3/1/15

Origen del Homo Sapiens

La antropología oficial occidental, reiteradamente y por todos los medios a su disposición, divulga que el origen del ser humano se dio en África hace dos millones de años y que llegó a América pasando por el Estrecho de Bering hace unos 12.500 años. Veamos la inconsistencia de ambas afirmaciones:

Los hallazgos de Darwin consignados en “el Origen de las Especies” fueron, sin duda alguna, un aporte importante al conocimiento de la existencia de animales antes inimaginables, de sus características morfológicas, sus semejanzas y diferencias, su adaptabilidad a condiciones geográficas y climáticas diferentes; él sacó conclusiones bastante acertadas en muchos casos, en otras no, lo cual llevó a los científicos de la época a lanzar la teoría a cerca de que el ser humano desciende, por evolución, del mono. Sin embargo, pronto se notó que algo no cuadraba, que hacían falta algunas piezas en el rompecabezas, que de alguna forma tenía que haber algo intermedio entre el mono y el humano; para solucionar el problema sin resolverlo se postuló y aceptó que debía haber un “eslabón perdido”, el mismo que hasta hoy sigue en el limbo.

Gracias al avance vertiginoso de la genética, con el descubrimiento del ADN mitocondrial a finales del siglo XXI, se determinó que el Homo Sapiens no tiene relación genética con el Hombre del Neandertal, el homínido inmediatamente anterior a él y con el cual alcanzó a convivir. Con esto, la brecha entre el mono y el ser humano se tornó insoluble, máxime si tenemos en cuenta que el Homo Sapiens solo tiene 26.000 años de antigüedad. Por lo tanto, seguir sosteniendo esa teoría es un atropello a la ciencia y a la inteligencia humana, que exige una explicación diferente.

No se entiende como, de la noche a la mañana, en menos de 10.000 años, un negro africano primero se transformó en blanco europeo, luego en amarillo ojo rasgado asiático, luego en enano blanco esquimal y finalmente en aborigen indio americano. Además, no se entiende por que el ser humano debió emigrar en busca de alimento, a veces hacia tierras inhóspitas, en un momento en que eran muy pocos habitantes y los animales y las bayas eran más que suficientes para el sustento alimenticio.
En cuanto a que los nativos americanos (de toda América) llegaron de Asia, pasando por el intransitable helado estrecho de Bering, en vez de hacerlo de otra forma, a pesar de que no hay ni un solo soporte arqueológico ni antropológico, es continuar aferrados a un desprecio aberrante de la capacidad e inventiva del ser humano y al desconocimiento de la geología de la Tierra.

¿Cómo pasábamos de un continente a otro antes del final de la Era Glaciar?
Se puede observar como entre los continentes existe una serie de cadenas montañosas actualmente sumergidas parcialmente, pero que, al final de la era glaciar, cuando el nivel de los océanos estaba cientos de metros mas bajo, permitía el paso caminando de uno a otro, tanto para seres humanos como para animales. Cuando Darwin llegó a las Islas Malvinas se asombró de ver lobos salvajes de gran tamaño y se preguntó como aparecieron allí; él, obviamente, no conocía el hecho de que existe una cadena montañosa sumergida entre África y dichas islas, por donde pudieron pasar sin dificultad.
Las evidencias geológicas sobre la existencia de pasadizos entre continentes es corroborado por el hecho de que en tumbas faraónicas del antiguo Egipto se encontraron residuos de tabaco y derivados de la cocaína, que solo se puede extraer de la Coca, originaria de Sur América.

Una prueba fehaciente de ello es la existencia de islas sumergidas en el Caribe. Los científicos de la universidad alemana de Greifswald durante una expedición de seis semanas a bordo del buque de investigación Meteor han encontrado materiales que solo se dan en superficie. Las montañas submarinas presentan signos de erosión, impropias del fondo marino.

Mitología antigua y tradiciones aborígenes.

Su actual biología humana no es enteramente nacida en la tierra, habiendo recibido ayuda de otros tipos biológicos humanoides de alta vibración, procedentes de otros planetas. Esa semilla extraterrestre fue necesaria para que el ADN de ustedes respondiera al estímulo universal y para diferenciar la conciencia (el gen de la conciencia) entre bestias y humanos” (Kryon, libro II, Pág. 63).

La simbología de Isis, diosa de la mitología egipcia se relaciona directamente con los dioses llegados de Sirio, descrito por la tradición de los aborígenes dogones de Malí en África; es sorprendente el hecho de que esta tribu, desde tiempos inmemoriales, conocían la existencia del sistema estelar de Sirio, con una exactitud y profundidad aún no alcanzadas por la ciencia moderna, a pesar de la tecnología super avanzada que posee. Templos y pirámides egipcias están alineados hacia Sirio, como lo documentó el astrónomo británico Norman Lockyer. Además es de anotar que los egipcios tenían dos calendarios, uno solar de 365 días y otro sóthico (de sirio), los cuales coinciden cada 1.460 años, tiempo demasiado largo para una simple observación humana, sin contar con instrumentos tecnológicos sofisticados como los actuales.

Los Nefilim fueron para los sumerios una raza proveniente de las estrellas, los cuales influyeron genéticamente en la humanidad y en el desarrollo de las civilizaciones. Se habla de seres de muy elevada estatura, cuyos restos han sido encontrados en varias partes del mundo.
En la biblioteca de Alejandría se guardaban manuscritos sobre la “Historia del Mundo”, del sacerdote babilónico Beroso, donde se describe el primer encuentro entre hombres y seres venidos del cielo. En la mitología griega tenemos muchas alusiones a relaciones carnales directas entre dioses, diosas y humanos, lo mismo que en la mitología romana, lo cual no puede ser simple coincidencia. También se hace alusión a seres mitológicos híbridos como el Minotauro o Kyrón.
En el Rig Veda, texto sagrado hindú, se dice que unos reyes cobra celestes llegaron al planeta, se casaron con princesas Noga y fundaron Camboya. Hay indicios que parecen señalar que fuimos visitados por seres extraterrestres en el pasado, “dioses instructores” venidos de estrellas lejanas, los cuales nos transmitieron conocimientos profundos acerca del universo.

El arte religioso cristiano involucra escenas en donde queda de manifiesto la vinculación del hombre con extraños fenómenos aéreos; esto se repite en todas las culturas antiguas, desde oriente a occidente, hindúes, indios Hopi en América del Norte y los Mayas en América Central.

El premio nobel de medicina Francis Crick, descubridor de la estructura del ADN, lanzó una original teoría donde explica como seres avanzados, venidos de otros lugares del universo, han sembrado la vida en la Tierra en la noche de los tiempos y siguen velando por su conservación y evolución.

Por otro lado, Monseñor Corrado Balducci, amigo personal del papa Benedicto XVI, dice: “Los Seres del cosmos no son una invención de la mente humana ni una conjetura, y probablemente están más evolucionados que nosotros. Por lo tanto, es verosimil que la distancia entre nosotros y los seres de luz sea reducida por la presencia de seres que, teniendo comúnmente un cuerpo, pero mucho más perfecto, posean un alma que esté menos condicionada en un desarrollo evolutivo. Esto no es solo posible sino verosimil y deseable. En un futuro no muy lejano, tales seres podrían servirnos de ayuda, especialmente en nuestro camino espiritual. Estos seres, desde hace ya mucho tiempo, podrían ser nuestra protección y ayuda”.
Francisco Luis Palacio Barrera

"La Teoría de Darwin dejará de ser... porque se sabrá que el hombre bajó de los planetas".
BENJAMÍN SOLARI PARRAVICINI

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