19/2/11

Hacia un Nuevo Mundo


El protagonismo histórico de la sociedad civil
Por Javier Monserrat


La sociedad civil debería asumir el control de la historia.

Los países democráticos que dirigen las decisiones globales dependen del voto de los ciudadanos: por tanto, si estos se organizaran, con independencia de los partidos políticos, la sociedad civil organizada nacional e internacionalmente, rectamente liderada y actuando según un diseño de ingeniería socio-política correcto, podría negociar y condicionar una parte sustancial del voto de los ciudadanos al compromiso de los partidos en promover cierto tipo de políticas humanistas. Pero, esta nueva organización de la sociedad civil, ¿sería posible? ¿Podría llegar a tener el grado de influencia masiva como para poder controlar la sociedad? 

Mi punto de vista podría resumirse en pocas palabras. En la actualidad la mayoría de los ciudadanos tenemos un punto de vista humanista, promotor de la libertad y de la solidaridad que pudiera contribuir a eliminar el sufrimiento humano que depende de nosotros. En esta intuición coinciden muchos, ricos y pobres, clases medias, trabajadores y tecnócratas, empresarios y financieros. No son todos (ya que muchos continúan arrastrados por los fantasmas del pasado y otros están movidos sólo por egoísmo o por el entretenimiento alienado en la sociedad de consumo), pero sí es una mayoría creciente. 

Tenemos la persuasión de que sería necesario un nuevo orden nacional e internacional que coordinara la libertad, personal y social, con la solidaridad interhumana. Lo que hoy en día se hace no basta. No podemos seguir con “más de lo mismo” por mucho tiempo, con injusticias, tensiones y enfrentamientos sin fin. ¿Cómo podríamos conseguir la promoción de este nuevo orden humanista? 

La tesis que defendemos parece casi obvia: que ninguna vía parece más eficaz, urgente y pragmática, que la organización de la sociedad civil para lograr el control de la historia; es decir, para controlar la política nacional e internacional de quienes gobiernan el mundo. 
Pero, esta nueva organización de la sociedad civil, ¿sería posible? ¿Podría llegar a tener el grado de influencia masiva como para poder controlar la sociedad? Es evidente que sería muy difícil. 

No obstante, lo creemos posible bajo tres condiciones: primero, el diseño del movimiento de acción civil encaminado a crear un Nuevo Mundo debería ser un proyecto de ingeniería socio-político-económica técnicamente correcto (no todo diseño iría adelante); segundo, los líderes civiles que dirigieran el proyecto deberían actuar en estrecho contacto con los intelectuales para conseguir precisamente que el diseño fuera correcto; tercero, este movimiento civil, llegado a un cierto punto de expansión, debería contar con un valedor social decisivo que permitiera su expansión exponencial, valedor que, a nuestro entender no podría hallarse sino en las religiones, en una actuación conjunta y solidaria. 

Estamos persuadidos de que el cambio socio-político-económico promovido por la sociedad civil, para hacerse realidad y poder contribuir a la lucha contra el sufrimiento, debería ser viable. Las revoluciones sangrientas acaban por producir sangre y, en último término, son imposibles. Y un proyecto imposible, por inviable, no conduce a nada y puede producir el estancamiento de la historia, perdida por veredas sin salida y sin destino racional. El cambio promovido por la sociedad civil debería ser una revolución blanca. En el fondo debería ser un cambio que a todos interesara porque promovería un mundo mejor para todos los ciudadanos: mejor para la libertad y mejor para la solidaridad. 

Pienso que mis inquietudes ético-morales deben de estar presentes en otras muchísimas personas. Pienso que su obligación ético-moral es dejarse llevar por la razón socio-política para decidir qué se puede hacer. ¿Qué alternativas existen a la movilización de la sociedad civil? Dada la repetitiva historia sin rumbo ni futuro que hoy vemos en el panorama mundial, que podría llevarnos a cien años más de “más de lo mismo”, y a una agonía interminable de sufrimiento en los seres humanos, ¿qué alternativa hay que no sea la organización de la sociedad civil con un diseño de ingeniería socio-política que garantice la eficiencia de su actuación? ¿Qué otra cosa puede hacer el ciudadano con urgencia y pragmatismo?

6 comentarios:

  1. Francisco20/2/11 0:22

    La reflexión de Javier Monserrat debería servirnos de ejemplo para animar a los ciudadanos a emprender acciones de diálogo para alcanzar ese ideal de unión o hermandad que haría posible el cambio definitivo que todos anhelamos y necesitamos.
    Mi querida Estrella, te agradezco mucho que compartas esta noticia con tod@s.
    Un Beso

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  2. Aunque nunca me han caído bien los jesuitas, tengo malos recuerdos de algunos, he de reconocer que este escritor es de los buenos.
    Saludos cosmoecologos del blog.

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  3. Todas las personas que sienten inquietudes y están sensibilizados con nuestro entorno, tenemos la obligación moral de participar en el nuevo paradigma, es una cuestión de compromiso con el entorno, nadie debería quedarse indiferente ante la injusticia social generalizada que ahoga el planeta.
    El concepto cosmoecológico es un modelo multidisciplinar en donde cualquier persona de buena voluntad puede sembrar su semilla para el bien común, después del caos viene el orden y de ahí la creación. Todos somos creadores, nadie está excluído, hagámoslo AHORA!!!

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  4. Sí, sí, sí Estrella, tienes razón, somos creadores y por eso debemos ser libres, ese es el espíritu que hemos de alimentar entre todos, si no la humanidad está perdida, todos deben escuchar ese mensaje en sus corazones pues la inspiración les llegará por la vía del corazón, ya lo dijo nuestro amado maestro Jesús.
    Os Amo.

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  5. José Manuel22/2/11 23:38

    Me parece muy necesario el ideal de unión, como dice el jesuita Monserrat, una nueva religión (religare)un principio común unificador como un puente entre materia y espíritu que nos permita actuar considerando a todos por igual y respetándonos mutuamente, quizá una nueva educación para convivir en paz permitiría a las nuevas generaciones realizar el ideal de hermandad tan necesario para la evolución de esta especie que en vez de evolucionar tiende a involucionar hacia el abismo más oscuro e incierto. No soy pesimista, es la cruda realidad.
    Saludos de esperanza y paz.

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  6. Amig@s
    Aparentemente los jóvenes de hoy lo tienen todo, pero les falta lo principal, una buena educación, hay que predicar con el ejemplo, pero por desgracia los que predican no son precisamente el mejor modelo a seguir, son los falsos líderes de un sistema que debe terminar. Los jóvenes de hoy deben tomar la iniciativa popular para destronar a esos indeseables. He aquí el reto de la juventud, dirigir sus vidas ellos mismos y crear una nueva sociedad de valores positivos que les han sido arrebatados.

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