8/8/18

La Serpiente en la Península Ibérica

En Burgos, en el capitel románico de la iglesia de Teza, se ven un par de serpientes mamando de los pechos de una mujer desnuda.

La presencia de la serpiente en la simbología antigua de la Península ibérica, la encontramos como en todo el Mediterráneo, en todas sus culturas.
Este animal no es extraño en los cultos mistéricos, se encuentra ampliamente representado en todo el panorama religioso peninsular, tanto prerromano como romano, indígena, tartésico, celta, etc., tiene un valor muy amplio, una significación muy compleja y variada, tanto en Oriente, donde la conocemos en época histórica ya desde el IV milenio en Irán y Elam, como en Egipto, donde representa el poder de los faraones y su capacidad de repeler a los enemigos, colocada en la corona real, o tomando esta forma diferentes dioses y diosas, como Renenutet, Wadjet o Isis Thermoutis.

Son numerosas las serpientes que encontramos en la Península Ibérica, representadas en cuevas prehistóricas, en petroglifos gallegos, en joyas y vasos tartésicos, e incluso en esculturas de Despeñaperros, hoy en el Museo de Jaén, en cerámicas ibéricas como las de Liria, en la llamada Ara de la Salud de Cartagena, y en aras como las de Ampurias y Sevilla. Aparece en la cerámica de Elche unida a la representación femenina llamada “Potnia Théron”. 
Esta diosa ibérica contestana, se supone que fue adorada en el Levante peninsular, siendo más tarde asimilada por una deidad púnica, tal vez Tanit.

La presencia de la serpiente, puede detectar también un tipo de divinidad masculina sanadora, un tipo de Eshmun púnico que más tarde conoceremos como el Asclepio griego o el Esculapio romano. 
Divinidad que puede estar relacionada con hallazgos en el Levante hispano, como el ara de la Salud de Cartagena, y la Cueva Negra de Fortuna en Murcia, en cuyos versos se cita a la serpiente, cuya relación es probable, dada su proximidad geográfica. Esta cueva estuvo relacionada posiblemente con el culto a una divinidad sanadora ibicenco-púnica tipo Eshmun-Esculapio.
Aparece en todas las culturas antiguas peninsulares. Se supone que su valor es positivo y apotropaico, pues es un animal del que se creía que renacía cada año, como los dioses de la vegetación, con los que a veces se la relaciona.

La serpiente encontrada en la Península Ibérica está relacionada con diferentes divinidades, aunque nunca adorada por sí misma, por lo que no se puede considerar ofiolatría. Ha sido en Oriente y en Egipto donde hemos encontrado dioses y diosas en forma de serpiente, es decir "ofiolatría".

No encontramos en época clásica ni en Grecia, ni en Roma signos de adoración a la serpiente, sino la presencia de esta como animal que a veces, representa a un dios, como en el caso de Zeus Meilichios o el Agathodaimon o Buen espíritu, pero otras veces acompaña simplemente a la divinidad, expresando unas cualidades divinas, como puede ser su relación con la salud y con el mundo subterráneo, la fertilidad, posiblemente también con el poder curativo de las aguas de los manantiales termales. Y es también profética, por su relación con el más allá está muy ligada al mundo de la magia.
Al utilizar el término "serpiente" como "la que liga" se une la magia de la palabra con la derivada de la figura y de los poderes mágicos de la serpiente, con lo que la magia es más poderosa. La serpiente se convierte así en una "cuerda viviente", un vínculo viviente como viene específicamente definido en el Atharva Veda 14,3 (India).

Transmisora de conocimiento y sabiduría, la serpiente adopta multiplicidad de representaciones artísticas, desde la mujer celta-romana que amamanta niños, la mujer o sirena que amamanta serpientes del románico, hasta la iconografía alquimista, renacentista o sacra del barroco, donde "el bautismo de leche" entroncará decididamente, con el ensalzamiento de la transmisión del Conocimiento.
En esta talla, un par de serpientes mamando de los pechos de una mujer desnuda cuya cabeza está cubierta con toca medieval, se mantiene hieráticamente erguida mientras las serpientes que se nutren de sus senos rodean su cuerpo. La mujer sitúa sus manos sobre el vientre y con su derecha señala una peculiar espiral perfectamente trazada que parece tener su núcleo en el ombligo. Dos simétricos pájaros permanecen estáticos sobre cada una de las serpientes.

En la Iglesia de Santa María La Real de Sangüesa, Navarra, se puede ver una serpiente mamando de un pecho de una mujer, y del otro, lo que parece ser una rana.

El cruce de varias simbologías asociadas durante siglos a la escena de amamantamiento nos transporta en su migración cultural, desde la Gran Madre nutriente y dadora de vida, hasta la visión tormentosa para quienes cometen o inducen al pecado mediante el uso de dichos atributos femeninos.
El intercambio de imágenes entre unas y otras culturas, conlleva a una "cultura de imágenes". Las leyendas existen en muchos países del mundo: Centroamérica, México, Argentina, Perú, Alemania, Italia, etc. etc.

Continuará...

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