17/9/20

Ofiolatría Anasazi


La zona conocida como Four Corners (las Cuatro Esquinas), donde convergen Arizona, Colorado, Utah y Nuevo México, fue el lugar donde habitaron los Anasazi durante más de cien años.

Toda la meseta está repleta de escarpados cañones inhóspitos, bien disimulados entre las rocas. Los dos ríos más importantes que recorren estas tierras son el río Grande y el Colorado. Hoy en día, la mayor parte de esta región está cubierta de bosques de pinos piñoneros y enebros. Pero hace novecientos años estaba lleno de campos de maíz, calabazas y judías. Los arqueólogos creían que con los cultivos de esta zona, los anasazi abastecían a cuarenta mil o cincuenta mil personas.
Los historiadores reagrupan con la designación anasazi (los antiguos) a distintas culturas similares que residieron en la misma zona: los hohokam, los mogollón y los patayan, desaparecidos todos antes del siglo XVI.

Los anasazi no dejaron ningún documento escrito. Sin embargo, los indios navajos, que hoy en día habitan en las Cuatro Esquinas, siempre han estado alejados del Cañón Chaco. Si se les pregunta por qué, afirman: “Allí sucedió algo malo”.

Nadie sabe a ciencia cierta cuál era la religión de los chacos, pero muchos arqueólogos creen que tenían un lado oscuro y misterioso y que esto podría explicar los actos de canibalismo y también el hecho de que la gente anduviese más de ochenta kilómetros sólo para ir al poderoso centro ceremonial.
El arte rupestre es un legado que no deja lugar a dudas sobre la Ofiolatría de “los antiguos”, las serpientes abundan en los petroglifos que dejaron los anasazi.

Los indios norteamericanos se niegan rotundamente a que se identifique a sus antepasados como caníbales. Pero muchos arqueólogos han encontrado pruebas concluyentes en los asentamientos anasazi. Citan como tales las pequeñas zonas de brillo que se forman cuando un hueso es cocinado en una olla de barro y marcas de cortes y abrasiones en los restos humanos que son idénticas a las que tienen los animales que han sido consumidos. Y el asentamiento de Archie Hansen está lleno de estos indicios.

Los toltecas o los aztecas practicaban rituales sangrientos en los que se sacrificaba a humanos, tal vez esto podría explicar por que el canibalismo apareció en la historia de los anasazi. Pero no es más que una de las teorías que se siguen barajando.

Los anasazi dejaron huesos sospechosos de canibalismo en unos cincuenta asentamientos arqueológicos. Pero lo realmente curioso es que casi todas las fechas de las pruebas son de ese mismo período, que comprende desde 900 d.C. hasta alrededor del año 1150. Estas fechas corresponden exactamente al período en el que la civilización anasazi estaba encabezada por un lugar llamado Cañón Chaco, una ciudad tan misteriosa como grandiosa en medio de la nada; la ciudad más extraña que los anasazi construyeron, ahora convertida en unas desoladas ruinas en el desierto de Nuevo México.

El Wendigo es parte del sistema tradicional de creencias de varias de las tribus algonquinas del noreste de Estados Unidos y Canadá, sobre todo los ojibwa y los saulteaux, los cree, los naskapi y los innu. Aunque las descripciones de esta criatura varían, es común que todas estas culturas describan a los wendigos como seres sobrenaturales malévolos, caníbales y poseedores de un gran poder espiritual (manitu).

Están fuertemente asociados con el invierno, el norte, el frío, la hambruna y la inanición. Se le relaciona con el canibalismo, tema considerado tabú entre los pueblos amerindios de esta parte de América del Norte.

13/9/20

Ofiolatría Mexica (V)

                                  El Monte Tláloc

En la versión de Cristóbal del Castillo, escrita al final del siglo XVI, se menciona que las aguas que rodeaban Aztlán tenían como nombre Metztliapan (lago de la Luna), concordando con lo referido por Domingo Francisco Chimalpáhín en sus Memoriales, ambos coinciden en situar este sitio en las últimas tierras de Xalisco, actual Nayarit, en la isla llamada Mexcaltitlan (Mexi "mexitin", calli "casa", tlan "locativo" "tierra hogar de los mexitin" ).
Cabe recordar que esta isla estaba sujeta al señorío de Aztatlan, las tiranías de uno de estos tlahtoques aztecas es lo que obliga a los mexitin a salir de su territorio, dirigidos por Chalchiuhtlatonac, quien moriría en Huey Colhuacan, uniéndose a Tetzauhteotl yaotequihua en la figura de Huitzilopochtli.

En la isla de Mexcaltitlan también se han encontrado petrograbados con garzas, y uno exhibido en el Museo del Origen, situado en la isla, muestra una garza montada sobre una Serpiente.
La palabra aztecatl, deriva de la palabra aztateca, que significa procedente de Aztatlán. El significado de la palabra es "lugar de la blancura" o "lugar de las garzas" (del náhuatl aztlatl (garza) y tlan (lugar).

Tláloc, en el Códice Borgia, representando el diluvio según la Cosmogonía previo al Quinto Sol.

Tláloc (en náhuatl clásico: Tlālōc;ˈtlaːloːk) es una deidad mesoamericana del agua celeste. El nombre Tláloc deriva de tlālli (tierra) y octli (néctar), el néctar de la tierra. Los mexicas lo tenían como el responsable de la estación lluviosa y hacían ceremonias para honrarlo en el primer mes del año (ātl cāhualo).
Tláloc fue una de las divinidades más antiguas y veneradas de toda Mesoamérica. Su culto se extendió por gran parte del territorio centroamericano. Fue tomado por los nómadas aztecas (así se llamaban los mexicas cuando apenas acababan de salir de Aztlán) que se instalaron en el lago Texcoco, asimilándolo como divinidad agrícola. Siguió siendo uno de los dioses fundamentales de las distintas comunidades agrícolas autóctonas; originario de la cultura de Teotihuacan, dada la caída de la ciudad pasó a Tula, y de ahí su culto se esparció entre los pueblos nahuas (Nagas). Los teotihuacanos tuvieron contacto con los mayas, de ahí que ellos lo adoptaran o lo identificaran en la forma del Dios Chaac. En la cosmología tlaxcalteca, Tláloc se casó primero con Xochiquétzal, Diosa de la belleza, pero Tezcatlipoca la secuestró. Tláloc se casó otra vez con Matlalcueye, y tiene una hija o hermana mayor que es llamada Huixtocíhuatl

Como las divinidades mesoamericanas en general, Tláloc posee una ambigüedad, en cuanto a que es una Fuerza Suprema en y de la naturaleza (la naturaleza y el cosmos no representan en los términos humanos bondad o maldad, sino más bien un entramado de fuerzas, a veces en equilibrio, a veces en pugna; en ocasiones benéficas para los humanos, otras tantas desastrosas); lo cual implica que, si bien es Dador de Vida, Providencia y Benefactor, también muestra su faceta destructiva y aniquiladora. Así desciende desde el cielo para fecundar la Tierra y poder cultivar la milpa, para germinar las semillas.
También envía los relámpagos y rayos, las tempestades del agua y los peligros de los ríos y del mar; dicho en palabras del fraile de Sahagún. Dominaba también las fuerzas destructoras y si así era su voluntad podía enviar granizos, inundaciones, sequías, heladas y rayos fulgurantes o fulminantes.
Estaba encargado de enviar el agua a la comunidad a través de sus ayudantes, los tlaloques; Tláloc mismo multiplicado y diversificado, manifestado a los humanos como "seres enanos y antropomórficos", como refiere Juan Carlos Pérez Guerrero, que desde el interior de los cerros enviaban las cuatro clases de lluvias. Ellos también recibían súplicas y en su honor se realizaban ceremonias y rituales.
Alain Musset asevera que, en vez de enanos, son la representación de las montañas que rodean el Valle de México y sobre las cuales parecen formarse las nubes que anuncian la lluvia. Su papel consistía en favorecer la venida de las aguas celestes pero también protegían a los pescadores y los navegantes.

Tláloc fue uno de los más importantes en el altiplano de México, uno de los más representados y quizás también uno de los de mayor antigüedad del panteón de Mesoamérica. Aparece representado desde la época teotihuacana. Se le manifestaba siempre con unos atributos característicos:
    -Anteojeras formadas por unas serpientes que se entrelazaban y cuyos colmillos acababan siendo las fauces del dios.
    -Una especie de bigotera que no era otra cosa que su labio superior. Se cree que este gran labio era el símbolo de la entrada en la cueva que comunica con el inframundo y que deriva de la boca de las figuras olmecas.
    -La cara estaba casi siempre pintada de color negro o azul verde, para imitar los visos que hace el agua.
    -Llevaba en la mano una especie de estandarte de oro, largo y con forma de culebra, terminado en punta aguda; era para representar los relámpagos y los truenos que acompañan a veces al agua de lluvia.
    -En los dibujos de los códices puede verse que sus vestidos tienen pintados unas manchas que son el símbolo de las gotas de agua.
Tláloc está compuesto en sus representaciones por los tlaloques o dioses de los 4 rumbos. Cada uno de ellos manejaba y era el responsable de una vasija colocada en un rumbo. Cada vasija proporcionaba una lluvia diferente.
La residencia de Tláloc era múltiple debido a la posibilidad de división de la sustancia que lo conformaba. Su morada se encontraba tanto en el Templo Mayor de Tenochtitlan, como en el Tlálocan, en el interior del cerro que lleva su nombre, el cual pertenece a la cadena montañosa Tlálocan, que separa el Valle de México del de Huexotzinco.

La libertad y poder absoluto que posee la Divinidad le permite tomar cualquier forma, así como estar presente en cualquier parte, viendo la "Morada divina" como una extensión de la misma divinidad.

Una representación temprana del dios de la lluvia se encuentra en Estados Unidos, en los murales que pintó José Clemente Orozco entre 1932 y 1934, se ve al hombre-dios entre las deidades principales Xipe-Tótec, Tezcatlipoca, Tláloc, con cuerpo humano y dos serpientes que forman su máscara.
Continuará...

31/8/20

Ofiolatría Mexica (IV)

La mujer serpiente Cihuacóatl

Lejos de los razonamientos científicos que las personas de hoy exigimos ante cualquier planteamiento, las leyendas son ventanas que nos explican hechos o sucesos de forma fantástica.

Las leyendas prehispánicas se conservaron gracias a la tradición oral, luego se plasmaron en códices y más tarde en libros con la llegada de los españoles. La más famosa es aquella que se refiere a la mujer serpiente Cihuacóatl o La Llorona.

Cihuacóatl fue una mujer que perdió a su esposo en una batalla, aunque existen algunas otras versiones. Pero en general se dice que la Llorona enloqueció y de dolor mató a sus hijos en el lago. Aunque pensaba suicidarse, los pobladores la detuvieron para juzgarla, torturarla y sacrificarla por su crimen.

Cuando llegó al Mictlan, el infierno, los dioses la condenaron para que permaneciera como un ente, entre la vida y la muerte, su castigo fue estar penando y lamentándose indefinidamente por haber matado a sus hijos.
Siempre se aparece en el mismo sitio donde había realizado su crimen. En este lugar aterrorizaba a los pobladores, los hacía naufragar y después los mataba. Otras versiones dicen que cada noche salía para lamentarse, llorando y dando gritos: “¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos!” o “Hijitos míos ¿A dónde os llevaré?”.

El cronista Sahagún dice que este ser llevaba una cuna y la dejaba en el mercado, la cuna estaba vacía salvo por un cuchillo de pedernal, como los que se usaban para los sacrificios. Irónicamente las madres cuyos hijos eran sacrificados para calmar a la Cihuacóatl iban gritando por las calles “¡Ay mis hijos! ¡Dónde están mis hijos!”. Cuando el lago se secó la mujer vestida de blanco siguió apareciéndose con su espeluznante lamento.

Fray Bernardidno de Sahagún, en el primer sueño de la noche junto a los mexicas, escuchó un ruido de alguien cortando madera que lo llamaban Youaltepuztli. Al dirigirse al lugar de donde provenían los sonidos se daban cuenta que no había nadie talando así que los pobladores le presentaban ofrendas al ente, con tal de superar su miedo inicial y perseguir a esta forma de bulto hasta alcanzarla y agarrarla. Después debían esperar a otro ente que tenía forma de hombre sin cabeza, que tenía el pescuezo cortado como un tronco y el pecho abierto, en ambos lados había puertas que se abrían y se cerraban en el centro donde reposaba el corazón. Y si todavía el captor tenía ánimos para contemplar esta visión debía arrancarle el corazón y negociar con el fantasma algún favor, petición o riqueza.

En el Escudo Mexicano la serpiente es devorada por el Águila.

26/8/20

Ofiolatría Mexica (III)



El sacrificio humano fue popular entre muchas culturas sudamericanas. Creyeron que los dioses se sacrificaban para que la humanidad pudiera vivir.

Pero no todas las culturas sacrificaron humanos, el sacrificio de animales fue común. Por ejemplo, el culto de Quetzalcoatl requirió el sacrificio de mariposas y colibríes. El auto-sacrificio fue también común; las personas ofrecerían espinas de maguey, manchadas con su propia sangre, y los reyes mayas ofrecerían su propia sangre. Sin embargo, los sacrificios humanos fueron el tipo más extremo de ofrenda a los Dioses. Fueron los aztecas quienes lo practicaron a una escala mayor y más frecuentemente.

El propósito del sacrificio humano para los aztecas fue el de complacer a los Dioses, era una parte mayor en el ritual de su religión para las dieciocho fiestas que tuvieron durante el año. Los sacrificios se hacían en cada una de estas fiestas y ocurría una vez por mes.
Estas fiestas eran dedicadas a los cuatro Dioses relacionados a su religión.
-Huitzilopochtli, el Dios central fue considerado como el Dios más sabio y representó al genio de los aztecas, asociado con la guerra y el sol.
-Tezcatlipoca, se consideró generalmente como el Dios más poderoso, fue el Dios de la noche, de la brujería y del destino. Los aztecas creyeron que él creaba la guerra con el propósito de proporcionar alimento y bebida para los Dioses. Para los aztecas, representó el poder místico y completo.
-Huehueteotl fue la deidad mayor y también el Dios del fuego. Los aztecas creyeron que si ellos no acallaban a Huehueteotl, un fuego destruiría su aldea.
-Tlaloc fue el Dios de la lluvia. Los aztecas creían que si los sacrificios no se hacían a Tlaloc, la lluvia no vendría y sus cosechas no crecerían.

La ceremonia del sacrificio humano era compleja y era la última parte en el proceso de la ofrenda. El humano escogido era generalmente un guerrero raptado. Dependiendo de lo que el Dios azteca ofrecía, el número de sacrificios variaba y los sacrificios serían diferentes, pero la práctica era generalmente la misma.
La víctima sería colocada en un trozo de piedra en el templo de Tenochtitlán. Entonces el sacerdote cortaría ceremoniosamente por el abdomen con un puñal de obsidiana. El corazón se quitaría y sería ofrecido al cielo, en honor al Dios.
Después, el cuerpo se llevaría o incineraría o sería dado al guerrero responsable de la captura de las víctimas, él cortaría el cuerpo en pedazos muy pequeños y los mandaría a las personas importantes como una ofrenda, o utilizaría los pedazos para el canibalismo ritual.

Una parte importante en el sacrificio humano era el papel del Sol. Los aztecas sabían que el sol era muy necesario y le dieron un papel mayor en la práctica del sacrificio humano. Durante el sacrificio, tan pronto como el corazón era sacado de la víctima, éste sería levantado al sol, en honor a la mayoría de los dioses respetados.
Las creencias religiosas estuvieron basadas en el gran temor de que el universo dejaría de funcionar después de un ciclo de cincuenta y dos años si los Dioses no eran suficientemente fuertes.
Cada cincuenta y dos años, una nueva ceremonia especial de fuego era realizada. Todos los fuegos eran extinguidos, y en mitad de la noche, un sacrificio era hecho. Ellos entonces esperaban el alba. Si el sol aparecía, significaba que los sacrificios para este ciclo habían sido suficientes para complacer a los Dioses.

También, algunos relatos dicen que las aztecas tuvieron que realizar un sacrificio diario solo para que el sol apareciera al día siguiente. Con esto, los aztecas a menudo creyeron que ellos eran "las personas del sol". Es evidente que el sol era muy importante en la cultura azteca. Representó el poder y la fuerza de los Dioses. Creyeron que el orden en la tierra podía continuar si ellos honoraban a sus Dioses.


En la América precolombina se desarrollaron cientos de culturas y decenas de civilizaciones originales a lo largo de todo el continente. Las consideradas altas culturas precolombinas surgieron en Mesoamérica y los Andes. De norte a sur podemos nombrar las culturas Anasazi, Misisipiana, Mexica, Tolteca, Teotihuacana, Zapoteca, Olmeca, Maya, Muisca, Cañaris, Moche, Nazca, Chimú, Inca y Tiahuanaco entre otras.


La región andina cuenta hoy en día con un riquísimo legado material patentado en las culturas de ámbito regional, como Moche o Nazca, y algunas de mayor alcance como Tiahuanaco o Huari. Todas ellas elaboraron complejos sistemas de organización política y social y son notables por sus tradiciones artísticas y sus religiones.

25/8/20

Ofiolatría Mexica (II)


Después de las devastaciones de los Cuatro Soles, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca son reconocidos por la recreación de la tierra y el cielo como aliados.

De acuerdo con el mito azteca de la creación, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca crean el cielo y la tierra al desmembrar al monstruo Tlaltecuhtli, el señor de la Tierra. Se dice que Tlaltecuhtli se combinó con otro monstruo, el gran cocodrilo que con su espalda de cocodrilo dio forma a las montañas del mundo.

Una de las versiones de este mito nos dice que Quetzalcóatl y Tezcatlipoca descendieron del cielo para observar a Tlaltecuhtli. Al hacerlo, vieron cómo el deseo de Tlaltecuhtli por la carne fresca era tan grande que Tlaltecuhtli no solo tenía una mandíbula llena de dientes afilados, sino que también tenía dentaduras rechonchas en los hombros y las rodillas.
Después de ver esto, los dioses estuvieron de acuerdo en que la creación no podría completarse mientras el monstruo estaba vivo. Decidieron destruir a Tlaltecuhtli.

Para crear la Tierra, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca se convirtieron en serpientes gigantes. Uno de ellos tomó la mano izquierda y el pie derecho de Tlaltecuhtli, mientras que el otro tiró a Tlaltecuhtli por la mano derecha y el pie izquierdo, y entre los dos descuartizaron al monstruo. La parte superior del monstruo creó la tierra, mientras que la parte inferior fue el cielo.

Sin embargo, la destrucción de Tlaltecuhtli enfadaba a los otros dioses, por lo que decidieron que para consolar a la tierra crecerían todas las plantas que el hombre necesitaría para vivir. De su cabello crecían árboles, flores y hierbas, y de su piel pasto y pequeñas flores; sus ojos serían la fuente de las corrientes, lagunas y pequeñas cuevas; su boca los grandes ríos y cavernas mientras que su nariz sería la cresta de las montañas y valles.
La leyenda dice que se podía escuchar el llanto del monstruo por la noche, sediento de sangre y de los corazones de las personas. Se dice que sus necesidades se calmaron con sacrificios y ofrendas de carne y sangre, y lo hicieron benévolo con la gente, dando los frutos necesarios para que la vida humana continúe.

Continuará...

23/8/20

Ofiolatría Mexica (I)


El templo de Vitziliputzli fue construido por grandes piedras y se llamó “el circuito de serpientes” porque las paredes del recinto estaban cubiertas con las figuras de serpientes.

El dios Vitziliputzli, también llamado Huitzilopochtli, dios de la guerra, sostenía en su mano derecha una vara cortada en forma de serpiente; y las cuatro esquinas del arca, en la que estaba sentado, terminaron cada una con la representación tallada de la cabeza de una serpiente.
Los indígenas trataron a los prisioneros de guerra españoles siguiendo sus costumbres. Los españoles cautivos durante las batallas desempafiaron un papel importante para los mexicas, por eso fueron sacrificados a los dioses. En las luchas por la conquista definitiva de la capital mexica, la magnífica ciudad Tenochtitlan, los conquistadores fueron testigos a distancia de tales ceremonias, en las que algunos de sus combatientes dejaron la vida sobre la piedra de los sacrificios.

Para los cronistas, los que relataron y escribieron acerca del modo de vivir y la cultura de los antiguos mexicanos, el dios Huitzilopochtli se transformó en el prototipo de la violencia terrible que solicitaba víctimas humanas. Esta caracterización diabólica del dios guerrero provocó que utilizaran su nombre aisladamente de los contextos sociales para denominar lo inexplicablemente cruel. Este nombre, "Huitzilopochtli", se convirtió en el diablo que pierde a los hombres, solamente por el papel especial del numen dentro del panteón mexica, ignorando la semántica de los componentes del nombre indígena: colibrí (huitzilin) del lado izquierdo (opochtli), es decir, del sur.

Otras civilizaciones, como los Mayas, también realizaban el sacrificio humano, pero fueron los aztecas quienes lo practicaron a una escala mayor y más frecuente. El propósito del sacrificio humano para los aztecas fue el de complacer a los Dioses.
El sacrificio humano fue una parte mayor en el ritual de su religión, para las dieciocho fiestas que tuvieron durante el año. Los sacrificios se hacían en cada una de estas fiestas y ocurría cerca de una vez por mes. Estas fiestas eran dedicadas a los cuatro Dioses. Huitzilopochtli, el Dios central en la cultura azteca, fue considerado como el Dios más sabio y representó al genio de los aztecas, asociado con la guerra y el sol.

El siglo mexicano estuvo representado por un círculo, con el sol en el centro, rodeado por los símbolos de los años. La circunferencia era una serpiente torcida en cuatro nudos en los puntos cardinales.
El mes mexicano se dividió en veinte días, la serpiente y el dragón simbolizaron dos de ellos. En México también había un templo dedicado a el dios del aire, y la puerta se formó para parecerse a la boca de una serpiente.
La serpiente de cascabel era un objeto de veneración y adoración, las representaciones de este reptil y otras de sus especies, se encuentran muy a menudo entre los restos de su antigua idolatría .

Bullock llevó a Inglaterra este elenco de este ídolo, que corrobora plenamente las afirmaciones reiteradas de los españoles que primero llegaron a México, de que la gente de ese país adoraba un ídolo en forma de serpiente.

Bernal Diaz del Castillo, quien acompañó a Cortés, fue presentado por Moctezuma en el interior del templo principal, cuya descripción se da de la siguiente manera: "Cuando habíamos ascendido a la cima del templo, observamos en la plataforma, a medida que pasábamos, las grandes piedras sobre las que se colocaban las víctimas que debían ser sacrificadas. Aquí había una gran figura que representaba un Dragón y mucha sangre derramada ... Cortés se dirigió a Moctezuma y le pidió que le hiciera el favor de mostrarnos sus dioses. Los sacerdotes nos condujeron a una torre donde había una especie de salón. Aquí había dos altares, muy adornados con vigas ricas en el techo, y sobre los altares, figuras gigantescas, que representan hombres gordos. Huitzilopochtli, su dios de la guerra, con una gran cara y ojos terribles. Esta figura estaba completamente cubierta de oro y joyas, y su cuerpo atado con serpientes de oro. Antes del ídolo había una cacerola de incienso, con tres corazones de víctimas humanas, que ardían y se mezclaban con el copal. A la izquierda estaba la otra gran figura, con una cara como un oso. Él era el dios de las regiones infernales, su cuerpo estaba cubierto de figuras que representaban demonios con colas de serpientes. En este lugar tenían un tambor del tamaño más enorme, cuya cabeza estaba hecha de las pieles de grandes serpientes. A poca distancia de este templo se alzaba una torre, en la puerta había ídolos espantosos como serpientes y demonios, y ante ellos había mesas y cuchillos para el sacrificio".

Bullock nos dice, que de la gran serpiente antes mencionada, las más pequeñas fueron modeladas en piedra, y probablemente guardadas por los mexicanos como Penates. Tales copias en miniatura de sus dioses fueron tomadas con frecuencia en Egipto, y la costumbre prevalece en otros lugares, los birmanos lo siguen universalmente.

El Sr. Bullock también trajo de México un molde de un ídolo, al que llama "la diosa de la guerra", y así lo describe:
"Este ídolo monstruoso es, con su pedestal, de doce pies de alto y cuatro pies de ancho... Su forma es en parte humana, y el resto está compuesto de serpientes de cascabel y el tigre. La cabeza, enormemente, de par en par, parece que de dos serpientes de cascabel unidas; los colmillos que colgaban de la boca, en los que los corazones todavía palpitantes de las desafortunadas víctimas se frotaban como un acto de la oblación más aceptable. El cuerpo es el de un cuerpo humano deformado, y el lugar de los brazos suministrados por las cabezas de serpientes de cascabel, colocados en plintos cuadrados y unidos por adornos con flecos. Alrededor de la cintura hay una faja, que originalmente estaba cubierta de oro; y debajo de esto, llegando casi hasta el suelo, y cubriendo en parte sus pies deformes, una cortina completamente compuesta de serpientes de cascabel enrolladas , que los nativos llaman “una vestimenta de serpientes”. Entre los pies, descendiendo del cuerpo, otra corona. La serpiente descansa su cabeza en el suelo".

Los mexicanos sacrificaron víctimas humanas al dios Virachoca; y que la cabeza de la infeliz criatura a punto de ser sacrificada fue retenida en un collar de madera forjado en forma de serpiente, de todas las obras que pueden consultarse sobre este tema, la de M. Aglio, sobre "Antigüedades mexicanas", merece la pena ser notada. Contiene facsímiles de casi todas las pinturas de Aztecas conocidas en Europa, junto con representaciones litográficas de esculturas y otros monumentos de estas gentes. Estas pinturas y esculturas abundan en evidencias de la Ofiolatría mexicana, y demuestran que apenas existía una deidad mexicana que no estuviera simbolizada por una serpiente o un dragón.

Muchas deidades aparecen sosteniendo serpientes en sus manos; y pequeñas figuras de sacerdotes están representadas con una serpiente sobre cada cabeza. Esto nos recuerda a los sacerdotes de la Isis egipcia, que se describen en la escultura, con el sagrado Asp en la cabeza y un cono en la mano izquierda. Y para confirmar la conexión mutua original de todos los adoradores de serpientes en todo el mundo, las pinturas mexicanas, así como los jeroglíficos egipcios y persas, describen el hierograma Ofita de los entrelazados.

Los dioses de México son fotografiados peleando con serpientes y dragones; y los dioses, y algunas veces los hombres, están representados en una conversación con las mismas criaturas. percibimos que en México, la serpiente era sagrada y emblemática de más dioses que uno, una observación que puede extenderse a casi todas las demás naciones que adoraban a la serpiente simbólica. Este es un hecho notable y valioso; y descubre en la Ofiolatría otro rasgo de su carácter aborigen. Porque demuestra que la serpiente ha sido un símbolo de la divinidad intrínseca, y no un mero representante de propiedades peculiares que pertenecen a algunos dioses, y no a otros.

La serpiente también entró en la religión de los mexicanos como un encanto. Cada vez que una persona estaba enferma, se enviaba un sacerdote inmediatamente, quien después de haber perfumado al paciente, se había afeitado el cabello y colgaba los huesos de serpiente del cuello.

Continuará...

13/8/20

Olmecas (III)

Piedra original del bloque de Cascajal y dibujo epigráfico de los signos.

El hallazgo de un texto Olmeca remonta hasta hace casi 3.000 años la escritura en América. Un bloque de piedra hallado en la cantera de Cascajal, en las tierras comunales de Lomas de Tacamichapa, en Veracruz (México), ha resultado contener un desconocido sistema de escritura olmeca que datado a principios del primer milenio a.C., se ha convertido en el texto escrito más antiguo de América, 400 años anterior a los testimonios que se conocían. Además, esto demuestra sin lugar a dudas, que los olmecas fue la primera gran civilización americana, de la que bebieron mayas y aztecas.

El descubrimiento se produjo al desmontar una zona de la cantera para obtener piedras para pavimentar la carretera. En conexión con el bloque inscrito de piedra serpentina, fueron halladas cerámicas, fragmentos de figuritas de barro y otros materiales rotos. Todos ellos han podido ser datados en la fase más antigua de la cultura olmeca, denominada de San Lorenzo, por el primer gran centro de esa civilización, cerca de Cascajal, entre 1.200 y 900 años a.C.
El bloque de 36 x 21 cms., de 13 cms, de grosor y con un peso de 12 kg., contiene un texto inciso de 62 signos (glifos) 28 distintos, algunos de los cuales se repiten más de cuatro veces. Esa frecuencia y su secuencialidad, según los investigadores, indica que se trata de algún tipo de escritura y señala la probable presencia de sintaxis. Algunas agrupaciones de signos apuntan a que el texto podría contener fórmulas poéticas. Los expertos creen que el texto debe leerse horizontalmente.
Entre los glifos se encuentran algunos que evidentemente tienen un origen icónico, como formas vegetales, el signo de un ojo, un trono, una mazorca de maíz, un pez o un perforador, acordes todos ellos con la imaginería Olmeca. En la inscripción aparece también un insecto u hormiga.

Los investigadores señalan que la posibilidad de descifrar la escritura olmeca es "baja". El fragmento es corto, no consta en él ninguna correlación para explicar los signos y la escasa cantidad de éstos, aunque apuntan a un alfabeto, impide cualquier extrapolación estadística. Habrá que esperar a nuevos hallazgos o a una piedra Rosetta mesoamericana.
La superficie en la que aparece la inscripción había sido trabajada para la incisión del texto y los estudiosos creen que se trataba de un documento que podía ser borrado o revisado.

Anteriormente habían sido hallados otros indicios de escritura olmeca, aunque eran muy controvertidos. En general se consideraban los glifos de la cultura zapoteca hallados en Oaxaca los más antiguos de América. En cuanto al Viejo Mundo, la escritura se había desarrollado más de 3.000 años antes, en Mesopotamia.


12/8/20

Olmecas (II)


El Periodo Formativo comienza en Mesoamérica con el desarrollo de la Cultura Olmeca, a la que se atribuyen ofrendas masivas de arena de diferentes colores, así como las cabezas monumentales de piedra en San Lorenzo Tenochtitlán y Tres Zapotes, ambos sitios al Sur del Estado de Veracruz.
Siglos más tarde los Olmecas tienen un segundo apogeo, centrado en el sitio de La Venta, Tabasco, que resulta simultáneo a los más antiguos estratos de Izapa en Chiapas, y desde donde su influencia cultural irradia hacia el Altiplano central mexicano y hasta los actuales Estados de Morelos y Guerrero.


La estela nº 5 de Izapa es una de las muchas estelas con relieves, que datan aproximadamente del período comprendido entre el año 300 y el 50 a.C.
Este monumento presenta interesantes imágenes iconográficas que confirman algunos de los relatos migratorios transmitidos de generación en generación por los antiguos mesoamericanos. En ella podemos ver un grupo de hombres surcando las olas a bordo de una embarcación.
La investigación realizada por New World Archaeological Foundation, apunta a que este asentamiento ha estado habitado ininterrumpidamente desde el 1.500 a.C.

La estela nº 5 incluye numerosos elementos glíficos comunes a otras piezas preclásicas, entre ellos el jaguar, cascadas de agua, montañas, aves, serpientes y peces además de otros motivos y dragos (Dracaena draco) una especie vegetal típica de las Islas Canarias. En la isla de la Palma, en Garafía, se encuentra la mayor concentración de dragos del archipiélago.
Para los guanches este árbol tenía propiedades mágicas. Su savia, que se transforma en roja en contacto con el aire, se comercializaba debido a sus propiedades medicinales y a su uso en tintes y barnices.

Esta estela aporta además gran cantidad de elementos relacionados con las tradiciones maya y mexicana. Algunos factores e ideas de los que no se ha tratado en profundidad en relación con esta estela son elementos vinculados a la religión Olmeca y las tradiciones migratorias.

La Estela 5 coincide con el Popol Vuh, dice que algunos de los ancestros de los Quiché-Maya llegaron a América por mar.
El Popol Vuh se refiere a los ancestros que llegaron del Este, la región del Golfo de México.
En el Libro del Consejo, se veía: “La Luz que vino del otro lado del mar”, la narración de “Nuestro lugar entre las sombras”, y “El nacimiento de la vida.” (Tedlock, 1992, pág.63).
No sabían a dónde se dirigían. Hicieron esto durante largo tiempo, cuando estaban allá en las praderas: los hombres negros, los hombres blancos, pueblos de muchos rostros, de muchas lenguas, vacilantes, allá en el límite del cielo” (Tedlock, 1992, págs. 149-150).

Las evidencias lingüísticas sugieren que un nuevo grupo humano que hablaba una lengua diferente de la maya llegó a la región del Golfo de México hacia el 1.200 a.C. Morris Swadesh ha presentado pruebas de que, hace por lo menos 3.200 años, un grupo humano que no hablaba lengua maya entre los huastecas y los mayas.

El pueblo Olmeca era llamado Xi, hablaban una lengua de África Occidental, que es la base de numerosas lenguas mexicanas. Se cree que llegaron desde África subsahariana hace más de 3.200 años. Llegaron en barcos, en doce olas migratorias, que se describen en la estela de Izapa nº5. Estos Proto-Olmecas pertenecían a siete clanes que sirvieron de base para las poblaciones Olmecas. Utilizaron una escritura africana en sus monumentos y objetos, lo que demuestra claramente que los africanos fueron una parte predominante de los Olmecas.
Estos construyeron las pirámides y los grandes monumentos esculpidos de toneladas de peso. Los africanos Olmecas estaban conectados a la civilización africana del Valle del Nilo (Dr. Diop, Naciones negras y Cultura, p. 116, Presence Africaine, París, 1955).
Es indiscutible que desde tiempos muy remotos, los mexicanos recuerdan a un dios negro, Ixlilton, de cara negra.

Los descendientes de los Olmecas que vivieron en América en el momento de la llegada de Colón fueron los Wasschitaw Negros del Mississippi, los Mojaves Negros de California y los Jamassee de Georgia.
El Dr. Wiercinski (1.972) apoya esta afirmación con pruebas óseas de varios asentamientos Olmecas donde encontró esqueletos de negros africanos. Esta evidencia esquelética explica el descubrimiento de muchas tribus africanas en México y América Central, donde Colón descubrió América.
(Wiercinski, A.(1972). "Un estudio antropológico sobre el origen de los olmecas'",Swiatowit, 33: 1972, pp 143-174.)


Olmecas (I)

Reconstrucción de Luzia

Evidencias científicas han demostrado que durante la prehistoria, el continente americano estuvo poblado por africanos, que ya estaban en América durante el Neolítico.

El Museo Nacional de Brasil en 1.999 exponía la reconstrucción del cráneo de Luzia, la mujer más antigua de América del Sur. El cráneo de Luzia, de rasgos africanos, es uno de los esqueletos más antiguos encontrado en América, de unos 11.500 años de antigüedad. Cuando se exhibió por primera vez atrajo inmediatamente la atención del público, al ser presentada por científicos brasileños en aquel momento como los restos humanos más antiguos encontrados en el Hemisferio Occidental.
Más tarde se encontró la llamada Eva de Naharon, quien vivió en lo que ahora es la península de Yucatán (México) hace unos 13.600 años.

Algunos investigadores han propuesto que el poblamiento de América se inició varios milenios antes de la glaciación de Wisconsin.
Seguramente Luzia, la mujer más antigua de América del Sur, habría precedido a la cultura Olmeca, y aunque sabemos muy poco de ellos, podemos deducir que antes de la última glaciación, una raza negroide habitaba el sur del continente americano y se cruzó con individuos procedentes de las estepas Siberianas, dando origen a multitud de tribus que poblaron América Central.

Los mayas no fueron los primeros en habitar el Yucatán y las demás regiones cercanas al Golfo de México. Resulta evidente por las tradiciones y los objetos recuperados de numerosos yacimientos arqueológicos mexicanos que una raza diferente vivía en la región antes de que se asentaran en ella los pueblos mayas.

El periodo paleoindio es el más largo de la prehistoria americana, desde el advenimiento de los primeros pueblos asiáticos al cruzar el Puente de Beringia hace entre 20.000 y 40.000 años hasta hace 10.000 años con el desarrollo de la Agricultura en Mesoamérica.
La Cultura Clovis está considerada la más antigua con dataciones de más de 13.000 años (hacia el final de la última glaciación), de acuerdo con esta hipótesis, los amerindios son descendientes de los grupos siberianos que pasaron a América hace 13.500 años, aunque excavaciones más recientes han revelado la existencia de culturas más antiguas Pre-clovis.

El Periodo Arcaico de América comenzó hace aproximadamente 10.000 años (8.000 a.C.) con los inicios del Holoceno cuando terminaron las glaciaciones, y duró hasta el surgimiento de la civilización Olmeca que se calcula hacia el 1.500 a.C. Si observamos las cabezas gigantes de las esculturas Olmecas, sus rasgos africanos no dejan lugar a duda que se trata de individuos de raza negra.
Continuará...