8/4/13

La Manipulación Mediática


A lo largo de la historia son muchas la manipulaciones mediáticas y políticas que han pretendido desviar la atención sobre un asunto en particular que incomoda al gobierno de turno, o propiciar un estado de opinión en la ciudadanía que permita al que mueve los hilos alcanzar el poder, mantenerse en él o simplemente lucrarse.

Un caso particular de las manipulaciones mediáticas lo constituyen las cortinas de humo, una conveniente herramienta de control de masas que desgraciadamente suele prosperar con el auxilio de ciertos medios de comunicación. Muchos medios sufren de presiones constantes por parte del Gobierno y de los anunciantes, y estas presiones acaban dirigiendo su línea editorial. A otros, simplemente, solo les interesa vender periódicos a cualquier precio.

Las manipulaciones en contra de un colectivo de individuos se suelen establecer sembrando previamente un clima de repulsión que llama a los instintos más bajos del ser humano. La deshumanización propagandística de un individuo, basada en mensajes cortos y sencillos que todo el mundo entienda (“privilegiados”, “chantajistas”) consigue que la “masa irracional” pueda cargar contra él sin remordimientos de conciencia, aunque al final sea toda la sociedad la que resulte atacada por aquellos que emplean estas tácticas. En toda manipulación es necesario desacreditar al sujeto de la trama a efectos de minar su credibilidad. El caso mejor estudiado es la persecución de los judíos en la Alemania nazi a través de los 11 principios de la propaganda de Joseph Goebbels:

1.Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

2.Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3.Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. «Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan».

4.Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

5.Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.

6.Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad».

7.Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

8.Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

9.Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

10.Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11.Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», creando una falsa impresión de unanimidad.

Una “teoría conspirativa”, por otra parte, consiste en la explicación de un evento o cadena de eventos ya sucedidos o todavía por suceder (comúnmente políticos, sociales, populares o históricos) a partir de la ocultación de sus verdaderas causas al conocimiento público o a un complot secreto, a menudo engañoso, por parte de un grupo de personas u organizaciones poderosas e influyentes que permanecen en la sombra. Detrás de cada conspiración se esconde un interés, normalmente relacionado con el poder o el dinero, en consonancia con una política totalitaria que desprecia la Democracia.

La teoría de la navaja de Occam dice que, a igualdad de condiciones, la hipótesis más sencilla es la más probable. Si bien una cadena de eventos puede parecer una explicación compleja para una realidad simple, a menudo una vez puesta en contexto una sucesión de eventos permite establecer una relación causal clara que ofrece una explicación sencilla, verosímil y evidente.

Las llamadas “conspiraciones” suelen descubrirse cuando la explicación oficialista empieza a hacer aguas con la revelación de nuevos datos, con las contradicciones y mentiras en que recaen los promotores, las sospechas de personajes de prestigio que acaban por desconfiar o simplemente con el esclarecimiento de la verdad a través de un escándalo. La credibilidad aunada de distintas fuentes de información y la tozudez de los hechos y las pruebas aportan indicios reveladores y la historia acaba poniendo a cada uno en su sitio.

2 comentarios:

  1. Anónimo9/4/13 22:54

    Un artículo muy interesante y desarrollado de manera muy brillante, me gustó mucho.
    Un abrazo.

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    1. Hola Jorge,
      Sí que es bueno, pero desconozco al autor, este escrito me lo envió una amiga, es un extracto sacado de algún libro que no he logrado encontrar. Con mucho gusto, lo comparto con tod@s vosotr@s.
      Saludos

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