadura nueva se dirigió a la fragua de Hefesto para encargársela. Poseidón con malicia le dijo a Hefesto que Atenea estaba enamorada de él y como no se atrevía a decírselo, iba con el pretexto de buscar una armadura.
Cuando Atenea aparece, Hefesto sin mediar palabra se abalanza sobre ella y ambos comienzan a forcejear, en el momento crítico, la diosa se aparta y es la tierra la que queda fecundada. Nacerá Erictonio un hijo deforme con las piernas de serpiente que será rechazado por todos.

Como Atenea es virgen, la que concibe es la Madre Tierra y Atenea adopta a Erictonio, lo recoge y lo entrega, en un cesto, a las hijas de Cécrope rey de Atenas (Herse, Pandrosos y Aglauros) para que lo cuiden, indicándolas que no abran nunca el cesto. Pero las princesas incitadas por la curiosidad destapan el cesto y contemplan con horror al niño mitad hombre mitad serpiente. Asustadas caen desde lo alto de la acrópolis y mueren.

Erictonio para escapar de la ira del rey se refugia tras el escudo de la Diosa Atenea. Los antiguos historiadores griegos no distinguían entre él y su descendiente Erecteo.
En la mitología griega, Erecteo fue rey de Atenas, hijo de Pandión I de Atenas y Zeuxipa. Pandión era hijo de Erictonio, a quien algunos autores llaman Erecteo I, recibiendo por tanto su nieto el nombre de Erecteo II. Por otra parte, algunas fuentes afirman que llegó al Ática desde Egipto.
Según Apolodoro, tuvo un gemelo llamado Butes, y se dividieron el poder real de Pandión. Erecteo tomó el poder real y Butes el sacerdocio de Poseidón y Atenea, el cual pasó directamente a sus descendientes.
Erecteo tuvo siete hijas con su esposa Praxítea: Protogenia, Pandora, Procris, Creúsa, Oritía, Ctonia que se casó con Butes, su tío) y Otionia. Tres de las hijas de Erecteo, forman la Triple Diosa (neopaganismo) pelasga a quien se le hacían libaciones.

Las fechas de estos reinados fueron conjeturadas siglos después. El Marmor Parium (Piedra de Paros) los data hacia 1582-1259 a.C.; Cécrope, debió reinar hacia 1556-1506 a.C.. Le siguieron Cránao (1506-1497 a.C.), Anfictión (1497-1487 a.C.), Erictonio (1487-1437 a.C.), Erecteo II y Cécrope II. Uno de sus descendientes fue Teseo (1234-1204/1213 a.C.) el que mató al Minotauro, en Creta.

En aquel tiempo Eumolpo, que era uno de los hijos de Poseidón, comandó un ejército de tracios para pretender el dominio de Atenas en nombre de su padre Poseidón, en el conflicto entre Atenas y Eleusis, éste regía a los eleusinios.
Erecteo, era rey de Atenas en aquel momento y se dispuso a la defensiva, por lo que consultó al oráculo para saber que debía hacer para ganar la batalla, obteniendo como resultado que tenía que sacrificar a su hija Ctonia. En la batalla, Eumolpo fue asesinado por Erecteo y Atenas venció a Eleusis. Poseidón, resentido, pidió a Zeus que matase a Erecteo, y éste lo asesinó con un rayo.

Según Cástor de Rodas y Apolodoro, sucedió a Erecteo su hermano (o su hijo) Cécrope II. Otros hijos suyos, mencionados algunas veces, son Orneo, Metión, Pandoro, Tespio y Eupálamo.
Pausanias, indica que en la batalla entre atenienses y eleusinos murió Imárado, el hijo de Eumolpo, y que después de este enfrentamiento los eleusinos se sometieron a los atenienses en todo, excepto en la celebración de los misterios.

Poseidón era conocido en Atenas como Poseidón Erecteo. El vestíbulo del templo de Poseidón fue llamado Erecteión.
El Erecteión, es diferente del Partenón, más pequeño y modesto, más complejo quizás porque esconde en su leyenda el primitivo culto a las serpientes en la Acrópolis de Atenas. El cecropio, la tumba del rey, se encontraba junto al pórtico de las cariátides, en el recinto del Erecteión en la Acrópolis de Atenas.

La historia de Erictonio puede leerse en: APOLODORO, Biblioteca, III,14,6.; EURÍPIDES, Ión 20 ss., 266 ss.; HIGINO, Fábulas 166; PAUSANIAS, Descripción de Grecia,I,18,2; OVIDIO, Las Metamorfosis, II, 553-561.