21/2/17

Tesoros de Canaán (Alfabetos IV)

Inscripción de la Piedra de Paraiba (Brasil)

El orientalista Lienhardt Delekat (Phönicier in Amerika, Bonn, 1969) ha demostrado, el carácter cananeo de la Piedra de Paraíba (actualmente la ciudad se llama Joao Pessoa capital del estado de Paría, al sur del Cabo San Roque, en Brasil).
La piedra, que al encontrarla en una plantación se partió en cuatro pedazos, desapareció, pero antes se hicieron copias de la inscripción. Fue encontrada el 11 de Septiembre de 1872 y quizás sea una prueba de que navegantes fenicios llegaron a Brasil 2.000 años antes de su descubrimiento oficial.

El estudio más completo sobre el texto de Paraiba se debe a Delekat de la Universidad de Bonn. El autor analiza cada una de las formas gramaticales de este texto, comparándolo con el arameo, el hebreo antiguo, el sidonio y otros dialectos cananeos, particularmente con respecto a las formas del imperfecto consecutivo. Delekat concluye que el texto está escrito en Sidonio antiguo de finales del siglo VI a.C. La traducción de Delekat es la siguiente:
Somos hijos de Canaán, de la ciudad de Sidón. El reino se dedica al comercio. Estamos varados en esta costa montañosa lejana y queremos sacrificar ante los dioses y las diosas. En el año 19 del reinado de Irma, hemos zarpado de Ezlon Geber por el Mar Rojo, con diez barcos. Hemos navegado ya dos años y hemos circunnavegado esta tierra, tanto caliente como lejana de las manos de Baal (i.e. fría) y hemos llegado aquí doce hombres y tres mujeres, porque en otra costa diez de ellas han muerto, porque habían pecado. Que los dioses y las diosas nos sean favorables”.

Las traducciones de otros autores como Netto, Schlottmann y Cyrus H. Gordon, difieren en la interpretación de varias palabras. El rey aludido sería Hiram III, cuyo 19º año del reinado corresponde al 532 a.C.
El estudio del texto lleva a Delekat a una conclusión inesperada. Los navegantes fenicios habrían llegado a Brasil por el Pacífico, pasando por el sur del Estrecho de Bering y el sur del Cabo de Hornos (zonas frías), y entre estas dos regiones, por Mesoamérica (zona caliente).

En 1976, Barry Fell (América a.C. Los primeros colonizadores del Nuevo Mundo. México, Diana, 1983), dio su traducción de una inscripción trilingüe hallada en el túmulo funerario de Davenport, en Iowa, describiendo la celebración egipcia del Año Nuevo en el equinoccio de Marzo. Las tres lenguas son el egipcio, el íbero púnico y el libio.
Esa lápida ha sido fechada alrededor del año 800 a.C., durante la XXI dinastía (libia) de Egipto. Las expresiones referidas a la astronomía y a la religión en la escritura hierática egipcia no difieren más que en textos copiados por manos diferentes.

Un descubrimiento sensacional, también de Barry Fell, es el uso de signos jeroglíficos por los indios Micmac de Acadia, la parte de Canadá situada al norte del Maine y al sur del estuario del río San Lorenzo. Esta tribu, que pertenece al grupo algonquino, fue evangelizada en el siglo XVIII por el abate Maillard, quien escribió en jeroglíficos un catecismo para sus parroquianos, una historia religiosa, el rito de la misa, las oraciones principales y algunos salmos. Para sus compatriotas franceses, Maillard redactó en 1.738 su Manuel hieroglyphicus Micmac. Se ha creído durante dos siglos que Maillard había inventado estos signos jeroglíficos para escribir las oraciones de sus fieles, pero 61 años después de su muerte, en 1.823 Champolion empezó a descifrarlos.
Barry Fell ha demostrado que estos jeroglíficos egipcios son muy similares a los de los Micmac. ¿Cómo pudo Maillard aprender la escritura egipcia antes que Champolion revelara su lectura e interpretación?, es evidente que los Micmac conocían y usaban la escritura jeroglífica egipcia y la habían aprendido de los propios egipcios. Cómo y cuándo son problemas sin resolver, lo cierto es que los algonquinos (nombre genérico de los individuos pertenecientes a la familia lingüística india extendida en Norteamérica, las tribus algonquinas se hallaban dispersas desde el río Churchill hasta las Carolinas y desde Terranova a las Montañas Rocosas) celebran cada año la llegada de sus ancestros a América por mar, pero no saben ni de dónde ni cuándo vinieron.

En otro capítulo, Fell nos muestra una inscripción grabada en Texas en idioma libio escrito con alfabeto Ogam, donde se señala que allí llegó una tripulación del rey Shishong, nombre de varios reyes de Egipto entre 1000 y 800 a.C.

Fuente: Rick Sanders (“Ancient navigators could have measured the longitude”) Octubre 2001, publicado en 21st. Century Science & Technology Magazine.

17/2/17

Tesoros de Canaán (Alfabetos III)

Los fenicios utilizaban un alfabeto fonético que los griegos adaptaron a su propia lengua y con el tiempo, sirvió de modelo para los posteriores alfabetos occidentales. Se conoce la existencia de dialectos en su lengua (de Biblos, Chipriota, Púnico), y como tal dejó de hablarse en Palestina en el siglo II, aunque reminiscencias persisten entre los Bereberes y Tuaregs del norte de África.

Los hebreos adoptaron el alfabeto fenicio, aunque dada la similitud de sus lenguas y la mutua influencia por su cercanía geográfica hubo menor modificación que por los griegos. Los griegos tomaron algunas letras del alfabeto fenicio y les dieron valor de vocal; debido a las diferencias lingüísticas entre ambos idiomas (griego/indoeuropeo, fenicio/semita), también cambiaron la pronunciación de algunas letras, y agregaron algunos símbolos para representar sonidos inexistentes en fenicio.
El alfabeto latino proviene del alfabeto etrusco, que fue a su vez una adaptación del alfabeto griego.

La literatura fenicia y púnica está rodeada de un halo de misterio, dado los pocos vestigios que se han conservado. Se han perdido los archivos existentes en palacios y templos (Anales de Tiro), así como sus textos geográficos, jurídicos, filosóficos y religiosos de los que, con referencias indirectas, tenemos constancia. No queda más que una serie de inscripciones reiterativas y estereotipadas, pocas de las cuales tienen carácter netamente literario (casi todas meramente votivas o funerarias, y solo alguna narración histórica, poemas, etc.), otras sobre monedas, fragmentos de la Historia de Sanjuniatón y del Tratado de Magón, la traducción al griego de Los anales de los reyes tirios por Menandro (Josefo conservó fragmentos de esta obra), del Viaje de Hannón el Navegante, y el texto del Poenulus de Plauto, junto a otros textos en versiones muy alejadas de los originales.

En poco más de un centenar de rótulos, estelas o epígrafes se citan nombres, divinidades, cargos públicos, oficios o invocaciones religiosas que sugieren un pueblo lleno de creencias, mitología, técnica y cultura. Es un hecho probado que tanto en Fenicia como en Cartago hubo bibliotecas y tras su victoria sobre Cartago, el Senado Romano dictó su reparto entre sus aliados africanos (lo que demuestra su valía, aunque del soporte en papiro de Plinio (Hist. Nat. XVIII, 5, 22) indicaba que de este reparto solo se salvó la obra de agricultura de Magón, y conocemos que los fenicios tuvieron una rica producción literaria heredera de su pasado Cananeo, de la que obras como las de Filón de Biblos o Menandro de Éfeso, sin duda son parte muy poco representativa.
Los Anales de Tiro, que se siguen estudiando, los archivos que se desentierran en Ebla (Siria) o los muy antiguos Textos de Ugarit, están aportando nuevas visiones de sus creencias y su saber.

Aunque los fenicios fueron un pueblo mucho más comerciante-marinero que agrícola-ganadero, obviamente necesitaban alimentos, que obtenían de los pequeños territorios agrícolas de sus ciudades y colonias, y disponían de numerosas deidades relacionadas con la agricultura.
Adoraban la vida en el campo y los jardines y frutales de sus ciudades, el testimonio de Diodoro de Sicilia sobre las explotaciones agrícolas de Cabo Bon (XX, 8, 2), es suficientemente explícito, y los de Cartago eran famosos. Algunos nombres de plantas han pasado a través de los griegos a la nomenclatura botánica vinculados a ellos, sea la palmera (Phoenix) o el granado (Punica). Precisamente en esa ciudad, y volviendo a sus textos, se había escrito el citado Tratado de agricultura de Magón, de 28 libros (originales perdidos), donde hallamos varias referencias a sus abejas y a sus plagas. Este texto fue traducido al latín tras la destrucción de Cartago (146 a.C.) y posteriormente al griego, a partir de las cuales nos han llegado referencias y 66 fragmentos, y sabemos que fue ampliamente utilizado por los romanos (citado en la Res Rustica de Varrón, en el tratado de Columela, por Plinio, etc.) y por los árabes. De estos fragmentos, tres (uillatica pastio) se dedican a la apicultura, de lo cual se evidencia su práctica generalizada en Cartago. La Cera Púnica, una de las mejores por su calidad con la que comerciaban, y cuyas cualidades junto a las de España, Pontus, Candia, Creta o Córcega, alababan autores griegos y romanos como Aristóteles, Celsio, Dioscórides, Plinio, Columela o Paladio, quienes hablan de las propiedades de las ceras púnicas. Los griegos y los romanos la emplearán para sus revestimientos y técnicas encáusticas.

También tenemos indirectas referencias apícolas entre los fenicios a través de Egipto. Es conocido que en el Imperio Nuevo egipcio, la miel se usaba como elemento de pago de expediciones militares o comerciales y como tributo a mandatarios, tal como aparece en los Anales de Tutmosis III, en los que se citan 470 jarras de miel de Djahi (Fenicia) y 264 de Retenu (nombre egipcio de Canaán, la actual región de Palestina y Siria, que se extendía desde Tjaru a Mitani), o también como tributo a mandatarios aparece en la Tumba de Rekmire en Tebas (s. XV a.C.), documento que nos asevera la producción apícola entre los fenicios y su estima, y que corrobora Ezequiel en su profecía contra Tiro (27, 12-25).

Fuente: LAS CREENCIAS Y EL ARTE DE LOS FENICIOS - Víctor J. Monserrat. Boletín de la Sociedad Entomológica Aragonesa (S.E.A.), nº 52 

16/2/17

Tesoros de Canaán (Alfabetos II)


Entre los valores culturales que los hebreos adoptaron de Canaán, se encuentra la escritura (s. XII-XI a.C.) Aunque parezca extraño, las primeras características distintivas de la escritura hebrea se aprecian en las inscripciones moabitas del siglo IX a.C., especialmente en la inscripción de la Estela de Mesa y la famosa estela de Moab.

Aunque su lenguaje es moabita, un dialecto cananeo pariente del hebreo que no es idéntico, su escritura es hebrea. Esas inscripciones moabitas del siglo IX a.C., ilustran la primera etapa de la tradición escritural hebrea.
La estela de Mesa fue erigida por el monarca moabita de ese nombre y es un documento histórico referente al libro de la Biblia (2 Reyes cap. 3).
Se trata de una gran estela que Mesa plantó en su capital, Dibón (actual Dibán); inscrita en dialecto moabita-cananeo, similar al hebreo bíblico. Tiene una altura de 1,13 m. y una anchura de 70 cm., lleva una inscripción de 34 líneas, escrita en primera persona del singular; se inicia con una recitación bastante presuntuosa, hecha por Mesa, rey de Moab, acerca de sus triunfos sobre la casa de Omri, rey de Israel. La información que proporciona es de gran interés si se compara con la descripción de 2 Reyes en la Biblia.

"Yo soy Mesa, hijo de Kemos, rey de Moab, el dibonita. Mi padre reinó sobre Moab durante treinta años y yo reiné después de mi padre. Y yo hice el lugar alto para Kemos en Qerjá, un lugar alto de salvación, porque él me había salvado de todos mis enemigos y me proporcionó el placer de verme por encima de todos aquellos que me habían odiado. Omri, rey de Israel, humilló a Moab durante muchos días, pues Kemos estaba irritado contra su pueblo; y su hijo le sucedió y también él dijo: "Yo humillaré a Moab". En mis días habló de ese modo, pero yo he triunfado sobre él y sobre toda su casa, mientras que Israel ha perecido para siempre. Omri tomó posesión del país de Madaba, y moró allí en sus días y durante la mitad de los días de su hijo: cuarenta años; pero Kemos lo ha restaurado en mis días. Y yo edifiqué Baal Meón y construí en ella un estanque, y construí Queryaten. Por entonces los hombres de Gat habían morado en Atarot desde antiguo; y el rey de Israel edificó para sí Atarot. Y yo luché contra la ciudad y la conquisté y degollé a todas las gentes de la población e hice de ella lugar de pastoreo para Kemos y para Moab. Y capturé de allí el santuario de Dudá y lo arrastré ante Kemos, en Queriyot; e instalé allí a la gente de Sarón y de Mejrat. Y Kemos me dijo: "Ve y arrebata Nebo a Israel". Y fui de noche y luché contra ella desde el amanecer hasta el medio día y tomé y maté a todos en ella. 7.000 hombres, muchachos, mujeres, doncellas e incluso siervas, pues los había destinado a la destrucción para el rey Istar Kemos. Y tomé las vasijas de Jehová y las llevé ante Kemos. Ahora bien, el rey de Israel había construido Yahas y vivió en ella mientras luchó contra mí, pero Kemos le arrojó de delante de mí. Tomé 200 hombres de Moab y todos sus jefes, los llevé contra Yahas y la tomé y la añadí a Dibón. Y construí Querjá, la muralla del bosque y la muralla de la colina, y sus puertas y sus torres y el palacio real e hice dos estanques en el centro de la ciudad, así que dije a todo el pueblo: "Que todo el mundo se construya una cisterna en su casa." Y yo tallé el acueducto de Querjá con la ayuda de los prisioneros de Israel. Y reconstruí Aroer y construí la carretera a través del Arnón, y reconstruí Bet Bamot, pues había sido destruida, y Betser... pues todo Dibón estaba sometido. Y reiné... 100 ciudades que había añadido al país. Y reconstruí Madaba y Bet Deblatein y el templo de Baal Meón, y tomé allí al ganadero... los rebaños del país. Entonces moraba allí Jernán, hijo de Dedán, y Dedán dijo... Kemos me dijo: "Baja contra Jernán." Así que yo descendí y peleé... y Kemos moró en ella durante todos mis días..."
En las primeras 8 líneas de la inscripción se ha destacado la palabra Israel (aparece en la quinta y séptima línea).

La estela de la casa de David está escrita en hebreo y se trata del documento más antiguo en el que aparece una referencia a la casa de David, aparte de la Biblia. Fue descubierta en 1993 en Tell Dan, al norte de Galilea, cerca de la fuente principal del Jordán. Se trata de una piedra de basalto de 32 cm. de alto y 22 de ancho. Se calcula que su fecha es de la segunda mitad del siglo VIII a.C., época de la conquista del reino del norte por Tiglat Pileser III.

Fuente: Proel

10/2/17

Tesoros de Canaán (Alfabetos I)

Fuente: Proel

Las lenguas cananeas son una subfamilia de las lenguas semíticas que fueron habladas por los antiguos pueblos de la región de Canaán, incluyendo cananeos, hebreos, fenicios y filisteos. Todas ellas se extinguieron como lenguas nativas al principio del primer milenio de nuestra era, aunque el hebreo permaneció en el uso literario y religioso entre los judíos.

Los fenicios son considerados como los inventores del alfabeto (o al menos de difundirlo), del cual han derivado los asumidos por las lenguas occidentales (latino, griego, hebreo, cirílico, árabe, etc.). Originario en el Cananeo arcaico, el alfabeto fenicio comenzó como una serie de ideogramas, un conjunto de símbolos pictográficos que representaban animales y objetos (idiogramas como hoy usamos los números, los emoticonos o las señales de tráfico que todos entendemos).
Como ocurrió en Creta (lineal A), a estos ideogramas se les asignaba un valor fonético de acuerdo al nombre en idioma fenicio, del animal u objeto representado, este alfabeto solo contenía 22 consonantes en total. Era un sistema simple, lo que permitía ayudar en la difusión del conocimiento y la cultura.

El uso de este tipo de escritura pictográfica en esta zona acaeció casi simultáneamente con lo ocurrido en la consonántica escritura jeroglífica egipcia, y mucho antes de la invención del alfabeto por los fenicios (hacia el 1000 a.C.), este tipo de escritura pasó a ser silábica (Pseudojeroglífico de Biblos de la primera mitad del II milenio a.C. al s. XIII a.C., aún no descifrado) con un centenar de signos (también es silábico el japonés y con miles de ideogramas el chino), y posteriormente con base monoconsonántica egipcia y origen semítico (sistema gráfico-alfabético sirio-palestino) con 22 signos, mantuvo este número (todos consonantes, cuyo orden parece tener remotos orígenes celestes y astrales). Se simplificó eliminando progresivamente lo ideográfico, ejemplo tenemos en el paso desde la línea ondulada (nu) que en egipcio antiguo significaba agua, y tenía el valor fonético de “n”, y pasó a (mem, maym: agua) en semítico, a (mem: agua) fenicio con valor alfabético de “m”, a la etrusca, a la Mi (M μ) griegas, a las M M cirílicas (em) y a nuestras emes (M m), llegando a ser alfabético y meramente fonético (primera constancia en el Sarcófago de Ahiram, rey de Biblos) que quedará completado entre los s. XIII-XII a.C. Modelo que un par de siglos después adoptarían los griegos y los arameos-judaicos añadiendo las vocales (mejor dicho adaptando los signos de consonantes fenicias que ellos no utilizaban, ej.: Aleph (buey): a; Ayn (ojo): o, etc. carencia asumible en lenguas semíticas pero impensable su inexistencia en idiomas indoeuropeos), y rotando o modificando algunos caracteres.

Precisamente en este tipo de escritura silábica (Pseudojeroglífico de Biblos) se mantiene el símbolo de dos triángulos opuestos tantas veces relacionado con la mariposa/feminidad y que también aparece en la escritura Tartesa, y cuyo signo hallamos o nos sugiere similitudes con la letra Qof fenicia (especialmente en textos de Cartago), y que dará lugar a la Qŏp del arameo arcaico, a la Kōf hebrea (ק), a la obsoleta letra griega Qoppa (símbolo de Corintio), que acabaría siendo sustituida por la letra Kappa (Q).
Esta sencilla figura está representada en manifestaciones paleolíticas, y se mantiene durante el Neolítico, reaparece en Biblos a finales del V Milenio a.C., persiste en manifestaciones de sus primeras ciudades hacia el III milenio a.C. y permanece en representaciones funerarias púnicas asociadas con la diosa (Tanit/Astarté). 

Continuará...

7/2/17

Tesoros de Canaán (Fenicios VI)

     Melkart (Cádiz)

Melkart/Melqart (a veces otra forma fenicia del dios Baal), hijo de El, fue dios de Tiro, rey del inframundo y protector del universo. Simbolizaba el ciclo anual de la vegetación, por lo que era un dios agrícola, del campo, la fronda, la fecundidad y la primavera, y su ritual comprendía una serie de ritos cíclicos de muerte y resurrección anuales, coincidentes con las estaciones del año.
Aunque era un dios solar, se le terminó asociando con la protección en la guerra y la navegación con atributos de un dios marino. Su culto estaba centrado en el fuego sagrado de las ciudades, y se extendió por todas las colonias de Tiro (Chipre, Malta, Utica, Gadir, Lixus, Cartago) y acabó relacionado con Osiris egipcio y Heracles griego. Como patrono de la ciudad de Tiro, se transformó también en dios de la colonización y de la protección de la navegación.
Restos del templo de Melkart en Sancti Petri (Cádiz), en este lugar tanto en la superficie como bajo el mar se han hallado importantes piezas de época fenicia y posterior.

Una de las diosas fenicias más importantes es Astarté, la principal diosa de Tiro y Sidón, y con presencia en otras ciudades fenicias. Derivada de Istar (diosa del cielo sumeria), sin duda similar de la europea/ mediterránea Diosa Madre, fue muy venerada entre los semitas de Siria y Palestina. Era la diosa de la fecundidad y del amor, aunque también fue adorada como diosa guerrera, de las batallas, de la caza o incluso como patrona de los navegantes.

Suele representarse posada sobre un león y sosteniendo una flor de loto, con la luna, una estrella y una serpiente, y como diosa de la fecundidad en ocasiones aparece tocándose los senos o dando de mamar a dos niños. Pasó a ser la Isis egipcia o Afrodita, Hera, Cibeles, Venus y Juno Caelestis de los griegos y romanos.
Contaba con abundantes santuarios en Sidón y Tiro, en su papel de diosa materna y diosa de la fertilidad, donde aparece asociada a elementos astrales. Está documentado, entre otros, un santuario dedicado a ella en Tas Silg (Malta) y en El Carambolo (Sevilla) fechado en el siglo VIII a.C.
Asociada a ella tenemos otra diosa importante en la mitología, especialmente cartaginesa (en realidad la misma, con diferente ubicación local temporal) que fue conocida como Tanit, diosa consorte de Baal y patrona de Cartago (muy probablemente relacionada con la diosa Selket egipcia), era la equivalente púnica de la diosa Astarté, diosa de la fecundidad, cuyo culto incluía la prostitución sagrada llamada hierogamia, constatada en Babilonia y entre los fenicios en los templos de Tas Silg, Pafos Es Cuyram, Kition, Erice, Pyrgi, Sicca Veneria, Biblos, etc., al servicio de Astarté y que llegó a ser práctica extendida por todo el Mediterráneo, que consistía en prostituirse en un templo simulando la unión con la deidad con fines iniciáticos y religiosos destinados a la fertilidad (en realidad otra fuente de ingresos, ya que mayoritariamente estaba destinada a ser practicada por los pudientes extranjeros).

En la antigua región de Canaán, las lluvias comienzan en octubre y continúan durante todo el invierno hasta abril, gracias a lo cual crece una abundante vegetación. Se creía que los cambios de estación y los efectos subsiguientes eran ciclos producidos por los interminables conflictos entre los dioses.
El cese de las lluvias y marchitarse la vegetación se atribuía al triunfo del dios Mot (dios de la muerte y la aridez) sobre Baal (dios de la lluvia y la fertilidad), lo que obligaba a este último a retirarse a las profundidades de la tierra. Por otro lado, se pensaba que el comienzo de la estación lluviosa indicaba que Baal había despertado a la vida, lo que era posible gracias al triunfo de Anat, su hermana, sobre Mot, permitiendo que su hermano Baal volviese al trono. La unión de Baal con su esposa Astarté, se creía que garantizaba la fertilidad durante el año entrante.

Los agricultores y ganaderos cananeos posiblemente pensaban que el participar en rituales prescritos -una especie de magia imitativa- durante sus fiestas religiosas estimulaba a sus dioses a actuar según el modelo representado en esas fiestas, y esto era necesario para tener cosechas y rebaños productivos durante el nuevo año, así como para alejar sequías, plagas de langostas, etc. De modo que la vuelta a la vida de Baal para ser entronizado y unirse a su consorte se celebraría con ritos de fertilidad licenciosos, caracterizados por orgías sexuales desenfrenadas.

Continuará...

31/1/17

Tesoros de Canaán (Fenicios V)

Baal Hammon

Para los fenicios, Baal es una deidad omnipresente, si bien posee diversos nombres y atributos, quizás divinidades independientes o subsecuentes nominaciones de difícil identificación, a veces locales, a veces fruto de diversas traducciones como Baal Safón, Baal Shamen, Baal Malage, Baal Addir, Baal Marqod, Baal de Tiro, Baal de Sidón, y sobre todo Baal Hammon, considerado uno de los principales dioses fenicios (rey de los dioses), especialmente adorado en la colonia de Cartago (identificado por los griegos como Cronos y Saturno por los romanos), Baal será designado muy frecuente entre sus mandatarios (ej. Anibaal, Asdrubaal, etc.) como ocurría con el término Khepri (Escarabajo Sagrado) entre los nombres de los faraones egipcios.

Baal significa "señor/amo", sin embargo el significado de Hammon es incierto, siendo posible su origen en Amón "El oculto". Baal Hammon se supone representado en algunas esculturas o relieves en forma de un personaje masculino maduro, sentado en un trono entre dos esfinges o por un novillo de cuernos finos. Hijo de El y Astarté, era una divinidad (posiblemente solar) de varios pueblos situados en Asia Menor y su influencia entre fenicios, cartagineses, caldeos, babilonios, hititas, sidonios y filisteos, generó variaciones locales y temporales. Era el dios de la lluvia, del trueno y la guerra, combatiendo contra su enemigo, el dios del mar Yam, para lo cual, el dios Kothar, dios de la artesanía y de la técnica, le había fabricado dos mazas para enfrentarse en las batallas. Con la segunda de ellas, derribará a Yam, y tendrá una victoria que dará valor a los marinos para enfrentarse con el mar. Tuvo, entre otras, una esposa llamada Baalit que se representaba como una mujer hermosa.

Probablemente con derivaciones locales (sino el mismo), tenemos al joven Baal Hadir en Biblos, Señor Potente de la renovación del ciclo de la muerte y el renacimiento, de él derivaría Adonis, de Adon (Señor). A Baal Shamem, dios supremo en Cartago, que a comienzos del s. V. a.C. pasó a Baal Hammon (Señor del altar de los perfumes) vinculado a sacrificios infantiles (molk, tofet o tophet bíblico) citado en el Antiguo Testamento, y por Eusebio de Cesarea, Justino, Clitarco, Diodoro Sículo, Plutarco, Tertuliano o César, entre otros, en habituales sacrificios ofrecidos para evitar una mayor penalidad inminente (restos frecuentes en yacimientos de Mozia, Sulcis, Monte Sirai, Nora, Bitia, Cádiz, etc.), y como terribles ejemplos, citemos el de Tharros, con 5.000 urnas con restos de infantes, o el de la colina de Salambó, en Cartago, donde se han hallado hasta 20.000 hornacinas funerarias infantiles, con restos incinerados de infantes (la incineración, y no la inhumación era práctica habitual, sobre todo en periodos iniciales y finales de su dilatada historia, cuando se alternarían ambas prácticas), desde recién nacidos a pequeños de tres años, sacrificados entre el s. VII-II a.C., práctica ritual funeraria en la que tanto incidieron judíos, griegos y romanos. Al considerar idólatras bárbaros a los fenicios/cartagineses, Farisea critica cuando esta práctica se menciona varias veces en el Antiguo Testamento, el caso de Abraham con Isaac, que servirá como referente al sacrificio del Hijo de Dios es ejemplo, o entre los clásicos el sacrificio de Ifigenia por Agamenón.

En La Biblia, Baal ( לעב Ba‘al) es uno de los falsos dioses, al cual los hebreos rindieron culto en algunas ocasiones abandonando su adoración a Yahvé. Por ello predicaron una especial animadversión hacia él, y con ella se arrastrará a las moscas hacia lo demoniaco en Occidente.
Aunque la vinculación de las moscas con la muerte es biológicamente lógica, y aparece en muy diversas culturas, Baal fue un dios Cananeo con poderes mágicos para prevenir las enfermedades, e introducido en Egipto por los Hicsos (fue particularmente venerado por ellos en Avaris durante su invasión de Egipto) y por los comerciantes fenicios de quienes era también protector de la navegación, y por otra parte Beelzebub era uno de los Dioses Patrones entre los Filisteos en la antigua Palestina, y se identifica con el dios de Ekron, Baal-Zebub. El término es una imitación deliberada del término cananeo Baal-Zebul (príncipe Baal), uno de los títulos del dios Baal. También le llamaban “Señor de las moscas”, derivado del "Baal-Zevuv” hebreo, que tan citado aparece en la Gehenna semítica.

En el texto persa Vendidad está escrito que tan pronto muere una persona, este dios entra en el cadáver en forma de mosca, y por ende, será asociado a la muerte, al mal y a lo diabólico entre algunos de sus enemigos, así Caldeos, Filisteos o Fenicios asociaban la mosca con Belzebub (Belcebú) deidad semítica de las ciudades de Beel, Ekron o Baal, al que también llamaron “Señor de las moscas”.

Su documentación escrita se remonta a Mesopotamia y al maléfico Señor de las moscas derivado de Baal Zebub, o más exactamente Ba‘al Z'vûv, en hebreo בובז לעב con muchas variantes, el conocido demonio de la muerte tan temido entre los persas, que a su vez era el nombre de una divinidad filistea: Baal Sebaoth (deidad de los ejércitos), príncipe de las moscas, adorado en épocas bíblicas en las ciudades de Ekron y Avaris, su culto lo vemos extendido por todos los pueblos de esta región mediterránea.

Entre los hebreos el nombre Beelzebub era usado con burla hacia los adoradores de Baal, debido a que en sus templos la carne de los sacrificios se dejaba pudrir, por lo que estos lugares estaban infestados de moscas, y fue permanentemente referido en la Biblia (II Reyes 1: 1-18).

Continuará...

28/1/17

Tesoros de Canaán (Fenicios IV)

La mitología fenicia es una de las más antiguas del Mar Mediterráneo. Eusebio, obispo de Cesarea, escribió en 280 d.C. que "La mayoría de las teogonías del mundo proceden de los fenicios y de los egipcios". Tiene evidentes conexiones e influencias con las mitologías babilónicas y egipcias, y consecuencias en las religiones posteriores del orbe mediterráneo.

Como casi todo lo referente a los fenicios, la mayor parte de sus creencias y cultos han de recabarse en fuentes indirectas, principalmente en La Biblia con referencias de cultos tirios y sidonios, y en los textos clásicos, en ambos casos bastante sesgadas, sean proféticas o causadas por rivalidades económicas, comerciales o bélicas, y sin que existan apenas registros originales, un centenar de escuetas inscripciones en estelas a deidades y poco más.

Los fenicios fueron marcadamente politeístas, y si no lo iniciaron, sí extendieron la creencia de que los dioses eran omnipresentes e intervenían de forma permanente en todos los sucesos de la vida y de las cosas, y de que en sus manos estaba el cambio en el curso de cualquier acontecimiento. Por ello era necesaria la permanente plegaria, las ofrendas y el sacrificio (elementos marcadamente sumerios), con el consecuente acopio de un cuerpo sacerdotal y de ingresos para realizarlos y administrarlos, elementos que se sumarían en sus intenciones y deseos a la interpretación de elementos naturales. Por el Antiguo Testamento conocemos su veneración a elementos o espacios naturales (bosques, montañas, manantiales, lagunas, piedras, árboles, etc.), también de marcadas raíces mesopotámicas.

No solo sus deidades tenían asignadas determinadas potestades, sino que existió culto a elementos abstractos (al año, al mes, a la vejez, a la muerte, al arte, a la pobreza, etc.) con sus propios altares, y ejemplo tenemos en el Templo de Hércules en Cádiz, que mencionan Philóstrato o Aeliano. En las nuevas colonias su fundación estaba aparejada con la existencia de una laguna o una fuente o manantial (lógico para su inicial mantenimiento), y con la construcción de un templo dedicado a una deidad tutelar (ej. Melkart para Utica, Gades o Lixus), con la que se iniciaba el proceso fundacional y, de paso, el cobro y administración de tributos (incluso hay referencias que a la entrada de templos como el de Marsella, Cartago o Cádiz, se anunciaban las “tarifas”, según el tipo de sacrificio a realizar, y se indicaba el reparto de lo que, tras lo ofrecido a la deidad, correspondía al templo o al oferente sobre los restos del sacrificio.

Su cosmogonía comienza con la unión del caos primitivo con una divinidad. De esta unión nació el huevo cósmico (Mot), y de su división se generó el cielo y la tierra.
Los fenicios no tuvieron el concepto de un dios único o una deidad suprema, aunque el dios principal a quien denominaban genéricamente El (o il), se consideraba el ser supremo, padre de todos los dioses del panteón fenicio (similar a lo acontecido en Mesopotamia). Se le asociaba con el sol, y era el que distribuía el tiempo, teniendo bajo su control los años, meses, días y noches. Además tuvieron otras deidades principales (a veces difícilmente distinguibles, ej. Tanit con Astarté), siempre fueron politeístas, incluso los dioses adorados por ellos varían de una ciudad a otra (Melkart para Tiro, Astarté para Sidón, etc.), ya que cada ciudad pretendió una cierta independencia (similar a los dioses locales mesopotámicos y a los de los Nomos egipcios), también en la órbita religiosa.
Algunas divinidades están presentes de una forma u otra en la mayoría de las ciudades. Las divinidades principales son Baal y Astarté.

Continuará...

22/1/17

Tesoros de Canaán (Fenicios III)


La mayor parte de las colonias fenicias eran tirias (fundadas por Tiro), y desde Tiro se generaron colonias en Cartago (ciudad nueva, fundada por Pigmalión, 820-774 a.C./814-813 a.C.), Gadir o Gdr (Cádiz), que será llamada Gadeira por los griegos y Gades por los romanos (fuentes clásicas como Estrabón o Velleio Paterculo citan el 1.110 a.C., aunque los registros arqueológicos no superan el 770 a.C.), Útica (1.101 a.C.). Y más allá del estrecho de Gibraltar, en el entorno del mítico reino de Tartessos, abriendo las puertas de las rutas del Océano Atlántico, bien hacia el norte de Europa (Bretaña, Cornualles) o hasta el sur de África, y hacia el este por las costas de Asia y el mar Negro. 
Colonias sidonias (fundadas por Sidón) estaban establecidas en la ribera norte del Mediterráneo, como Temesa (cerca de Nápoles), la islas de Citerea, Chipre, Creta y Rodas o en Asia, y se ha señalado como un rasgo propio de las colonias sidonias en la Península Ibérica ciertos topónimos con la terminación –ipo: Baicipo, Dipo, Acinipo, Lacipo, Iripo, Oripo, Ostipo, Sisipo, Ventipo, Olisipo.
Se dice que entre las colonias de Sidón, Paros proporcionaba marmol, Thasos oro, Melos azufre y alumbre, y Tartessos plata, mientras que el tinte púrpura aumentaría sus provisiones en Citerea y Creta.

En la costa africana son localidades de fundación fenicia, Rhysaddir/ Melilla (actual España), Ema, Tamuda, Tangis/Tingis, Rusibis, Zili, Mogador y Lixus/Lixos (actual Marruecos), Hipo Regius, Citra, Chullu, Icosium, Iol, Sidi Abdselam del Behar y Kudia Tebmain (actual Argelia), Acholla, Utica, Hadrumemtum, Mahdia, Leptis Minor y Thapsus (actual Túnez), Leptis Magna, Oea/Trípoli y Sabratha (actual Libia), etc.

En las islas del Mediterráneo occidental/ central, son fenicias las colonias de Iboshim o Eubussus (Ibiza), Nora, Sulcis, Tharros, Cágliari, Bithia y Olbia (Cerdeña), Mozia, Solunto, Palermo (Sicilia) y Malta (Tas Silg y ocuparon Gozo, Pantelaria), y en el Mediterráneo oriental Kition (Chipre), entre otras, precediendo a los griegos en algunos decenios en la expansión mediterránea (primera colonia comercial griega en Isquia hacia el 775 a.C. y en la Península Ibérica con los foceos c. 650-600 a.C.).

Los fenicios fueron los colonizadores históricos de la Península Ibérica, que conocían con el nombre Ishepham-im.
En fuentes latinas, griegas y medievales se habla de un héroe llamado Hispan, Hispano o Híspalo, que sería la palabra latinizada de una divinidad llevada a la Península por los fenicios, llamado Baal Sapanu (B’l Spn), cuyo nombre significa “Señor del Sapanu”. El Sapanu es un monte mítico situado en un norte ubicuo (que está en todas partes), montaña de la cual era dios Ispan o Hispano, que desarrolla sus principales andanzas en la ciudad fenicia de Gades, casualmente existía un lugar llamado Sapanu en esta ciudad. Con el paso del tiempo, se extendió el conocimiento del terreno y el término Hispania (tierra de Hispan) pasó a denominar a toda la Península.
Los restos arqueológicos más antiguos descubiertos hasta la actualidad proceden de Malaka (Málaga) y Gadir (Cádiz), aunque establecieron colonias también en el Mediterráneo balear (Ibiza) y peninsular en Toscanos (Vélez-Málaga), Sexi (Almuñécar), Abdera (Adra), Cerro del Prado, Chorreras, Villaricos, Mazarrón, Guardamar del Segura, etc. etc., y en el área Atlántica en Onuba (Huelva), Abul (Alcacer do Sal) y probablemente en Olissipo (Lisboa).

La rivalidad secular que mantenían griegos y fenicios por las rutas comerciales y el establecimiento de sus colonias llevó en el siglo VI a.C. a un enfrentamiento militar de gran envergadura, la Batalla de Alalia (537 a.C.), en la que la colonia griega focense de Alalia se enfrentó a la flota cartaginesa, aliada con los etruscos, redefiniéndose la relación de fuerzas en la región. Más adelante se reanudará el conflicto, esta vez con Roma, en las Guerras Púnicas.

Como venía ocurriendo en todas las antiguas civilizaciones de Oriente Medio, y acabará ocurriendo en la egipcia, también inicialmente en Fenicia, el poder religioso (sacerdote) y el gobierno (rey) acabarán siendo la misma cosa, el Palacio y el Templo serán los centros del poder, recordemos que cuando el rey Salomón solicitó ayuda a Hiram de Tiro para la construcción de su famoso templo (a imagen del Templo de Melkart), éste no solo iba a ser la Casa de Dios, sino también la suya propia, y con este perfil teocrático ambos centros serán gobernados por la misma persona, y el carácter hereditario de sus potestades se encargará de perpetuar y aumentar su poder.
En ciertos periodos, como ocurrió en Tiro tras la sumisión a los babilonios a la muerte de Baal II (564 a.C.), se instauró un gobierno electivo de sufetes (jueces), similar a los llamados Jueces de Israel que menciona La Biblia, aunque más adelante los persas permitirían restaurar la monarquía. Este sistema también aparecería en colonias como Cartago y Gadir.
Estos mandatarios aparecerán entronizados, y con frecuencia acompañados por seres alados o deidades locales (Zakarbaal, Abibaal, Elibaal, Shipitbaal de Biblos, Ithobaal I, Ithobaal II o Baal I de Tiro, etc.).

Continuará...

21/1/17

Tesoros de Canaán (Fenicios II)

Las naves Fenicias eran envidiadas por todos sus contemporáneos, y los griegos llamaron a alguna de sus embarcaciones pentecóntera (de unos 25 m. y 50 remeros), birreme (con dos pisos de remeros), trirreme (de unos 36 m. y con un piso de remeros supletorio fuera de la borda con un total de 180 remeros), o a las típicamente comerciales gauloi, gaulos “bañera”, y a las últimas naves cartaginesas se las conocieron como tetrera y pentera, de casi 40 m. y 240 y 300 hombres respectivamente.

Las gaditanas se conocieron como hippoi, y sus barcos de guerra estaban armados con su agresivo espolón en proa y con atemorizantes ojos en sus costados, por cuyas pupilas trascurrían los amarres de sus anclas, o poseían un típico mascarón de proa en las comerciales.
Sus ejércitos estaban mayoritariamente compuesto por mercenarios, los fenicios se jactaban de que sus remeros eran ciudadanos libres (también hubo reservas de ciudadanos en armas, al menos en Cartago), nada que ver con los desafortunados esclavos reos romanos o con los condenados a galeras en nuestras imperiales naves.

La necesidad del transporte de mercancías a largas distancias estimuló la construcción naval y la mejora en las técnicas de navegación. En cierta medida consiguieron establecer una talasocracia marítima que alcanzó el "gobierno de los mares", y que desde sus primeras acciones comerciales fuera de sus fronteras, hacia los dos últimos siglos del II milenio a.C. En Egipto, Anatolia y Chipre, les llevó a controlar comercialmente el mar Mediterráneo, al menos el más meridional y occidental.

La colonización fenicia fue un fenómeno meramente de intercambio comercial y cultural, sin imposición de normas ni conquistas territoriales en el interior los comerciantes de Sidón crearon asentamientos-almacenes amurallados, y los de Tiro fundaron hacia el año 800 a.C. en Chipre y el norte de África, Qart Hadasht (ciudades nuevas Kition, Utica, Cartago), cuya posición estratégica entre el Mediterráneo occidental y oriental la convirtió en la más importante de todas sus colonias, que terminó por acoger el centro de la civilización púnica cuando las ciudades del Levante fueron conquistadas por el Imperio Persa (539 a.C.).
La presión ejercida por diferentes vecinos, especialmente por los asirios primero y por los neobabilonios y persas después, desencadena que las factorías fenicias se esparcieran prácticamente por toda la ribera sur mediterránea y sus islas.
                                 Nave de Guerra

Continuará...