9/10/16

Hijos de Javán (Elisa, Tarsis, Quitim y Dodanim)


Javán era hijo de Jafet y nieto de Noé. En los días en que los monarcas egipcios de la IV Dinastía estaban levantando sus pirámides, el Mediterráneo era ya conocido como el «Gran Círculo de los Uinivu», que algunos identifican con Javán. 

Elisa (hijo de Javán)
El número de posibles identificaciones de los descendientes de este hijo de Javán es considerable. La mayor parte de ellas son probablemente correctas. Por ejemplo, se suele aceptar que el nombre más familiar de «Hellas» es una forma corrompida de un original «Elishah», y según Rawlinson, desde alrededor de la época de la Guerra Persa, Hellas pasó a ser un nombre aplicado a los griegos como un todo.
Muchas autoridades creen que otra forma de este antiguo nombre era «Aioleis» (Gr.), esto es, los eolios. Este punto denvista lo mantenía también Josefo.
El Talmud de Jerusalén, los midras y los targumes dan para Elisa la forma «Elis» o «Eolis»,naunque eruditos como Skinner y Driver consideran quencarece de base. Las tabletas de Tell el-Amarna incluyen diversos pueblos de Alasia. El Eilesion de la Ilíada (II, I, 617) esnindudablemente otra referencia a considerar. Es casi seguro que el nombre vuelve a aparecer en las tabletas de Ugarit, en las que hay una referencia cananea a los chipriotas bajo el título de «Alasiyans».
En Ezequiel 27:7 se menciona que llegaban tejidos de púrpura desde las «islas» (o costas) de Elisa. El crustáceo del que se obtenía el tinte de la púrpura en la antigüedad abundaban en las costas del Peloponeso, lo que confirma la región general en la que se asentó este nieto de Jafet.
Es desconcertante encontrar a un pueblo ampliamente designado como los griegos remontado al pasado y, designa sin distinción tanto como el pueblo de Hellas y como Jonios. Esto es sin embargo análogo a referirse a los ingleses como descendientes de los normandos, pictos, escoceses o celtas, etc. El hecho es que en ambos casos unas pocas familias han dado origen a grandes clanes o tribus, que, en las idas y vueltas de migraciones y conquistas, se unieron en diversas mezclas, de modo que un historiador con una preferencia puede resaltar una línea originaria, mientras que otro historiador resalta otra. Y ambos están en lo cierto.

Tarsis (hijo de Javán)
No es mucho lo que se puede decir de cierto acerca de la identidad de Tarsis, otro hijo de Javán. Hay declaraciones en otros pasajes de las Escrituras que llevan a una cierta confusión.
Por ejemplo, era la opinión de Sayce (como de un número de otros eruditos) que Tartessos, en España, fue probablemente uno de los asentamientos iniciales de Tarsis. Sin embargo, el Antiguo Testamento habla de marfil, simios y faisanes traídos por las naves de Tarsis (2 Crónicas 9:21). Estos animales no son de esperar como procedentes de España. Pero Sayce argumenta que lo que se implica es sencillamente que los mercaderes de Tartessos, o Tarsis, comerciaban con estos artículos, que quizá recogían en algunas partes de la costa africana y vendían en otros lugares del Medio Oriente.
La Septuaginta traduce Tarsis en Isaías 23:1 como Karkedonos (karchedonos), que era la forma griega para el nombre de Cartago en África del Norte.
Aunque los fenicios parecen haber tenido muchas relaciones comerciales con Tartessos, el puerto original mismo no pudo haber sido fundado por ellos, según Génesis 10 (donde aparece con claridad que Tarsis está en la línea de Jafet), porque en el Antiguo Testamento los fenicios y cananeos son descritos como descendientes de Cam. Los cartagineses, como colonos fenicios, mantenían incluso en tiempos de Agustín que ellos eran cananeos.
Por otra parte, los fenicios establecieron también muchas colonias en España. Aquí tenemos una de las dificultades, porque ciertas referencias bíblicas a Tarsis (2 Crónicas 9:21 y 20:36) han llevado a algunos eruditos a suponer que tiene que haber habido otra Tarsis en el Océano Índico, a la que se podría llegar a través del Mar Rojo. Aunque esta idea es en la actualidad rechazada de manera general, resalta el hecho de que la identificación con Tartessos en España no es totalmente satisfactoria. Es decir, el asentamiento español no aparenta de entrada haber sido jafético, ni los productos que se dice que procedían de allí parecen los propios del lugar.
Sin embargo, Kalisch creía que había suficiente evidencia para justificar la identificación de Tarsis como el pueblo original que se asentó en toda la península ibérica, «hasta donde era nconocida por los hebreos, igual que Javán se usaba para designar a todos los griegos».
Los fenicios llegaron más tarde. Cook creía que una pequeña tribu de javanitas se instaló en la desembocadura del río Guadalquivir en España, iniciando con ello la colonia de Tarsis. Bochart dice que tanto Cádiz como Carteia, que estaba en la Bahía de Gibraltar, fueron llamadas Tartessos en los tiempos antiguos; también piensa que Cádiz fue edificada por Tarsis, nieto de Jafet, inmediatamente después de la dispersión, y Carteia mucho tiempo después, por los fenicios.
Él hace referencia a que, según Herodoto, cuando los fenicios llegaron por primera vez, Tartessos ya existía, y que el rey del país se llamaba Argantonio.
En resumen, es posible que Tarsis, nieto de Jafet, se estableciese en España y que estableciera una capital y un reino que más adelante llegase a ser un centro de intercambio comercial muy empleado por los fenicios, que hacían escala allí mientras se dirigían a puertos del Mediterráneo oriental, llevando mercancías recogidas durante sus singladuras. Estas mercancías pueden haber procedido en parte de España y en parte de África. No es en absoluto imposible que algunas mercancías procediesen de la India por vía del Cuerno de África, porque hay abundante evidencia de que los fenicios eran grandes navegantes.

Quitim (hijo de Javán)
No puede haber muchas dudas de que por Quitim, o Kittim, como se escribe a veces, los hebreos entendían a los habitantes de Chipre. Josefo observó que los griegos llamaban la isla Kitión, y que sus habitantes eran conocidos como los kitieis, o kitienos. Con el paso del tiempo el nombre llegó a tener un sentido más amplio, extendiéndose de Chipre a las demás islas del Egeo, y de allí a la península griega e incluso a Italia. Por ejemplo, en 1 Macabeos 1:1 se menciona a Alejandro Magno como procedente de la tierra de Kittim, y en 1 Macabeos 8:5 se hace referencia a Perseo como el rey de Kittim.
En Macabeos 11:30 tanto la Vulgata como la Septuaginta traducen Quitim como romanos. Aunque no he visto en ninguna parte ninguna referencia a la posibilidad, me parece que la tierra de Quitim podría encontrarse en la forma Ma-Chetim. Ma, como ya hemos observado, es un prefijo para «lugar». Si es así, puede que tengamos la forma original del término más conocido de «Macedonia», la tierra natal de Alejandro Magno.
No hay mucha sustancia en estas observaciones, pero en un sentido general confirman la impresión que se recibe de esta sección de Génesis 10 de que los jafetitas hicieron su hogar alrededor de las costas del Mediterráneo y en sus islas, así como hacia el norte y a través de Europa.

Dodanim (hijo de Javán)
No es mucho lo que se puede decir acerca de este nombre, excepto que parece reaparecer en las Escrituras con la D inicial sustituida por una R (cp. 1 Crónicas 1:7). Si la forma preferida es Rodanim, parece entonces que la isla de Rodas formó un vínculo en una serie de asentamientos de los descendientes de Javán.
El río Rhodonus, esto es, el Ródano, puede haber recibido su nombre de una rama de esta familia establecida en su desembocadura. En Epiro se encuentra la ciudad de Dodona y el condado de Doris. Bochart sugirió que el primer asentamiento de los Dodanim estuvo en el sudoeste de Asia Menor, en la parte del país que los griegos llaman Doris. Es posible también que una forma más corrompida del nombre sea los Dardan, que aparece en las inscripciones de Ramsés II, designando a un pueblo de Asia Menor no alejado de Licia, y que posiblemente esté en la raíz del término «Dardanelos». En el actual estado de conocimientos sobre la antigüedad, poco más se puede decir de los descendientes de Dodanim.

Extracto: El Origen de las Naciones. Arthur C. Custance.

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