21/4/18

El Faraón Serpiente

Estela de Dyet (Museo del Louvre)

Dyet o Uadye "serpiente", fue el cuarto faraón de la primera dinastía de Egipto (2.927-2.914 a.C.). Manetón le denomina Uenefes y le atribuye 23 años de reinado. Según la versión armenia de Eusebio reinó 42 años. Su reinado estaba incluido en la parte dañada y perdida de la Piedra de Palermo.
En tiempos de Dyet vivía Merytneit, según su tumba en Abidos. Posiblemente Merytneit era la esposa del faraón Dyer y la madre de Dyet y Den. Ella sería regente en el primer período del reinado de Den.

Por el testimonio de los antiguos, corroborado por los descubrimientos modernos, sabemos que en Egipto y Caldea hubo numerosas catacumbas o criptas, entre las cuales gozaban de mayor fama las de Tebas y Menfis. Las de Tebas se abrían en la margen occidental del Nilo, dilatándose hacia el desierto de Libia y se las llamaba catacumbas de la Sierpe. Allí tenían efecto los Misterios del kúklos ànágkes (ciclo ineludible o ciclo de necesidad), esto es, la inexorable sentencia de toda alma después de haber sido juzgada, al morir el cuerpo, en la región del Amenti.

Los hierofantes egipcios y babilonios se llamaban “hijos de la divina Sierpe” o “hijos del Dragón”, no porque, como apunta erróneamente Des Mousseaux, fuesen la progenie del incubo Satán o serpiente del Paraíso, sino porque la serpiente simboliza en los misterios la Sabiduría y la Inmortalidad.
Dice Movers que los sacerdotes asirios tomaban siempre el nombre de su dios. Los druidas celto-británicos se daban también el nombre de serpientes y exclamaban: “Soy una serpiente, soy un druida”.

El Karnak egipcio es gemelo del Karnak celta y este último significa la montaña de la serpiente. En tiempos antiguos abundaron en todo el mundo conocido los Templos de Dragón, símbolo del sol, idéntico al Elón o Elión fenicio que Abraham llamó El Elión (Génesis).
Además de “serpientes” se les dieron a los sacerdotes los nombres de “constructores” y “arquitectos” porque sus templos y monumentos eran de tan abrumadora magnificencia que, como dice Taliesin, sus desmoronados restos desafían el cálculo matemático de los arquitectos modernos.
Dice Bourbourg que los caudillos aztecas que llevaban los nombres de Votán o de Quetzocohuatl eran descendientes de Cam y Canaán y se titulaban “hivimes”, pues decían “Soy hivim y pertenezco a la excelsa raza del Dragón. Soy serpiente porque soy hivim”.

Respecto a la filiación de los hevitas, conforme transcurra el tiempo, habrá más pruebas de que algunos indígenas de la América Central descienden de los fenicios y de los israelitas que profesaron la heliolatría tan ardorosamente como los mejicanos.
La Biblia nos proporciona una prueba de ello en que tres de los hijos de Jacob (Judá, Leví y Dan), contrajeron matrimonio con mujeres cananeas, cuya religión aceptaron. Además, el patriarca Jacob en su lecho de muerte bendice a sus hijos y al llegar a Dan exclama: “sea Dan serpiente en el camino, que muerde las pezuñas del caballo para que caiga atrás su jinete.”

De Simeón y de Leví dice el patriarca: “Simeón y Leví hermanos, instrumentos guerreadores de iniquidad. No entre mi alma en el secreto de ellos”. Aunque el texto original dice “sod” en vez de secreto; y sod era en los misterios mayores, el nombre común de los dioses solares como Baal y Adonis, que tenían la serpiente por símbolo.
Los cabalistas explican la alegoría de las serpientes de fuego, diciendo que este nombre era común a todos los levitas y que Moisés fue el jefe de los sodales. Dice Freund que los sacerdotes colegiados se llamaban sodales. Y Cicerón, que los sodalidades eran colegios sacerdotales que se constituyeron en los Misterios de la Potente Madre.

Continuará...

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