22/7/19

Culturas Ancestrales (África)


Hace unos doce mil años, las temperaturas eran menos elevadas que en la actualidad y las lluvias solían ser más abundantes, el Sahara era una gran sabana habitada por grupos de cazadores-recolectores.
Estos grupos humanos seguían a los grandes rebaños de herbívoros en sus desplazamientos, y algunos se establecían de forma estacional en zonas concretas del desierto, son las llamadas "playas", puntos donde las lluvias creaban lagos de vida efímera durante algunos meses. Pero el comienzo de un periodo de altas temperaturas y escasas precipitaciones hizo desaparecer su modo de vida. La sabana dio paso a un desierto donde las playas se secaron sin remedio, y así fue como las gentes que habían aprendido a vivir en la zona del Sahara fueron desplazándose hacia la principal fuente de agua de la región: el Nilo.

En el 6.300 a.C. las primeras culturas neolíticas en el valle del Nilo aparecieron en el norte del país, en lo que se conoce como el Bajo Egipto. Se trata de tres yacimientos neolíticos alejados entre si, pero con algunos rasgos en común, ocupación estacional de zonas de habitación y cultivo del trigo y la cebada, que ayudaba a completar los recursos provenientes de la ganadería, de carácter trashumante, y de la explotación del hábitat fluvial.

El primer gran yacimiento se encuentra en la región oeste del Delta, en Merimda (Beni-Salama); el segundo en El Fayum, y el tercero se sitúa a medio camino entre los dos primeros, en El Omari. Un rasgo característico de estas culturas neolíticas septentrionales es la escasa atención que prestaban a sus muertos y a las tumbas; en Merimda son enterrados con una orientación preferente, característica que no se puede percibir en El Omari, mientras que en El Fayum ni siquiera se han hallado tumbas. En la mayoría de los casos, el ajuar funerario no existe, si bien en El Omari se han dado casos de enterramientos en los que junto al difunto han aparecido algunos objetos de cerámica, pero poco más.

Al tiempo que se desarrollan las últimas etapas de la cultura de El Omari (4.600-4.400 a.C.), en la zona media de Egipto aparece una cultura de rasgos particulares llamada Badariense. Se trata de varios yacimientos distribuidos a lo largo de 30 km. de la orilla oriental del Nilo. Se asemejan a los de las culturas del norte, en que sus poblados se ocupaban solo durante épocas concretas del año, pero se diferencian por completo de ellos por sus cementerios.
Los muertos recibían una gran atención, se enterraban en fosas ovaladas excavadas en el suelo y eran colocados siempre de costado, con la cabeza mirando hacia el sur y la cara orientada al oeste, envueltos en una piel o una estera; a su alrededor se distribuía un amplio ajuar funerario, cuya riqueza variaba dependiendo de las tumbas, que dan la impresión de presentar alguna distribución por zonas. Esto significa que se trataba de una sociedad donde parecía existir cierta estratificación social.

Mientras la cultura Badariense se desarrollaba en la zona media del país (con influencia de la dispersa cultura tasiense del desierto), el norte acogía ya una cultura más o menos uniforme, cuyos principales yacimientos son Buto (en el Delta) y Maadi (en El Cairo actual). Se mantiene la particularidad septentrional de enterrar a sus muertos con poco ajuar, pero destacan los contactos de Maadi con la zona de Siria-Palestina.

Al mismo tiempo que se desarrollaba la cultura de Maadi en el Bajo Egipto, alrededor del 4.000 a.C. apareció en el sur del país (Alto Egipto) una cultura meridional conocida como Nagada I (amraciense).
Los restos cerámicos de las culturas de Nagada I y II, en el alto Egipto, han constituido desde su hallazgo en los distintos yacimientos una fuente de información valiosísima para los arqueólogos. Su decoración, que representa escenas de la vida cotidiana de los habitantes del valle del Nilo hace más de cinco milenios, proporciona una imagen plena de significado de unas sociedades ya totalmente sedentarizadas, dedicadas a la agricultura y la ganadería, y a la explotación de los recursos fluviales y ribereños.
La imagen abajo de cerámica de la cultura amracinse, presenta una embarcación de notable envergadura con mástil y velas, y una tripulación de remeros bien organizada, realizando ordenadamente las tareas de navegación; una imagen que sin duda alude a una sociedad perfectamente estratificada, con una estructura compleja y sistemas de liderazgo bien asentados, la base de los protorreinos que precedieron al periodo dinástico de Egipto.

Continuará...

19/7/19

La Colina Ophiel (Jerusalem)

                            Ciudad de David (colina Ofel).

Ur-Shalem “ciudad de Salem” era la “ciudad del cielo completado” que sugiere una asociación con el Dios de los asuntos orbitales del Universo.

Hace unos 5.000 años (3.000 a.C.) una tribu ofita Cananea se asentó en el valle de Kidron, y recorriendo el curso de un arroyo llegaron a la cima de una colina que llamaron Ophiel (Ofel), cuya fuente fue su lugar sagrado.
Las excavaciones modernas han demostrado que ya en el tercer milenio a.C. la colina Ophiel estaba habitada. Urusalem estuvo habitada por la tribu cananea de los jebuseos.
La situación de la ciudad se debió a que allí manaba caudalosa y abundante agua (fuente Gihon), el único manantial de aguas vivas que brotaba en aquellos parajes, vital para la resistencia en caso de asedio. Aunque la fuente fluía fuera de las murallas de la ciudadela, sus aguas eran conducidas al interior por un canal subterráneo.

Urusalem aparece citada en textos egipcios de 1.900 a.C., época de Hamurabi y Abraham. El rey de Urusalem, vasallo del faraón Amenophis III, en el 1.400 a.C. mantiene correspondencia diplomática encontrada en Tell el-Amarna con el rey egipcio.

Los valles de Jerusalem, tienen nombres sugerentes como el Valle de la Visión. El de Kidron era conocido como el Valle del Fuego, y según las leyendas milenarias, en el Hinnon (Geena del nuevo Testamento) había una entrada al mundo subterráneo marcada por una columna de humo que se erguía entre dos palmeras.
El Valle de Repha'im tenía ese nombre porque allí vivían los Divinos Tutores que, como cuentan las leyendas ugaríticas, trabajaban bajo las órdenes de la diosa Shepesh.
En las traducciones del arameo del antiguo Testamento, esos tutores son llamados héroes. La primera traducción griega, llamó al lugar nombrado por ellos, Valle de los Titàs, estos son los hijos de los Nefilim que descendieron para procrear con las hijas de los hombres, que son narrados en el Tanaj (Bereshit 6) y La Biblia (Génesis 6) y en mayor detalle en el Libro de Enoc. Esos hijos fueron llamados héroes o Titanes.

La tradición judía dice que Jerusalem fue fundada por los descendientes de Noé, Sem y Eber, ancestros de Abraham.
Según el relato de Tanaj y La Biblia, Melchisedec era el rey de Shalem y sacerdote de Dios.

Los jebuseos controlaban la ciudad de Jebus hacia el siglo XI a.C. El rey David, ya proclamado en Hebrón rey de las doce tribus, conquistó Jerusalem en 1.004 a.C., aún en manos de los jebuseos como un enclave independiente (Jos. 15, 63), después de dos siglos de la conquista.
David fortificó la ciudad, llevó el Arca de la Alianza y la renombró como la Ciudad de David (Ir David), en el lugar situado al suroeste de la actual Ciudad Vieja en la Colina Ofel. La convirtió en la capital política y religiosa del reino, lo que fue un acierto político, al trasladar la capital desde Hebrón, que quedaba alejado en el extremo sur del territorio de Judah, al centro del reino unido, entre las tribus del sur y del norte.

En hebreo ha-’ophel es una colina, pero cuando se utiliza con el artículo definido, en hebreo se traduce Ofel y se refiere a una parte de Jerusalén. Los servidores del templo tenían su residencia en este sector.
De varias afirmaciones de Josefo parece claro que Ofel era parte de la colina oriental de Jerusalén, un lugar inmediatamente al sur del templo. El rey Joctam construyó una parte del muro de Ofel, y Manasés aumentó su altura.
También el rey Mesah de Moab dice que él construyó el muro de Ofel en una de sus ciudades, según se ha traducido de la Piedra Moabita línea 22.
En el término hebreo se encuentra como parte de Sión y se traduce como “fortaleza”, el muro de las lamentaciones.

La ciudad estaba sobre una meseta limitada por dos valle estrechos, el Kidron (moderno Silwan) al este, y el Hinnon (ahora Gehenna) al oeste, los dos se unen al sur de la ciudad. La meseta está a su vez dividida en dos lomas por un valle que va de norte a sur, el Tyropoen.
La antigua ciudad fortificada ocupaba la pared sur de la loma oriental. La parte norte de la loma, el monte Moria, lugar sagrado donde Salomón construyó su templo y donde ahora se encuentra la mezquita de Al-Aqsa.
El primitivo asentamiento de Jerusalem estaba en la loma oriental debido a su proximidad a la fuente Gihon. Hoy la fuente de la Virgen cristiana que está en el valle del Kidron (o Cedrón), al pie de la loma. Esa parte era como un triángulo alargado donde se encontraba la antigua fortaleza llamada la Ciudad de David.

El Rey Salomón (970-931) hijo de David, extendió la ciudad ampliando las murallas, en el año 964 a.C. comienza la construcción del Templo con la ayuda del rey fenicio Hiram de Tiro y la mano de obra de 159.600 trabajadores.
El Templo fue destinado a contener el Arca de la Alianza y las Tablas de la Ley que Yahvé otorgó a Moisés en el Monte Sinaí.
Este sería el único templo que permitiría la ley religiosa hebrea consagrada al culto Yahvista, pero parece que existió otro templo en la isla Elefantina en el curso medio del rio Nilo, lugar fundado en torno al 650 a.C. por una comunidad judía emigrada antes del reinado de Josías (640-609 a.C.).
La visita de la Reina de Saba a Salomón aparece en el Primer Libro de los Reyes 10:1.
Continuará...

16/7/19

Antiguas Tribus de Etiopía

                                              Mujer de la tribu Mursi

El valle del río Omo ubicado a 800 kms. de la capital Addis Abeba, sigue siendo uno de los rincones del mundo más misteriosos. Las tribus locales que viven en aislamiento, hablan sus propios idiomas y tienen costumbres y creencias únicas.
En 1.980 la región fue incluida en la lista del patrimonio mundial de la Unesco. Se descubrieron numerosos restos prehistóricos, sobre todo del Homo Gracilis, que tiene una gran importancia para los estudios de la evolución humana.
Personas de la tribu Hamar durante la ceremonia de saltos sobre toros. 
Mujer Hamar

En 1.914, Ras Tafari, regente de Etiopía, proporcionó al viajero Charles Rey un documento que enumera la línea de soberanos de Etiopía. Esta extensa y continua línea de Reyes y Reinas aún no ha contado las historias del pasado de los Reinos, una tarea desafiante para los etíopes para revelar la grandeza de Etiopía, también conocida como Abisinia.

TRIBU DE ORI o ARAM: (años antes de Cristo).
1.Ori o Aram 4.470. 2.Gariak I 4.404. 3.Gannkam 4.321. 4.Queen Borsa 4.254. 5.Gariak II 4.194. 6.Djan I 4.114. 7.Djan II 4.054. 8.Senefrou 4.034. 9.Zeenabzamin 3.976. 10.Sahlan 3.916. 11.Elaryan 3.836. 12.Nimroud 3.776. 13.Reina Eylouka 3.731. 14.Saloug 3.701. 15.Kharid 3.629. 16.Hogeb 3.529. 17.Makaws 3.459. 18.Assa 3.429. 19.Affar 3.379. 20.Milanos 3.317. 21.Soliman Tehagui 3.244. La línea continúa con Kam.

TRIBU DE KAM:
1.Kam 2.635. 2.Kout (hijo de Kam) 2.585. 3.Habassi 2.545. 4.Sebtah 2.515. 5.Elektron 2.485. 6.Neber 2.455. 7.Amén 2.434. 8.Reina Nehasset Nais 2.404. 9.Horkam 2.375. 10.Saba II 2.345. 11.Sofard 2.315. 12.Askndou 2.290. 13.Hohey 2.255. 14.Adglag 2.235. 15.Adgala 2.205. 16.Lakniduga 2.180. 17.Manturay 2.145. 18.Rakhu 2.115. 19.Sabe I 2.085. 20.Azagan 2.055. 21.Sousel Atozanis 2.035. 22.Amén II 2.020. 23.Ramenpahte 2.000 24.Wanuna 3 días. 25.Piori I 1.985. La línea continúa con la dinastía agdaziana.

DINASTÍA AGDAZIANA del reino de JOCTAN:
1.Akbunas Saba II 1.930. 2.Nakehte Kalnis 1.871. 3.Reina Kasiyope 1.890. 4.Sabe II 1.856. 5.Etiyopus I 1.800. 6.Lakndun Nowarari 1.770. 7.Tutimheb 1.750. 8.Herhator I 1.730. 9.Etiyopus II 1.700. 10.Senuka I 1.683. 11.Bonu I 1.675. 12.Reina Mumazes 1.671. 13.Aruas (hija de Mumazes) 7 meses. 14.Amén Asro I 1.641. 15.Ori (o Aram) II 1.611. 16.Piori II 1.596. 17.Amén Emhat I 1.556. 18.Tsawi 1.541. 19.Aktissanis 1.531. 20.Mandes 1.514. 21.Protawos 1.481. 22.Amoy 1.460. 23.Konsi Hendawi 1.455. 24.Bonu II 1.453. 25.Sebi III (Kefe) 1.438. 26.Djagons 1.418. 27.Senuka II 1.408. 28.Angabo I (Zaka Laarwe) 1.358. 29.Miamur 2 días. 30.Reina Helena 1.347. 31.Zagdur I 1.307. 32.Su Hator II 1.277. 33.Su Hator (Za Sagado) III 1.276. 34.Akate (Za Sagado) IV 1.256. 35.Titon Satiyo 1.246. 36.Hermantu I 5 meses. 37.Amen Emhat II 1.241. 38.Konsab I 1.236. 39.Sannib II 1.231. 40.Sanuka III 1.226. 41.Angabo II 1.186. 42.Amen Astate 1.156. 43.Herhor 1.140. 44.Wiyankihi 1.131. 45.Pinotsem I 1.114. 46.Pinotsem II 1.073. 47.Massaherta 1.057. 48.Ramenkoperm 1.043. 49.Pinotsem III 1.036. 50.Sabi IV 1.026. 51.Tawasaya Dews 1.013. 52. Reina Makeda (reina de Saba) 982. Con Menelik (hijo de Makeda) comienza la línea salomónica.

MENELIK I (Dinastía Salomónica):
1.Menelik I 957. 2.Hanyon 956. 3.Sera I (Tomai) 930. 4.Amén Hotep Zagdur 899. 5.Aksumay Ramissu 879. 6.Awseyo Sera II 841. 7.Tawasya II 820. 8.Abralyus Wiyankihi II 788. 9.Aksumay Warada Tsahay 765. 10.Kashta Hanyon 752. 11.Sabaka II 740. 12.Reina Nicauta Kandake 13.Tsawi Terhak Warada Nagash 681. 14.Erda Amen Awseya 675. 15. ¿Gasiyo Eskikatir? 16.Nuatmeawn 671. 17.Tomadyon Piyankihi III 659. 18.Amén Asero 643. 19.Piyankihi IV (Awtet) 609. 20.Zaware Nebret Aspurta 568. 21.Saifay Harsiataw II 556. 22.Ramhay Nastossanan 542. 23.Handu Wuha Abra 531. 24.Safelya Sabakon 500. 25.Agalbus Sepekos 478. 26.Psmenit Waradanegash 457. 27.Awseya Tarakos 445. 28.Kanaz Psmis (hijo del anterior) 432. 29.Apras 422. 30.Kashta Walda Ahuhu 402. 31.Elalion Taake 392. 32.Amistad de Atserk III 382. 33.Amén de Atserk IV 372. 34.Reina Hadina 362. 35.Atserk Amen V 352. 36.Atserk Amen VI 342. 37.Reina Nikawla Kandat 332. 38.Bassyo 325. 39. Reina Akawsis Kandake III 315. 40.Arkamen II 305. 41.Awtet Arawura 295. 42.Kolas II (Kaletro) 285. 43.Zawre Nebrat 269. 44.Stiyo 255. 45.Safay 242. 46.Reina Nikosis Kandake IV 232. 47.Ramhay Arkamen IV 222. 48.Feliya Hernekhit 207. 49.Hende Awkerara 187. 50.Agabu Baseheran 177. 51.Sulay Kawawmenun 157. 52.Messelme Kerarmer 149. 53.Nagey Bsente 139. 54.Etbenukawer 129. 55.Safeliya Abramen 109. 56.Sanay 99. 57.Reina Awsena 88. 58.Dawit II 78. 59.Aglbul 70. 60.Bawawl 60. 61.Barawa 50. 62.Dinedad 40. 63.Amoy Mahasse 35. 64.Nicotnis Kandake V 25. 65.Nalke 20. 66.Luzay 8. 67.Bazen 8 a.C-9 d.C

Fuentes: Etiopedia aquí

26/6/19

Ophiolatría en Etiopía (IV)


El sitio arqueológico de Tiya en Etiopía es uno de los menos conocidos e investigados del mundo, de ahí que apenas conozcamos unos pocos datos del mismo.
Es uno de los aproximadamente 160 sitios arqueológicos con los que cuenta la región de Soddo, situada en el límite entre los territorios Guraghé y Oromo, a unos 90 km. al sur de Addis Abeba, la capital etíope. Donde se encuentra un grupo de 46 megalitos, la mayoría de los cuales presentan símbolos grabados, patrimonio de la Humanidad desde 1980.

La datación oficial del yacimiento sitúa a sus constructores en algún momento entre los siglos XII y XV d.C., o ese fue el rango temporal resultante de datar varios enterramientos adyacentes a los megalitos, tumbas y menhires que los habitantes de Tiya identificaban con el misterioso nombre de Piedras de Gragn.

Es sabido que el megalitismo es un fenómeno cultural muy antiguo, generalmente asociado al periodo Neolítico, aunque se extendiera hasta la Edad del Cobre, de manera que no parece probable que alguien erigiera megalitos tan tarde como sugiere la datación de las Piedras de Tiya. En el mismo sentido, los símbolos tallados en las piedras no pueden relacionarse ni con el cristianismo ni con el islam, religiones que influyeron en los usos culturales etíopes en los primeros siglos, sino con cultos paganos forzosamente anteriores, o eso se deduce de la profusión de signos de posible carácter astronómico y otros que los especialistas son incapaces de interpretar.
La única excepción la constituye la abundancia de espadas o puntas de lanza, cuya apariencia sugiere cierta modernidad.
Y todo ello sin que podamos descartar que los símbolos fueran grabados después de erigidas las piedras, del mismo modo que, por ejemplo, se cristianizaron muchos megalitos europeos al tallar cruces sobre los mismos.

En cuanto al término Gragn, parece claro que los habitantes de Tiya se referían al apodo por el que era conocido Ahmad ibn Ibrahim al-Ghazi (1.506-1.543, caudillo musulmán) cuyas incursiones en Abisinia –antiguo nombre de Etiopía– obligaron a fortificar las principales ciudades del país. No obstante, Ahmad Gragn (Ahmad el Zurdo) nació y murió mucho después de que se construyeran “oficialmente” los megalitos de Tiya, lo que tampoco ayuda a esclarecer ni el origen del yacimiento ni la identidad de los hombres que fueron enterrados cerca del complejo, probablemente soldados, a juzgar por las heridas que presentaban los cadáveres. Aunque las Piedras de Tiya sean protohistóricas, es probable que los cadáveres hallados junto a ellas fuesen de víctimas de alguna batalla entre etíopes y musulmanes.

Casi todo son incógnitas en relación con este fascinante enclave de Etiopía. En cualquier caso, siempre nos queda la espectacularidad de sus grandes piedras labradas, testigos de un tiempo cuya verdadera historia todavía está por escribirse.

Desde el año 700 a.C. existió una relación entre estas tierras y las arábigas. En Etiopía comenzaron a construirse grandes monumentos religiosos y funerarios de tipología sabea (actual Yemen). Pero, como ya había ocurrido anteriormente, de forma paralela y sincrónica, las etnias de la meseta de Tigray realizaron también grandes construcciones que podríamos calificar de autóctonas.
El resultado fue que ambos pueblos (semitas y aborígenes) interactuaron, mezclándose las dos corrientes. Ese fue, según se pone de manifiesto en los estudios del profesor Anfray, el origen del reino de D`mt, germen del posterior Aksum. Además de la Arqueología (disciplina insuficientemente utilizada en Etiopía), el conocimiento sobre este reino nos ha llegado de la mano de la epigrafía, ya que se han hallado numerosas lápidas y estelas escritas en caracteres surarábigos que han podido ser traducidas.
Estas inscripciones nos informan, por ejemplo, de que al máximo gobernante durante el periodo preaksunita se le llamaba mukarrib (rey-pontífice), pero en el momento en que Aksum toma la preeminencia política y económica, esta denominación se sustituye por la de Negus Nagast (rey de reyes), título que ya se utilizará en la monarquía etiópica hasta el último de sus emperadores: el Negus Haile Selassie, depuesto en septiembre de 1.974.

Hacia el cambio de era comenzamos a tener información sobre la ciudad de Aksum, aportada en primera instancia por un periplo griego, el de Maris Erythrei, ya que los helenos eran los grandes comerciantes de la zona en aquellos momentos. Y del siglo I d.C. ya tenemos referencias y nombres de sus gobernantes: así sabemos que el primero de sus Negus fue Zoskales. A partir de esta etapa, las genealogías reales están bastante completas gracias a los datos aportados por sagas marítimas, pero también por el resurgimiento de la epigrafía, ya mayoritariamente en lengua ge`ez, que encontramos a uno y otro lado del mar Rojo, indicándonos con ello que la presencia etíope se extendía también por las tierras yemeníes.

Aunque hay muchas facetas aún desconocidas en esta historia, lo que sí se puede asegurar es que hacia el 300 d.C. Aksum estaba ya en su máximo apogeo y, con los lógicos altibajos, se mantendría como potencia hegemónica en el Cuerno de África hasta el siglo X. En la fase de mayor expansión territorial (siglos IV-VII), sus dominios se extendían por zonas de las actuales Etiopía, Eritrea, Djibuti, Somalia y Yemen.

Según la Biblia (Hechos de los Apóstoles, 8, 26-39), fue Felipe el evangelista quien, en una peregrinación a Jerusalén, conoció al tesorero de Aksum, eunuco de la reina Candaces y lo convirtió a su fe. Sin embargo, no tenemos constancia de dicha transición hasta el siglo IV, momento en el que dos monjes de Tiro (Frumencio y Edesio), únicos sobrevivientes de un ataque pirata a un navío sirio que comerciaba por las costas del mar Rojo, llegaron en calidad de esclavos a la corte de Ezana. Poco a poco, fueron ganándose la confianza del rey que los premió con cargos relevantes (tesorero/secretario y copero, respectivamente), asumiendo finalmente el cristianismo como religión oficial (denominada como Iglesia Täwhedo=unidad). De este modo, Frumencio se convirtió en el primer obispo de Etiopía al ser nombrado como tal (abbuna) por San Atanasio, patriarca copto de Alejandría.
Muchos de estos datos se saben gracias al hallazgo de una piedra Roseta de Etiopía: la llamada inscripción de Ezana, que, al igual que la egipcia, relata cuestiones políticas en tres lenguas: ge´ez, sabeo y griego.

Un importante hecho a nivel religioso que sucedió durante los primeros siglos de cristianismo, fue la compilación inicial hacia el año 1.300 del que cristalizaría como el gran libro religioso etíope, el Kebra Nagast (la Gloria de los Reyes), que recoge escritos sagrados cristianos, judaicos y musulmanes, así como gran cantidad de hechos puramente etíopes, y que lo llamaron la Biblia de los Rastafaris.

Ras Tafari fue el nombre con el que nació el 23 de Julio de 1.892 el último emperador de Etiopía, quien al ser coronado adoptó el nombre real de Haile Selassie.
Tafari era el hijo de un colaborador del emperador Menelik III, uno de los gobernantes más importantes de la historia de Etiopía. Desde la infancia, su inteligencia impresionó al emperador, quien facilitó que tuviera una carrera política.

Cuando en 1.930 murió la hija de Menelik, la emperatriz Zuditu, Tafari fue coronado emperador. La coronación fue un evento espléndido al que acudieron reyes y representantes de todo el mundo.
Para los rastas, él es Dios (o Jah) encarnado, el mesías redentor.
Pero, ¿cómo fue que el emperador de Etiopía terminó siendo adorado en Jamaica?
El vínculo lo forjó un grupo de jamaicanos pobres que creyeron que la coronación del Negus Nagast Ras Tafari era el cumplimiento de una profecía y que él era su redentor, el mesías del Libro de las Revelaciones de la Biblia: "Rey de reyes, Señor de señores". Creían que él los liberaría, sacándolos de su vida de pobreza en el Caribe y llevándolos a África, la tierra de sus antepasados y su centro espiritual.

24/6/19

Ophiolatría en Etiopía (III)


James Bruce de Kinnaird (1730-1794), fue un viajero escocés que pasó más de una docena de años en el norte de África y Etiopía, donde rastreó los orígenes del Nilo Azul, y publicó un relato de sus viajes en busca de las fuentes del Nilo.
En Gondar, el todopoderoso Wazîr del rey Takla Haymânôt, le entregó varios de los manuscritos etíopes más valiosos, y entre ellos había una copia del Kebra Nagast, a la que atribuía gran importancia. Durante los años que Bruce vivió en Abisinia, aprendió la importancia de este trabajo para todas las clases de abisinios.

En la tercera edición de sus Viajes (vol. III, p.411-416) apareció una descripción de su contenido, el primero en ser publicado en cualquier idioma europeo.
No contento con este manuscrito, Bruce trajo consigo una copia del Kebra Nagast que él mismo había hecho, y en su momento entregó ambos manuscritos a la Biblioteca Bodleiana, donde se les conoce como "Bruce 93" y "Bruce 87".
El primero, que es el "Liber Axumea" Bruce's Travels, fue descrito ampliamente por Dillmann, que en su breve descripción agregó una importante transcripción. Gracias a Dillmann, quien imprimió los encabezados de todos los capítulos de Fĕtha Nagasti en el etíope original, ya no había ninguna duda sobre la naturaleza exacta y el contenido de la obra.

Francisco Pretorio, publicó una traducción al latín del texto etíope, de los capítulos XIX al XXXII del Kebra Nagast, editado del manuscrito en Berlín (Orient. 395), que Lepsius adquirió de Domingo Lorda, y enviado a la Königliche Bibliothek en 1.843. Al texto de Berlín agregó las lecturas variantes proporcionadas por el profesor W. Wright de Cambridge. En 1.877, Wright publicó una descripción completa del Kebra Nagast en la Colección Makdalâ en el Museo Británico.
La obra de Pretorio dio a conocer por primera vez la forma exacta de la leyenda etíope que cuenta que el rey de Etiopía es un descendiente de Salomón rey de Israel, y de Mâkĕdâ, mejor conocida como Reina de Saba.

En agosto de 1.868, la gran colección de manuscritos etíopes, que el ejército británico arrebató a Makdalâ después de la derrota y el suicidio del rey Theodoro, fue llevada al Museo Británico, y entre ellos había dos excelentes copias del Kebra Nagast.
Posteriormente, fueron numerados Oriental 818 y Oriental 819, y fueron descritos de manera muy completa y cuidadosa por Wright (1.877) en su Catálogo del SMS etíope en el British Museo (Londres) y en el Zeitschrift der Deutschen Morgenländischen Gesellschaft.

Oriental 819, fue escrito en el reinado de Iyâsû I (1682-1706), y regresó a Abisinia. El 10 de Agosto de 1872, el Príncipe Kasa, quien posteriormente fue coronado como el Rey Juan IV, escribió a Earl Granville de esta manera:
"Y ahora, nuevamente, tengo otra cosa que explicarle, que había una imagen llamada Qurata Rezoo, que es una imagen de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, encontrado con muchos libros en Makdala por los ingleses. Alrededor de la imagen todo es de oro, y la mitad de ella de color. Hay un libro llamado Kivera Negust (es decir Kebra Nagast), que contiene la Ley de toda Etiopía, y los nombres de los Shums (Jefes), Iglesias y Provincias están en este libro. Ruego que encuentren quién tiene este libro y enviármelo, porque en mi país mi gente no obedecerá mis órdenes sin él".

Desafortunadamente, ninguno de los Códices del Kebra Nagast nos da información definitiva sobre el compilador de la obra, o el momento en que escribió, o las circunstancias en que se basa. Dillmann, el primer erudito europeo que había leído todo el libro en el etíope original, se contentó con decir en 1.848, "de vero compositionis tempore nihil liquet", pero más tarde pensó que "fue compuesta poco después de la restauración de la llamada línea de reyes Salomónica", es decir, poco después de que el trono de Etiopía fuera ocupado por Tasfâ 'Îyasûs, o Yĕkûnô 'Amlâk, que reinó desde 1270-1285 d.C.
Un Colofón que se encuentra en varios de los códices del Kebra Nagast en Oxford, Londres y París, afirma que el texto etíope se tradujo de la versión árabe, que a su vez, se tradujo del copto. La traducción al árabe fue, continúa, hecha por 'Abu' l-'Izz y 'Abu' -Faraj, en el "año de la misericordia" 409, durante el reinado de Gabra Masḳal ('Amda Sĕyôn I), es decir entre 1.314 y 1.344 d.C., estas declaraciones son lo suficientemente claras y definidas, pero Dillmann no las creyó, pensó que todo el Colofón era el resultado de la imaginación de algún escriba inactivo (ab otioso quodam librario inventa).
Las declaraciones sobre la versión etíope que se hizo desde el copto hasta el árabe se consideraron ficciones obvias (plane fictitia esse) y condenó la redacción del colofón porque consideraba que su estilo literario era inferior al utilizado en la narrativa del Kebra Nagast (dictio hujus Subscribeis pessima est, et ab oratione eleganti libri ipsius quam maxime differt).

Zotenberg, un erudito muy competente, no vio ninguna razón para dudar de la verdad de las afirmaciones en el Colofón en general, pero pensó que era posible que un autor árabe hubiera suministrado los hechos fundamentales de la narrativa, y que el autor o los autores de la versión etíope declararon que la fuente original de su trabajo era un arquetipo copto para otorgarle una autoridad e importancia que de otra manera no tendría.

Por otro lado, Wright simplemente consideraba el Kebra Nagast como una "obra apócrifa", y a juzgar por la lista de reyes al final de la obra en Oriental 818, fol. 46, que termina con Yĕkwênô 'Amlâk, quien murió en 1.344, concluyó que era un producto del siglo XIV (Catálogo p. 301, col. 2).
Pero es sin duda un trabajo muy bueno, y muchas secciones de él merecen una cuidadosa consideración y estudio. Para muchas de las declaraciones en él hay fundamentos históricos, y la mayor parte de la narrativa se basa en leyendas, refranes y tradiciones, muchas de las cuales son extremadamente antiguas.
Las leyendas y tradiciones se derivan de muchas fuentes, y se pueden rastrear hasta el Antiguo Testamento, y los términos caldeos, a obras siríacas como el Libro de la Abeja, a las vidas coptas de los santos, a las antiguas historias y comentarios de Ḳur'ânic, a libros apócrifos como el Libro de Adán y Eva, la Vida de Ḥannâ, la Madre de la Virgen María, el Libro de la Perla y la Ascensión de Isaías, etc.

El objeto del autor, o compilador, y los editores posteriores del Kebra Nagast (sin importar su forma original) fue glorificar a Etiopía al narrar la historia de la venida del "Sion espiritual y celestial", el Tabernáculo de la Ley del Dios de Israel, desde Jerusalén hasta Etiopía, y para dejar en claro que el Rey de Etiopía fue descendiente de Salomón, el hijo de David, rey de Israel, y por medio de él, de Abraham y los primeros patriarcas.
Pero Cristo también descendía de Salomón y los primeros patriarcas, y era el Hijo de Dios, por lo que el Rey de Etiopía, pariente de Cristo, también era un hijo de Dios, y por lo tanto era tanto Dios como rey para su pueblo.

El Kebra Nagast tenía la intención de hacer creer a la gente de Etiopía que su país fue especialmente escogido por Dios para ser el nuevo hogar de la Sión espiritual y celestial, de la cual su pueblo elegido, los judíos, se había vuelto indigno. Sión existió originalmente en una forma inmaterial en el cielo, donde estaba Dios.

Cuando Salomón terminó de construir su Templo, Sión se estableció allí en el Lugar Santísimo, y de él Dios hizo públicos sus mandamientos. La fama de la sabiduría de Salomón llegó a los confines de la tierra, principalmente porque comerciaba con comerciantes de la costa del mar y de los países al sur de Palestina a cada lado del Mar Rojo. Estos mercaderes llevaron árboles, piedras, los aromas, las especias y las ricas cosas y objetos con los que decoró el Templo y su propio palacio, y cuando sus caravanas regresaron a casa, sus sirvientes describieron a los oyentes ansiosos la gran obraso que el rey de Israel estaba realizando en Jerusalén. Entre los maestros o líderes de estas caravanas se encontraba Tâmrîn, que dirigió los asuntos comerciales de la "Reina del Sur", a la que los escritores árabes llaman Balkîs, y los escritores etíopes Makeda, pero ninguno de estos nombres es antiguo, y es muy dudoso que alguno de los dos represente de alguna manera el verdadero nombre de la reina del sur. También es dudoso que ella fuera una etíope, y es mucho más probable que su hogar fuera Shĕbhâ, o Saba, en el sudoeste de Arabia. Como era una adoradora del sol, probablemente era una princesa entre los sabeos. Por otro lado, sus antepasados pueden haber sido simplemente colonos en Arabia, y algunos de ellos de origen etíope.
El Kebra Nagast dice que era una mujer muy hermosa, brillante e inteligente, pero no nos dice nada sobre su familia. Un manuscrito en Oxford (Dillmann, Catálogo Bibl. Bodl. p 26), dice que cinco reyes reinaron en Etiopía antes de Makĕda, a saber: Arâwî 400 años, Angâbô 200 años, Giedur 100 años, Siebadô 50 años y Kawnâsyâ 1 año.
Si estos reyes eran de hecho sus antepasados, probablemente ella fuera nativa de algún país en la costa occidental del Mar Rojo.


17/6/19

Ophiolatría en Etiopía (II)

La reina Mâkĕdâ gobernó durante el siglo X a.C. en un territorio muy extenso, el Reino de Saba (actual Norte de Etiopía, Dyibuti y Yemen). 

Una leyenda cuenta la forma en que el rey Salomón se convirtió en el padre de Menyelek (hijo de Makeda), la encontramos en varias versiones ligeramente diferentes entre muchas de las tribus del norte de Abisinia.

La madre de Menyelek era una niña de Tigrê llamada Ĕtêyê Azêb (Reina del Sur), y su gente adoraba a un dragón o serpiente, a la que cada hombre, a su vez, tenía que presentar como ofrenda a su hija mayor y grandes cantidades de cerveza dulce y leche. Cuando llegó el turno de sus padres, la ataron a un árbol al que solía llegar el dragón por su comida, pero poco después vinieron siete santos y se sentaron debajo del árbol por la buena sombra que daba. Cuando se sentaron, una lágrima de la doncella cayó sobre ellos, y cuando la vieron atada al árbol, le preguntaron si era un ser humano o un espíritu, y ella les dijo que era un ser humano y les dijo que estaba atada al árbol para ser alimento del dragón.
Cuando los siete santos vieron al dragón, uno de ellos, Abbâ Tchêḥamâ, se tiró de su propia barba, otro, Abbâ Garîmâ, exclamó: Me ha asustado!, y un tercero, Abbâ Menṭelît, gritó: Vamos a atraparlo!, inmediatamente atacó al monstruo, y ayudado por sus compañeros lo mataron al golpearlo con una cruz. Cuando lo estaban matando, algo de sangre brotó de él y cayó sobre el talón de Ĕtêyê Azêb, y desde ese momento su talón se convirtió en el talón de un asno.
Los santos desataron sus ataduras y la enviaron a su aldea, pero la gente la alejó pensando que había escapado del dragón, se subió a un árbol y pasó la noche allí. Al día siguiente, llevó a algunas personas de la aldea y les mostró el dragón muerto, y de inmediato la hicieron su jefa, y ella eligió para su oficial en jefe una doncella como ella.
Poco después de esto, Aztĕyê Azêb escuchó de la habilidad médica del rey Salomón, y decidió acudir a él para que pudiera restaurar su talón deformado a su forma original.
Ella y su oficial en jefe cubrieron sus cabellos a la manera de los hombres y marcharon a la corte de Salomón en Jerusalén. Su llegada fue anunciada a Salomón, quien ordenó a sus sirvientes que llevaran al rey de Abisinia en su presencia, y tan pronto como su pie deformado tocó el umbral, recuperó su forma natural.
Salomón ofreció pan, carne y cerveza a las dos mujeres disfrazadas, pero comieron y bebieron tan poco que Salomón sospechó que sus invitados eran mujeres. Así fue como Salomón descubrió a la Reina de Saba (Makeda) y comenzó su relación. Cuando ella supo que estaba embarazada, se despidió de Salomón y habiendo recibido de él un anillo como señal, regresó a su propio país, donde nació su hijo Menyelek o Mĕnĕlîk.

En la literatura etíope, a este hijo a menudo se lo llama Walda-Tabbîb, es decir "hijo del sabio" (Salomón), o 'Êbna Ḥakim, o Bayna-Leḥkĕm, es decir Ibn al-Ḥakîm, o "el hijo del sabio".
Cuando el niño alcanzó la madurez temprana, presionó a Mâkĕdâ para que le permitiera ir a ver a su padre Salomón en Jerusalén, y ella le dio el anillo que Salomón le había dado, y lo envió allí bajo el cuidado de Tâmrîn.
A su llegada a Gaza, la gente de la ciudad y de todas partes del distrito reconoció su sorprendente parecido con Salomón. Lo mismo sucedió en Jerusalén, y cuando los funcionarios del palacio de Salomón lo llevaban a la cámara de presencia, toda la familia supo que se estaba llevando un hijo a su padre. Padre e hijo se abrazaron y Salomón no escatimó esfuerzos en proporcionar instrucción y diversión a Bayna-Lehkĕm (Ibn al-ḥakîm) mientras estaba en Jerusalén, porque esperaba poder tenerlo con él; pero después de unos meses, el joven estaba ansioso por volver con su madre y su país, y Tâmrîn, el líder de las caravanas de Mâkĕdâ, quería irse.

Menyelek, supo que Roboam debía suceder a Salomón en el trono de Israel, y no deseaba ocupar la posición subordinada de un segundo hijo en Jerusalén, presionó a Salomón para que le diera permiso para partir. Cuando el rey dispuso que los hijos mayores de sus nobles acompañaran a Menyelek a su regreso a la capital de su madre Mâkĕdâ, hicieron los arreglos con Menyelek para el establecimiento de un reino judío duplicado en Etiopía, y le permitió partir.

Cuando la reina Mâkĕdâ estuvo en Jerusalén, se enteró de que el Tabernáculo de Sión en el Templo de Jerusalén era la morada del Dios de Israel, y el lugar donde Dios Todopoderoso se complacía en morar, y en su carta a Salomón le rogó que le enviara, como un santo talismán, una porción de la franja de la cubierta del Tabernáculo. Salomón le dijo a Menyelek que concedería la petición de Mâkĕdâ. Pero Menyelek y los hijos mayores de los notables judíos que estaban destinados a ayudar a Menyelek a formar su reino en Etiopía, conspiraron juntos para robar el Tabernáculo de Sión y llevarlo a Etiopía. Su objetivo era mantener al Dios de Israel con ellos, y robaron el Tabernáculo hecho de oro y madera (según el modelo del Espíritu-Tabernáculo original en el cielo) que contenía las Tablas de la Ley, la Olla de maná, la Vara de Aarón, etc. Uno de los conspiradores que tuvo acceso a la cámara del Tabernáculo, lo sacó de debajo de su cortina, y sustituyó una construcción en madera de exactamente el mismo tamaño y forma, que él había hecho para el propósito.

El robo no se descubrió hasta que Menyelek y Tâmrîn, en compañía de jóvenes judíos y etíopes estaban ya de camino hacia el Mar Rojo, y aunque Salomón envió rápidos jinetes para adelantarlos, lograron escapar y el Rey de Israel regresó a Jerusalén con gran dolor.

Menyelek llegó a la capital de su madre con el Tabernáculo de Sion y fueron recibidos con gran alegría, y Mâkĕdâ abdicó en favor de su hijo. Menyelek estableció en Etiopía un reino modelado en el de Israel e introdujo en su país las Leyes de Dios y de Moisés, las normas y reglamentos sociales con los que se asociaba el nombre del gran legislador en aquellos días.
Continuará...

7/6/19

Ophiolatría en Etiopía (I)

Etiopía, es un país cuyo nombre denota "tierra de la adoración de la serpiente solar". Las crónicas de Abisinia y las tradiciones locales del país, establecen la abundante ophiolatría de los etíopes.

Dicen que el primer rey de Etiopía fue una serpiente, fue llamado Arwè, que en el idioma abisinio significaba "serpiente". Es notable que la palabra Naga (que es la misma que el Naig de Hindustán, y del hebreo Nachash) fuera un título de los antiguos reyes abisinios. Los árabes los llamaron Nagashi, de la misma manera que los reyes de Egipto se llamaban Faraón, y en los escritos de los primeros viajeros, frecuentemente nos encontramos con "el Negus" de Abisinia, un título que sonaba extraño y algo ridículo a los oídos ingleses.

Un monje abisinio llamado Gregory, visitó Alemania poco antes de que Ludolf publicara su Historia Etíope, y la forma en que él explicaba la tradición de un "rey serpiente" es muy interesante. Al preguntarle por el rey Arwè, dijo, que existía una antigua tradición entre sus compatriotas, que los primeros etíopes adoraban a una gran serpiente como un dios; y de ahí el nombre del rey Arwè, serpiente. Que esta serpiente fue asesinada por Angabus, quien por esta acción fue elegido rey y cedió el trono a su posteridad.

La adoración de la serpiente prevaleció en Axum hasta que los abisinios se convirtieron al cristianismo. La gloria de esta conversión se atribuye a nueve santos, a quienes se dice que han tenido éxito mediante la instrumentalidad de los milagros. Ludolf, citando al padre Méndez, enumera así sus triunfos: "Estos hicieron grandes milagros cuando convirtieron una gran parte de Etiopía; y entre otros, se informa que un gran dragón que vivió cerca de Axum y que devoró a muchos hombres y ganado, fue destruido por sus oraciones".

Un poeta abisinio celebró las alabanzas de estos misioneros cristianos en un poema que Ludolf cita: ...el fundador de la ophiolatría, o más bien el líder de la primera colonia Ophita en estos países remotos, fue probablemente el mismo Toth que fundó esta religión en Egipto. Porque encontramos la palabra Tot, todavía curiosamente empleada en Abisinia para denotar un ídolo, y lo que es notable. La figura desnuda de un hombre no es un Tot; pero si tiene la cabeza de un perro o una serpiente, en lugar de una cabeza humana, se convierte en un Tot.

Aunque los santos cristianos vencieron al Dragón de Axum, no lograron destruir a toda su familia. Los Shangalla, una raza de negros en la frontera norte de Abisinia, conservan hasta el día de hoy sus supersticiones primitivas; adoran a las serpientes, a los árboles y al ejército celestial. Y los Agaazi, una tribu de pastores etíopes, todavía habitan en las montañas, llamados Habab “serpiente”, probablemente en referencia a las supersticiones ophitas que se practicaban en otros tiempos.
La palabra Habab se parece mucho a una reduplicación de la AB universal, que era el nombre del dios de la serpiente en la mayoría de los países primitivos que tenían alguna conexión con Fenicia (Canaán).
Continuará...

29/5/19

Ophiolatría en Egipto (IV)


El Basilisco o serpiente real, la más venenosa de la especie, según las leyendas era un rey de serpientes, fue nombrado OB u OUB. Este era el nombre del dios oracular de Canaán, idéntico al pitón de Delfos.

Los egipcios representaban a esta serpiente en sus monedas, lanzando rayos de su cabeza, como si estuvieran adornados con una corona. Alrededor de la moneda se inscribió "AGATHODÆMON".
El emperador romano Nerón, en la locura de su vanidad, hizo que varias de esas monedas fueran acuñadas con la inscripción "el nuevo AGATHODÆMON", que era él mismo. Hubo una medalla similar acuñada por los gnósticos egipcios, en la cual se estampó la palabra CNUPHIS.

Los gnósticos egipcios de la escuela de Basílides eran muy adictos a la magia y entre sus amuletos había ciertas gemas llamadas Abraxas. Este fue el nombre que le dieron al Todopoderoso, porque dijeron: “las letras que forman la palabra Abraxas, en numeración griega, conformarían el número trescientos sesenta y cinco”; es decir, el número de los días en una revolución del Sol, como la palabra Mitra o Meithras, también los contiene. El nombre de la deidad que transfirieron a las gemas, en el que estaban inscritos sus misterios o símbolos.
La mayoría de estas gemas tenía la figura de una serpiente, ya sea por sí mismo, o terminando las piernas de un dios con cabeza de gallo. La serpiente leonina, con un círculo de rayos alrededor de su cabeza, estaba comúnmente grabada sobre ellas. Las inscripciones frecuentemente aludían a las religiones judías o cristianas con las palabras "Iao Sabaoth" y "Adonai” que los formó.
Una serpiente que mordía su propia cola, para representar la eternidad, se veía a menudo en esas gemas.
Estas Abraxas, en las que la idolatría egipcia y la revelación cristiana estaban interrelacionadas, son pruebas existentes de la prevalencia de la ophiolatría en las primeras edades de la iglesia.

Entre las curiosidades de la idolatría egipcia se encontraban las manos y los pies, que a veces se encuentran en los templos. Se ofrecieron de la misma manera en que la iglesia de Roma consagra imágenes de pies y manos, etc. Conmemoración de las preservaciones, una costumbre derivada, sin duda, de los paganos, como la mayoría de las ceremonias religiosas de la iglesia romana. Estas manos y pies están cargados de figuras de serpientes, emblemáticas de la salud recuperada.

Los egipcios tenían basiliscos en tal veneración, que hicieron imágenes de ellos en oro, y los consagraron y los colocaron en los templos de sus dioses. Se cree que eran los mismos que los Thermuthis, o las mortales aspid. Se dice que los sacerdotes egipcios los preservaron al cavar hoyos en las esquinas de sus templos y era parte de su superstición creer que quien fuera mordido accidentalmente era favorecido divinamente.

La serpiente a veces se encuentra esculpida y unida a los pechos de las momias; pero es dudoso que sea con miras a la seguridad talismánica o como indicativo del sacerdocio de Isis. Una momia hembra, en París, estaba adornada con un collar de serpientes talladas en piedra. La pequeña figura de la serpiente de cabeza de toro, puede haber sido diseñada para un propósito similar.

Los brazaletes en forma de serpientes, fueron usados por las mujeres griegas en el tiempo de Clemens Alexandrinus, quien así reprende la moda: "Las mujeres no se avergüenzan de colocar sobre ellas los símbolos más manifiestos del maligno; porque como la serpiente Eva engañada, por lo que la baratija de oro en la forma de una serpiente engaña las mujeres", los niños también llevaban guirnaldas del mismo tipo.

Entre Egipto y Grecia siempre hubo una gran relación y muchas de las costumbres, y la mayor parte de la mitología griega, se derivó de la egipcia. No es improbable, por lo tanto, que estas baratijas de serpentina fueran usadas también en Egipto; ya sea como meramente ornamental, como talismánico o como indicativo del sacerdocio de Cneph o Isis.

Un ejemplo muy sorprendente de la serpiente talismánica puede verse en el célebre Caduceo, que generalmente, aunque no exclusivamente, se atribuye a Hermes o Mercurio. No pertenecía exclusivamente a ese dios, ya que podemos encontrarlo en manos de Cibeles, "la diosa siria" madre de los dioses. Cibeles es lo mismo que OPS, en cuya historia la serpiente es prominente. Lo encontramos de nuevo sostenido por Minerva y otra vez, por el egipcio Anubis. Se ve en manos de Hércules Ogmius, el dios de los celtas; y de la constelación personificada Virgo, a quien Lucian dice haber tenido su símbolo en la sacerdotisa de Pitia, de lo que podemos inferir que el Caduceo era una insignia sagrada en Delfos.

El Caduceo se representó bajo varias formas, según la fantasía del escultor, pero casi siempre conservó el diseño original de una varita alada entrelazada por dos serpientes. A veces se describía sin las alas, pero nunca sin las serpientes, las variaciones consistían principalmente en el número de pliegues hechos por los cuerpos de las serpientes alrededor de la varita y las posiciones relativas de las alas y las cabezas de las serpientes.
El Caduceo fue considerado poderoso para paralizar la mente y resucitar a los muertos. Este carácter talismánico fue probablemente inherente a las serpientes, en lugar de a cualquier otra parte del Caduceo, porque aunque frecuentemente se exhibe sin alas, rara vez se ve sin las serpientes, la noción del encanto se derivó probablemente de un oscuro memorial tradicional de la fascinación de la serpiente paradisíaca. La fascinación del ojo de la serpiente fue creída universalmente por los antiguos, en la medida en que "el ojo de la serpiente" se convirtió en un proverbio entre los griegos y romanos para denotar la peculiar agudeza y la intención mental.

El origen del Caduceo ha sido desarrollado por el sabio Kircher, de él aprendemos que el caduceo fue expresado originalmente por la simple figura de una cruz, mediante la cual se dice que su inventor, Thoth, simbolizó los cuatro elementos procedentes de un centro común. Este símbolo, después de sufrir algunas alteraciones, se usó como una letra del alfabeto egipcio, y fue llamado por su inventor, Taut. Era la letra correspondiente al Tau hebreo, aunque de forma diferente. Se correspondía con él también en su significación mística.

El emblema Taútico, cuando Thoth fue elevado al rango de dios, con el nombre de Hermes o Mercurio, se convirtió en su jeroglífico. Por eso fue empleado como un símbolo del planeta Mercurio, porque en la mitología temprana cada héroe deificado se transformaba en un planeta o constelación.
El Sol, siendo el gran objeto de la idolatría primitiva, fue adorado con los más altos honores y Thoth, siendo el gran profeta y reformador de la Religión egipcia, a él le dieron el puesto de honor junto al sol. De ahí que el planeta que gira más cerca del sol se llame Mercurio, y se considerara la mansión celeste de Thoth deificado.

Primero enseñó a los egipcios a simbolizar la divinidad por serpientes; de ahí que los dos objetos principales de la idolatría egipcia, el Sol y la Luna, estuvieran representados por dos serpientes, masculina y femenina. Los filósofos posteriores, por lo tanto, no consideraron el emblema taútico lo suficientemente explícito de su propio significado, sustituyendo la luna y el círculo solar dos serpientes. Cada una de las cuales se describió de manera muy ingeniosa por la intersección de las dos serpientes, para formar un círculo abajo, y una media luna arriba, con sus cuerpos. Los brazos de la cruz se transformaron de la misma manera en alas, que eran emblemáticas de la flotación del espíritu divino sobre los elementos mundanos. Los elementos mundanos se redujeron en consecuencia para ser representados por el eje de la cruz. El emblema taautico, y la primera forma del Caduceo, fue representado de esta manera.
Después de esto, el Caduceo sufrió muchas variaciones. Las serpientes se hicieron para entrelazar alrededor del eje, y las alas se colocaron por encima de las serpientes. Las intersecciones de las serpientes, también se hicieron más frecuentes, a veces ascendiendo a tres o cuatro; y dio origen a la fábula de Júpiter y Rea, a la que la supuesta unión conyugal del Sol y la Luna (representada por estas serpientes) dio algo de color. A veces, el punto de intersección era un nudo que se llamaba "el nudo de Hércules".
Continuará...

25/5/19

Ophiolatría en Egipto (III)


El origen de las serpientes intrigaba a los antiguos egipcios, pues pensaban que podrían haberse creado a sí mismas, puesto que mudaban de piel también eran un símbolo del renacer después de la muerte, se pensaba que ayudaban a renacer al difunto. Todas las serpientes eran sagradas excepto la cobra que representaba al Sol.
En Egipto la cobra (uraeus) era un símbolo de resurrección, siendo el animal protector de los faraones, y en la ciudad de Buto eran veneradas por su carácter benéfico. Portaron su nombre varios faraones hicsos como Apofis I y Apofis II.

Uadyet, protectora del Bajo Egipto, era la diosa serpiente que escupía fuego a sus enemigos, simbolizaba el calor del sol y se la solía llamar “el Ardiente Ojo de Ra”, identificada con el uraeus, la cobra que los faraones llevaban en sus coronas, también se la llamaba “la del color del papiro” o “la verde”, por simbolizar la fertilidad del suelo. Enviaba profecías a través de los sueños y tenía un famoso oráculo en Buto. El oráculo egipcio fue el origen de los cultos y oráculos de la Pytia en la antigua Grecia.
Filón de Biblos cuenta que los fenicios siguieron a Ferécides de Siros, filósofo del siglo VI a.C., y uno de los siete sabios de Grecia, famoso por su teoría sobre la existencia de un dios supremo llamado Serpiente.

Según el mito de Menfis, Atum fué concebido del corazón de Ptah. Los animales que tenía asociados eran el león, el toro, el lagarto, el icneumon y la serpiente que representa el concepto de “fin del universo”, al final de los tiempos sólo Atum y Osiris sobrevivirán a las aguas de Nun que envolverán toda la tierra, y lo harán en forma de serpientes.


El basilisco es una criatura fabulosa de carácter serpentino; sobre todo en sus orígenes. Egipcios y hebreos lo mencionan en sus textos, y los griegos lo tenían por la más mortífera de las criaturas. Para estos pueblos de la Antigüedad, formaba parte de la familia de las serpientes. Los helenos lo consideraban el rey de las serpientes, de ahí el nombre que le dieron: βασιλίσκος, que significa “pequeño rey”. Aunque no es muy grande, su aspecto, su porte al desplazarse y su extrema toxicidad lo elevan por encima de los demás ofidios. Plinio el Viejo, por ejemplo, nos presenta al basilisco en su Historia Natural (VIII 33) como una serpiente que no supera los 22 cm. con una mancha blanca con forma de corona en la cabeza. A diferencia de las otras serpientes, los basiliscos avanzan erguidos, alzando la mitad del cuerpo y arrastrándose con el resto.

La gran letalidad del basilisco, se mantuvo inmutable con paso del tiempo. No solo posee uno de los venenos más potentes, sino que es tan abundante en su cuerpo que, según Brunetto Latini (Tesoro, IV, 3), rezuma por toda su piel y por eso reluce. No es de extrañar que su toque o mordisco sea mortal de necesidad. Y casi igual de ponzoñoso es su aliento, del que se sirve para cazar envenenando el aire a su paso. Pero la capacidad más mortífera de los basiliscos es su mirada. Con ella pueden matar a hombres y animales a distancia, e incluso llegar a partir la piedra. Una de las teorías es que emiten por los ojos una especie de fuerza, algo parecido en cierto modo, al mal de ojo.

El poeta Lucano escribió en su Farsalia que se debe a que los basiliscos nacieron de la sangre derramada de la Medusa, y habrían heredado su mirada letal.
Pero también hay maneras de contemplar al basilisco sin sufrir las consecuencias de su mirada. Desde muy antiguo se decía que se puede evitar el daño si lo ves antes de que él te vea. Otra manera es mirarlo a través de un vidrio. Cuanto mayor sea este, mejor, ya que además de proteger del efecto de la mirada, el basilisco no puede distinguir nada situado tras él.

A los basiliscos les gusta vivir en lugares áridos, como a los escorpiones. Según Plinio, son originarios de las zonas desérticas de Libia, en la provincia de Cirenaica, aunque, hacia el siglo X, diversas fuentes los localizaban ya en Europa. En realidad, no es que vivan en el desierto sino que este los sigue; los mismos basiliscos convierten en desierto el territorio por el que pasan, al desmenuzar las piedras y secar árboles y plantas. Hasta las aves en el cielo, corren el peligro de ser alcanzadas por su ponzoña. Además, son capaces de envenenar los cursos de los ríos durante décadas, o incluso siglos. San Isidoro advierte que quienes beben o se baña en esas aguas se vuelven hidrófobos y linfáticos. Durante las epidemias de peste negra que se sucedieron a partir del siglo XIV, surgió el rumor de que la enfermedad era provocada por envenenadores que usaban carne de basilisco para emponzoñar el agua.

Para los antiguos egipcios, la serpiente real o basilisco nacía de los huevos del ibis, y en el Antiguo Testamento pueden encontrarse referencias en cuatro libros. Las siete referencias que hay en la Biblia del basilisco: Isaías XI-8, XIV-29, XXX-6, LIX-5; Proverbios XX-52; Jeremíass VIII-17 y Salmos XC-13. Y no falta quien lo ha visto en la propia serpiente tentadora de Eva (Génesis 3-1, 5). De las ocho palabras hebreas que se usaron para designar a las serpientes en el Antiguo Testamento, tres se tradujeron por basilisco en la Versión de los Setenta: zephá (cinco veces), pethen y 'eph'eh (una vez cada una).
Continuará...